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DIRECCION EJECUTIVA: JULIA MONTESORO

Daniel Gimelberg estrena «Los adoptantes»: «Me gustan las comedias elegantes que cuentan otras cosas sin bajar línea»

El jueves 14 de noviembre se estrena Los adoptantes, de Daniel Gimelberg, comedia que propone una mirada desprejuiciada y amplia sobre dos hombres que se aman, ante las diversas disyuntivas que surgen del vínculo: el casamiento, o la adopción de un bebé (con las complejidades burocráticas que implica).

Los protagonistas son Diego Gentile (Martín, un exitoso conductor televisivo) y Rafael Spregelburd (Leonardo, un productor agropecuario que no conoce sus orígenes familiares porque fue adoptado).

Reconocido director de arte (No sos vos, soy yo; El último Elvis; Gilda, la aun no estrenada El robo del siglo, entre otras), Gimelberg es realizador de Hotel room (1998, codirigida con Cesc Gay) y de Antes (presentada en Bafici en 2010 y estrenada comercialmente tres años más tarde).

Daniel Gimelberg dialogó con GPS audiovisual acerca de Los adoptantes.

-De la idea que tenías con Cesc Gay, al guión que trabajaste con Andi  Nachón, ¿cuánto quedó en la película y de qué modo influyó el paso del tiempo en la historia?

Lo mejor, lo más importante y lo que más quedó en la película de la historia que desarrollamos con Cesc, fue la relación entre Leonardo y Martín, las dispares intenciones que tienen al encarar el proceso de adopción, y los motivos que tienen para hacer lo que hacen. O sea, la fuerza que mueve a los personajes, ni más ni menos. Con ese eje trabajamos el guión con Andi.

-¿La adopción fue desde un comienzo el leitmotiv de la historia o funcionó como disparador para hablar sobre la búsqueda de dos hombres que se aman?

Fue desde el comienzo el leimotiv de la historia. Nació de hecho con Cesc encontrándose en una calle de Barcelona con un amigo / conocido de él, que llevaba junto a su novio un cochecito con un bebé, sin que Cesc siquiera supiera que su amigo / conocido fuera gay. A los pocos días Cesc viajaba a Buenos Aires, y lo que era una nube que le daba vueltas en la cabeza con respecto a ese encuentro, al llegar a Buenos Aires terminó siendo una fuerte idea de que yo dirigiera una historia de amor entre dos hombres que inician el camino de la adopción. Siendo yo, aclaro, tanto gay como adoptado.

-La película aborda sin prejuicios ni solemnidad la representación del amor entre hombres, incluida una escena de sexo de los protagonistas. ¿Cómo trabajaron ese aspecto y el tono que querías darle a la historia?

Hubo dos decisiones primarias que nunca cambiaron desde el concepto de la idea: una primera, si se quiere, política, que es que no hubiera ningún tema ni problema en el hecho de que nuestra pareja estuviera compuesta por dos hombres, siendo eso algo de lo más «normal», y la segunda que es que lo que estábamos contando era inequívocamente una comedia, en la cual ningún gay ni se moría, ni tenía cáncer, ni era un asesino serial.

-¿Diego Gentile y Rafael Spregelburd estuvieron desde un principio? ¿Hubo ajustes en los personajes a partir del trabajo con ambos?

Rafa estuvo desde el principio como el personaje de Leonardo. Tanto que empezamos filmando con él la parte de la película que sucede en un campo, sin saber qué actor representaría a su pareja, mientras él no paraba de hablar de esa pareja. Que nadie en ese momento sabía todavía quién iba a ser. Diego empezó leyendo el guión para otro personaje, el que después haría Radagast, pero en algún lugar de mi cabeza siempre miraba a Diego de reojo pensando que podía ser un muy buen Martín. Y lo fue. El último engranaje en la decisión, fue saber por intermedio de Rafa que él y Diego habían trabajado juntos en otra película, y que se habían llevado muy muy bien. La futura parejita ya se había conocido. El resto fluyó de lo más fácilmente.

-¿Buscaste deliberadamente darle a la narración la estructura de una comedia clásica y estilizada? ¿Por qué?

Siempre me sentí muy afín a esas comedias con un toque de drama de los sesenta a los ochenta. Esas comedias elegantes que contando una historia de amor, también contaban otras cosas sin enarbolar banderas, ni pretender bajar línea ni “dejar mensajes” para hacerlo. Las de Blake Edwards, El Graduado, Tootsie, Annie Hall, siempre fueron buenos ejemplos.

-Hace poco Sony Pictures aquirió los derechos de televisión para toda América Latina. ¿Cómo sigue la carrera internacional de “Los adoptantes” tras el lanzamiento en Argentina?

Lo próximo es el estreno internacional de la película en festivales. Estamos justo en estos días evaluando cómo va a ser ese recorrido.

-¿Estás desarrollando algún proyecto más para cine o televisión?

Todavía nada en papel, pero ya estamos hablando con Andi Nachón sobre un largo o una serie de dos detectives, hombres y gays, que o bien son pareja o bien se conocen resolviendo el caso, que son contratados para resolver un caso en la Patagonia por una rica hacendada aburrida y con serios problemas de mala bebida. En clave de humor negro.

-Al ver la película, ¿qué descubriste sobre vos mismo?

Como hijo adoptado nunca me decidí a buscar mis orígenes biológicos. Siempre estuve muy seguro que mis padres fueron esa pareja valiente y aventurera que decidió adoptarme. Pero siempre a uno le flota esa pregunta en la cabeza: ¿Cómo habrán sido, cómo serán, mis padres biológicos? Sin llegar, en mi caso, a transformarse esa pregunta en una necesidad de saber. Tal vez la necesidad de hacer la película, fue para mí la respuesta que necesitaba.

Julia Montesoro

Julia Montesoro

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