Clara Preve Durrieu protagoniza «Un precio que tenemos que pagar», de Ricardo Preve: «El objetivo del documental fue dar a conocer lo oculto»

Clara Preve Durrieu participa en Un precio que tenemos que pagar, el documental de Ricardo Preve sobre la desaparición y muerte del periodista argentino Ignacio Ezcurra durante la Guerra de Vietnam, como corresponsal de guerra, investigadora y una de las principales conductoras de la película. Su trabajo se integró desde la etapa de investigación, junto al director y a la periodista e investigadora vietnamita Lê Vân, en la reconstrucción de los últimos días de Ezcurra y en la búsqueda de documentos, testimonios y nuevas evidencias sobre las circunstancias de su muerte.

La participación de Preve Durrieu tiene además una dimensión generacional: en 2024, a los 29 años, cubrió durante cuatro meses la guerra en Ucrania, la misma edad que tenía Ezcurra cuando viajó a Vietnam como corresponsal. Esa experiencia como periodista de conflictos armados atraviesa su presencia en el documental y establece un vínculo entre el oficio que ejerció Ezcurra en 1968 y el periodismo de guerra contemporáneo.

En la película, Preve Durrieu aparece frente a cámara por primera vez. Según explicó Ricardo Preve, la idea inicial era que ella trabajara junto a la periodista vietnamita Lê Vân durante la investigación y el rodaje en Vietnam. Finalmente, ante dificultades para incorporar a Lê Vân a determinadas instancias del rodaje, Clara pasó a ocupar un lugar central dentro de la narración. El director señaló que ella estaba habituada a trabajar como corresponsal pero no a actuar frente a una cámara cinematográfica.

Su presencia permite que la investigación sobre Ezcurra no quede limitada a una reconstrucción histórica. Desde su experiencia profesional, la película establece un diálogo entre dos periodistas separados por más de medio siglo, pero vinculados por la cobertura de conflictos y por la decisión de trabajar en territorios donde informar implica asumir riesgos.

Tras su estreno mundial en el Virginia Film Festival y su presentación en la Argentina en la Competencia Internacional del Festival de Mar del Plata, llegará a las salas argentinas el 4 de marzo de 2027.

-¿Cómo llegaste a Un precio que tenemos que pagar y qué fue lo primero que te interesó del proyecto?

Ricardo (Preve) es familiar mío: somos una familia bastante extensa, los Preve. Solo lo conocía de nombre. Un día me contactó para contarme que estaba con este proyecto, esta investigación. Yo sabía un poco de la historia de Ignacio Ezcurra por la carrera que tengo, aunque somos de otra generación. Pero Ricardo, como todo lo que hace, tiene mucha pasión. Y me enganchó en el proyecto inmediatamente. Me atrajo porque con él somos personas que compartimos una misma pasión, que es el periodismo. Y no realmente el periodismo tradicional, sino el de combate, mostrando lo que muchos periodistas -especialmente en Argentina-, no tenemos acceso, para ser los ojos para el mundo de lo que está pasando en los lugares que son más sacrificados. Al ser de distintas generaciones, creo que eso nos conecta siempre con Ignacio. Buscando representar de alguna forma a esta generación de periodistas a través de su historia.

-¿Con qué te encontraste al tener que investigar a Ignacio Ezcurra, pero también a los hechos que rodearon a su muerte, al tener que buscar documentos de más de medio siglo?

Además de que pasó hace muchos años (Ezcurra murió en 1968), una también tiene el desafío de que se trató de la guerra de Vietnam, que es conocida porque se ocultaron muchas cosas. Mucho de lo que estaba pasando en terreno y con eso, también se oculta lo que le ocurre a los periodistas que murieron allí, como en el caso de Ignacio.

