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Tomás de Leone estrena «Un sueño hermoso»: «Saber muy poco sobre Alejandra Podestá me impulsó a hacer la película»

El jueves 9 de abril se estrena en línea Un sueño hermoso, de Tomás de Leone, documental que profundiza en la vida –y la muerte- de Alejandra Podestá, una chica enana que pasó del ostracismo y la discriminación al reconocimiento y la liberación de su cuerpo. Un hecho esencial cambió su vida y seguramente la impulsó a acelerar su final, escrito en la sección de policiales: inesperadamente hasta para ella, fue convocada por María Luisa Bemberg para rodar De eso no se habla, la que sería su última película, como coprotagonista junto a Marcello Mastroianni.

Demasiada fama y exposición marcaron un contraste absoluto con la existencia secreta que mantenía, a partir del ocultamiento que propiciaba su madre.

Esos contrastes guiaron el camino de Tomás de Leone para realizar el documental.

De Leone dialogó con GPS audiovisual acerca de cómo fue creciendo y mutando el proyecto de Un sueño hermoso, y de qué forma también se fue involucrando en otro temas periféricos en el relato, como la impronta de María Luisa Bemberg y el feminismo.

-¿Cómo descubriste a María Luisa Bemberg? ¿Como espectador, como admirador, a partir de su muerte en retrospectivas, o en lecturas sobre su vida?

La conocí indirectamente, porque soy un gran admirador de Lita Stantic, una de las grandes productoras de cine argentino de todos los tiempos. Revisando las películas que había hecho Lita llegué a la obra de María Luisa, aunque no la conocía en detalle. Había visto alguna película: supongo que fue Camila, que era la más exitosa. Y me aboqué a la obra de María Luisa y a verlas en detalle a partir de este documental.

-¿Cuál era el proyecto inicial, una película sobre María Luisa Bemberg o sobre Alejandra Podestá?

Siempre quise hacer un documental sobre Alejandra. Pero la película comienza con María Luisa, porque esos seis minutos iniciales me servían para introducir qué tipo de película había protagonizado Alejandra. Eso le da una dimensión muy distinta a toda su vida, ya que las películas de María Luisa tenían una problemática de género muy fuerte, en la que venía trabajando desde fines de los 70. Contar quién había sido la directora era entroncar bien en qué tipo de película había participado Alejandra. De esa manera, se le aporta un mapa al espectador para entender un montón de cosas que se iban a trabajar en el documental.

-¿Qué elementos (archivos, declaraciones, limitaciones) que aparecieron en el camino modificaron tu propuesta inicial?

Hubo mucho material de archivo que fue apareciendo, que estuvo buenísimo. Por ejemplo, el momento en que María Luisa está en Función privada hablando sobre feminismo. Eso lo encontró alguien que me lo dio generosamente, a partir de una grabación casera (es una colección privada). Ese tipo de archivo fue dimensionando la película. Hasta que no recopilé todos los materiales de archivo no supe si tenía o no una película. Tomé la decisión de que había una película y se podía hacerla interesante, a partir de los materiales encontrados. Y a partir de haber hecho algunas entrevistas y darme cuenta de que había tela para cortar.

-¿En algún momento surgió la posibilidad de ahondar en la investigación de la muerte de Alejandra Podestá?

Cuando uno hace un documental, siempre las posibilidades son infinitas. Es muy difícil encontrar la línea de guion que a uno le interesa, que puede seguir y al mismo tiempo que el propio material te deja. Sobre cada tema podría haber innumerables documentales y podrían ser muy distintos. En este caso, sentí que avanzar en lo que había pasado con Alejandra -el modo violento y triste de su final-, iba a poner la película en un lugar de investigación y se iba a perder de vista otras cuestiones interesantes de su vida, de su psiquis y de los momentos que pasó. El elemento central de la película es el personaje mismo, no tanto la investigación policial de algunas de las cosas que atravesó su vida.

-¿Qué encontraste sobre su vida (y su muerte) que no había salido a la luz antes?

Acerca de su vida, básicamente no había nada antes de este documental. Encontré muy poquitas cosas en google, pero fundamentalmente sobre el modo en que falleció. Se trató del modo más burdo y morboso posible. Y no se sabía más que la película en la que había participado. Justamente fue a partir de esa ausencia de información, de esos baches, que sentí que había un montón de incógnitas que podían responderse. Cuando aparecieron las voces, y fueron apareciendo todos esos giros del relato (no vamos a spoilearlo), eso que Alejandra va haciendo después de la película, y cómo había sido su infancia, y cómo había llegado a la película, me encontré con una carga emocional muy fuerte. A partir de todas esas incógnitas me dieron ganas de hacer la película.

-La película puede ser vista como un alegato feminista, tanto en el archivo de declaraciones de Bemberg como en la forma de vida de Podestá, a contramano de lo que le imponían ciertas convenciones. ¿Era uno de tus propósitos? ¿O surgió a partir de revisitar los archivos?

El propósito no fue hacer un alegato feminista: me interesaba la figura de Alejandra. Sí me parecía que había tenido una vida dura; y al mismo tiempo, una vida donde todas las tensiones de género, y dónde ubicar el deseo, y cómo llevarlo a cabo, y qué hacer con el cuerpo la habían atravesado directamente. Eso me parecía muy interesante, porque además ella no solamente es mujer dentro del cine: además había tenido una infancia muy dura, donde la madre había sido la primera en discriminarla, y antes que eso era una chica enana. Eso le confería una especie de doble vulnerabilidad. Con esa doble vulnerabilidad llegó a lugares muy altos y de muchísima ponderación dentro del cine, y se vinculó con una persona tremendamente lúcida como María Luisa. Sí creo que María Luisa era absolutamente feminista. Y cuando reflexiona, pone en la película un montón de conceptos muy interesantes, sobre todo porque cuando ella los dijo no era tema de agenda.

Un sueño hermoso se estrenó en el último Festival de Mar del Plata. ¿Qué te devolvió el público sobre la película que no habías advertido?

Mar del Plata es un festival que quiero mucho. En 2016 nos dieron el premio a la mejor película de ficción y al mejor actor con El aprendiz. Aunque había realizado algunas proyecciones, no tenía en claro si la película iba a ser como muy triste, ya que tiene momentos de oscuridad, o qué tipo de emoción iba a quedar en el aire para los espectadores. En la proyección, el 90 por ciento de la sala eran mujeres. Quedó como una especie de “emocionalidad dura”. Pero al mismo tiempo la película es delicada en la forma de tratar ciertas cosas. No digo inocente, sino que las atraviesa de un modo delicado. En ese sentido, la recepción fue bastante cálida. Y me di cuenta de que coincidió con mi mirada de lo que fue la vida de Alejandra.

Norberto Chab

Norberto Chab

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