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DIRECCION EJECUTIVA: JULIA MONTESORO

Eduardo Crespo estrena «Las delicias» en Amsterdam: «El proyecto surgió desde la intuición, sin una idea previa»

Las delicias es la nueva producción de Eduardo Crespo, que el lunes 22 tuvo su estreno mundial en el Concurso Internacional de la Festival Internacional de Documentales de Amsterdam, certamen que prosigue hasta el domingo 28. 

Se trata de un documental con producción de Santiago José Loza y Eduardo Crespo por Primera Casa y Lorena Moriconi, que pone el eje en un grupo estudiantes de secundaria que encuentran su camino en la vida en el internado agrotécnico Las Delicias, en el campo entrerriano. Las aventuras de los adolescentes hablan por sí solas: el misterio del teléfono perdido, la suerte de un pichón encontrado y el resultado de un concurso para arrastrar una carretilla por el barro. Los pacientes maestros y otros miembros del personal maternal prestan atención durante las luchas diarias con las amistades, las peleas o las dolencias físicas. Cuídense, hagan té, hagan los deberes y todo irá bien. El único recordatorio del hogar viene con la llegada de un nuevo grupo de estudiantes, recibiendo el último gran abrazo de sus padres y secándose una lágrima.

Eduardo Crespo, Lorena Moriconi y Santiago Loza tras el estreno mundial de «Las delicias».

-Como en Nosotros nunca moriremos, que fue presentada mundialmente en San Sebastián, te toca sentir la misma adrenalina con la presentación de Las delicias en Amsterdam. ¿Cuáles son las diferentes sensaciones que atravesás en este tipo de circunstancias?

Trato de tomarlo con paciencia y relajadamente: al ser productor de mis propias películas, tengo que hacer muchas más cosas que los directores que solo dirigen. Conlleva un montón de trabajo y atención. La película es una producción muy pequeña que hice solo, con mi cámara. Luego se fueron sumando amigos y amigas para armarla. ¡Ahora tiene su estreno gigante!

En San Sebastián me pasó lo mismo: presenté una película de una producción muy pequeña en una sección muy grande. Holanda estuvo hasta último momento de cerrarse: hasta los últimos días no sabíamos si podíamos viajar a presentarla. Con San Sebastián fue parecido: la previa fue muy estresante por la pandemia.

Una vez que la película se ve en los cines, todo es más tranquilo y disfrutable. Uno hace lo que puede para llegar lo mejor posible sin estresarse, porque también es un momento de disfrute, de mostrar la película en un lugar increíble, con salas muy grandes llenas de gente.

-¿De qué trata Las delicias?

Es una película que me agarró en un momento con algunas dudas, un poco distanciado de mi idea de hacer cine. Me venía haciendo preguntas acerca de si yo solo era capaz de hacer una película, sabiendo que para hacerla es necesaria la participación de mucha gente. Me interné en un internado de niños en una escuela rural cerca de Crespo, en Entre Ríos, llamada Las Delicias. Me puse a filmar sin tener una idea previa de lo que quería buscar, sino más bien desde la intuición, esperando que la película apareciera en el lugar.

-¿Por qué allí?

El lugar me llamaba la atención desde chico, cuando vivía en Crespo, porque había un cruce entre la inocencia y la picardía: la gente que viene del campo y que sigue trabajando allí siguiendo la tradición cruzados con los chicos de la ciudad, que llegan porque vienen de tener problemas en las escuelas de las ciudades o porque los padres no pueden sostenerlos en las casas. En ese internado pasan el año. Cuando empecé a filmar comencé a responderme esas preguntas. Finalmente entendí que las películas no se hacen solo: después se sumaron Lorena Moriconi -la montajista de Nosotros nunca moriremos-, Andres Perugini –sonido- más otra gente. Terminó como una película muy colectiva: algo de mí cedió en ese intento de probarme y querer hacerlo solo. Entonces entendí que uno debe entregarse y ser permeable a las ideas de los compañeros y compañeras con los que trabaja.

-¿Cuándo entendiste que en ese internado había un motivo para una película?

Me dejé llevar por la intuición, por estar a la búsqueda de lugares y personajes que a uno lo conmueven. Fui varias veces a ese lugar y me encontré con algunos de los personajes que después participaron en el documental. Eso me llevó tres años de filmar. También podía pasar que no sucediera una película: fui con la idea de que si no sucedía todo lo que filmé, me iba a servir en el futuro.

La sala Tuschinski, donde se estrenó «Las delicias».