Empezamos todo por una foto, que es la que representa la muerte de Ignacio. Es una imagen de un hombre que parece ser Ignacio tirado en una calle de Vietnam. Esta foto se publica en La Nación y a partir de ahí se especula con que el corresponsal que envió La Nación a Vietnam murió. Ni siquiera se entendía quién había sacado la foto. Supuestamente fueron dos periodistas de la agencia Associated Press. Pero después se dijo que fue uno. Lo real es que nunca se pudo saber bien quién fue el autor. También hubo muchas preguntas a partir de la respuesta del gobierno argentino. Entre otras cosas, el cuerpo nunca volvió a la familia. Creo que esas dudas son lo que inicialmente le atrajo a Ricardo y a toda la producción del documental. Hay mucha pregunta, hay mucha duda y vacío sobre la muerte de Ignacio que nunca se respondió y que se mantuvo así porque pasaron muchos años. Quedó así y nadie nunca se lo volvió a preguntar.

-La falta de información fue el punto de partida.

Ese fue el objetivo del documental: empezar a investigar y para saber qué fue lo que pasó. Indagar. Eso nos llevó a Alta Gracia, Córdoba, que es de donde era Ignacio. Y también nos llevó a Vietnam, a recorrer las calles que él había recorrido. Logramos localizar la calle de esa foto. En cierta forma fuimos siguiendo sus pasos.

-¿Qué te interpeló cuando decidiste abordar esta investigación?

Lo que más me sorprendió fue la poca disponibilidad y las pocas ganas, tanto del lado de Vietnam como del argentino -y de algunos medios también-, de entender qué es lo que había pasado con la muerte de Ignacio. Todo fue en tono de secretismo… Yo cubrí guerras y entiendo que hay ciertas cosas que no se pueden comentar. O que uno no puede ir publicando o revelando sin la aprobación del Gobierno. Eso es una especie de acuerdo que tiene el periodista con el Gobierno cuando uno va a cubrir una guerra en ese país. Sin embargo, en la guerra de Vietnam una intención de querer ocultar todo lo que estaba pasando en terreno por parte del Gobierno de Estados Unidos y, según se concluye, también por parte del Gobierno argentino. Eso fue lo que más me sorprendió: lo que costó llegar al fondo de esto y también la poca voluntad de otros actores en ayudar.

-Aparecés en cámara como una protagonista de los hechos. Aparece Ricardo también. ¿Cómo tomaste la propuesta y por qué lo decidiste?

Costó porque por mi formación estoy relacionada con el texto, no suelo aparecer en cámara. Y parte de mi trabajo era mostrar y contar mi experiencia en terreno, algo que te pone en una situación vulnerable; sobre todo teniendo una cámara y un equipo de producción muy grande detrás de esto. Pero creo que a la edad que tengo salto a los desafíos y digo que sí. Y también, porque de alguna forma puedo ayudar a representar un poco la pasión que tenía Ignacio o contar mi perspectiva… Cuando investigaba su muerte y escuchaba más sobre él, hablando con familiares que nos contaban cómo era su cabeza, cómo funcionaba, qué lo apasionaba y qué lo movía a llegar a la profesión que eligió, me vi muy identificada, representada. En el querer descubrir países nuevos, en el querer estar siempre en el lugar de acción y a veces hacer todo para llegar a eso, no importa cómo. Y si de alguna forma yo, por la cabeza que hoy tengo -que se parece a la de Ignacio-, puedo mostrar y contar eso, lo voy a hacer. También ayudó tener un equipo que me hizo sentir muy cómoda.

-¿Cómo fue el proceso de asumir que tenías que ponerte frente a las cámaras?

Me costó bastante. En Vietnam estábamos trabajando durante muchas horas diarias, filmando bajo el sol. Y de repente me veía la cara completamente… Hablaba mucho con la productora sobre esa situación y sobre cómo poder salir de eso. Esto es más grande que yo, que mi persona y de cómo me veo. Tampoco me importaba cuando estaba ahí, porque nuestro foco era completamente distinto.

-Haber participado en este documental, ¿te hizo revisar tu propio quehacer como corresponsal de guerra?

No sé si me lo replanteó; en todo caso, me lo reafirmó. Cuando estaba investigando, escuchando testimonios y viendo con Ricardo imágenes de lo que fue la guerra en Vietnam en el terreno, noté muchas similitudes con lo que hoy se ve en Ucrania. Pasaron muchas décadas y sin embargo, muchas cosas siguen siendo iguales. También te das cuenta de que los países se siguen manejando de formas muy similares y que no logramos aprender de esa guerra, que dejó más de tres millones de vietnamitas muertos. Sin embargo, hoy estamos en una guerra que ya está por llegar a su quinto año.

-¿Te identificaste más con Ignacio Ezcurra a partir de conocer más su historia?

Sí. Al ser argentinos, muchas veces estamos alejados de los conflictos. Pero hablando con familiares de él o leyendo cartas que había escrito, entendiendo un poco más cómo funcionaba su cabeza, me di cuenta de que sí, me siento identificada. Hay algo de él de querer estar ahí, querer ver con tus propios ojos, que va más allá de la vida de uno. Por eso el título es “Un precio que tenemos que pagar”. Esto es algo que pienso mucho y hablo mucho con Ricardo. Cuando vas al terreno sabés que estás poniendo tu vida en riesgo, pero hay algo que va más allá de eso: se trata de poder mostrar lo que mucha gente -en especial en Argentina-, no tiene tanto acceso. Además de que al estar tan alejados del conflicto no se habla tanto del mismo.

–«El precio que tenemos que pagar» refleja este momento que se está viviendo con el periodismo en la Argentina, ¿no?

Sí. El periodismo en el mundo, pero en Argentina en especial, está en un momento muy delicado. Cuando voy a hablar a universidades o a clases siempre digo que no importa el momento en el que alguien te lo diga, si vos tenés pasión por esto vas a poder sobrellevar todos estos obstáculos que tiene la carrera. Seguramente los desafíos en el momento de Ignacio eran distintos a los que tenemos hoy, pero algo que nos representa a la gran mayoría de los periodistas es la pasión que tenemos y las ganas de seguir mostrando a pesar de los obstáculos que se presentan.

-¿Cómo definirías al documental si tuvieras que contárselo a alguien?

Es un documental en el que lo que hacemos es investigar y tratar de determinar qué le pasó a Ignacio Ezcurra. Estamos hablando de un corresponsal de Argentina que fue a la guerra de Vietnam y que desapareció. Luego apareció una foto de él muerto y nunca se puso mucho énfasis o se ahondó en lo que le había ocurrido. Ese fue el objetivo: empezar a hacer esas preguntas que por décadas no se hicieron, ir a los lugares a los que uno tiene que ir para buscar testimonios. Por eso nos fuimos a Alta Gracia. Hablar con los hijos, en tanto los que fueron protagonistas de ese momento en muchos casos murieron. Un trabajo el doble de complicado que si alguien lo hubiese hecho en 1980 ó 1990. Hoy sí hay un desafío extra. Pero también es parte de esas ganas de ir a encontrar. Lo sorprendente fue lo mucho que estaba y que nadie había visto. Documentos que estaban presentes que estaban en lugares insólitos, que nadie había visto y por los que nadie había preguntado.

-¿Algo que te haya llamado la atención en especial?

Encontramos cartas, documentos, cosas que nunca se habían publicado ni habían salido a la luz. Por eso también a lo largo de lo que íbamos encontrando iba cambiando la teoría. Y fue desafiante e interesante porque no había un esquema pautado para el documental de principio a fin, sino que también se fue modificando en base a lo que se encontraba.

-¿Qué pensás que puede ocurrir cuando se conozca Un precio que tenemos que pagar?

En principio, se va a tener más conciencia de lo que fue la vida de Ignacio, de quién fue y qué hizo. En cuanto a cómo manejaron la situación los gobiernos de ese momento, no sé si tengo esperanza de que tomen responsabilidades en algo que pasó hace tanto tiempo, pero creo que se va a dar luz de la cantidad de cosas ocultas que hubo en la guerra de Vietnam y que tocaba más en casa de lo que pensamos. Porque hablás de Vietnam y parece algo muy lejano, y la verdad que el Gobierno argentino estuvo involucrado en especial con el caso de Ignacio, y hay cosas ahí que tocan a ambos países. Yo creo que ver la guerra de Vietnam más cerca va a permitir entender un poco más el conflicto desde este lado.

Julia Montesoro

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