-¿Cómo se generaron los recursos para filmar durante tres años?

No tuve ningún fondo. La película la financié yo con mis equipos. No necesitaba mucho más que viajar a Crespo y pedirle el auto prestado a mi madre para ir hasta la escuela, y no tener la presión de tener un subsidio o tener una fecha de entrega. Yo venía trabajando con el Colectivo de Cineastas sobre muchas políticas públicas y todo el tiempo se recaía sobre el INCAA. Como ya había filmado por fuera del Instituto, decidí probar filmar yo mismo a ver si lo podía lograr.

Siempre hay que luchar para que existan esos fomentos, pero este proyecto era un intento de correrme. Lo hice mientras esperaba la financiación de Nosotros nunca moriremos. Ahí descubrí a Rodrigo, el chico que actúa en Nosotros nunca moriremos. La intuición de ir a filmar ahí me hizo conocerlo a él, y a partir de ese hecho llegué a Romina Escobar.

-¿Qué complejidades tuviste que afrontar durante el rodaje, teniendo en cuenta que empezaste la producción solo?

Tuve que armarme como si fuera un hombre orquesta con la cámara, el sonido y todo lo demás. También armé un dispositivo para estar activo, porque la escuela funciona las 24 horas. Los chicos en algún momento duermen y yo me iba, pero comía con ellos y compartía los recreos. No me interesaba la parte institucional sino retratar el tiempo libre, cómo los chicos se van formando sin la tutela de los padres o sin adultos. Compartí mucho tiempo hasta que los chicos entraron en confianza con la cámara todo el tiempo. Fue lo más forzoso del rodaje.

-¿Cómo se fue modificando el proyecto a partir de proceso de acercamiento del rodaje y la convivencia?

La película tiene que ver con cómo ellos conviven. Fui encontrando pequeñas escenas del cotidiano de ellos que, rescatando cosas muy sencillas pero que hacían a la idea de cómo van encontrando respuestas a lo que será su vida adulta y fuera de la escuela, cuando vuelvan a sus hogares.

En la escuela había una doctora que una especie de pivot: todos iban a preguntarle cosas. Fue como la madre que ellos no tenían. También había un preceptor que tuvo que interceder por el robo de un teléfono, tuvo grandes charlas sobre la responsabilidad y el futuro. En personajes como ellos fui atando cabos y construyendo la película.

-Tu obra está fuertemente signada por lo local, por Entre Ríos, con producción independiente. ¿Te atrae la posibilidad de hacer una producción de otras características, con otra estructura?

La idea me atrae. Pero en la práctica conlleva trabajo y energía puestos en cosas quizás inútiles a la hora de lo que uno quiere hacer o expresar con las películas. Eso me invita más a seguir por el lado de lo que voy haciendo.

De todas formas estoy con un proyecto diferente: se llama La ruta del viento, la voy a filmar en Italia y es una ficción más grande. Será una coproducción. Ese es el paso que quería dar al moverme de Crespo: estar en un lugar donde no me sienta tan cómodo para probar qué sucede. Igualmente, parte de mi familia vive en Italia.

-Siempre algo conocido cerca tiene que haber…

Creo que sí. Me parece que hay algo que conmueve que es lo cercano, y me interesa explorar por ahí. Tiene que ver con mi obra. Es difícil desprenderse de eso porque sí o porque el mercado esté buscando otra cosa. No hago negocios con las películas, así que siento la libertad de encarar para donde quiera.

-Pero haces trabajar a tu familia (risas).

…Y a algunos amigos y amigas también. La idea de hacer películas más grandes significa que todos quienes ayudan y colaboran, como técnicos o como actores, puedan cobrar y cobrar bien. Eso se consigue haciendo películas más grandes. No tanto en tener ideas más grandilocuentes, sino en tener mayor comodidad y poder filmar mejor lo que uno quiere filmar.

-¿Cuál es el cronograma de La ruta del viento?

Está previsto comenzar a filmar en 2023. La producción es de Pensar con las Manos, con la idea de juntarme con otros directores y productores que hacen lo mismo que yo, y probar cómo funcionan otras estructuras que no tienen que ver con la estructura clásica.

-Mientras tanto, llega el estreno mundial de Las delicias.

La terminé muy pocos días antes de la presentación en IDFA. Nosotros nunca moriremos tuvo un proceso difícil, con cines cerrados. Ahora tengo ganas de probar algo diferente y acompañarla un poco más, poder estar en las funciones. Eso que finalmente te permite disfrutar más.

Julia Montesoro

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