Estreno mundial de «11», de Cláudia y Paula Serra, en Sitges: «Colocar el mal en un personaje infantil abre un debate incómodo»

La 59ª edición de SITGES – Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya acogió el estreno mundial de 11, coproducción entre Argentina, España y Andorra de las cineastas Clàudia Serra y Paula Serra. La película, exhibida el lunes 12 en una Sala Auditori Meliá colmada por 1.350 espectadores y ovacionada por más de 5 minutos ininterrumpidos, es el único título argentino en la Sección Oficial Fantàstic a Competició, la competencia principal.

La historia de 11 transcurre en un refugio de montaña de los Pirineos, donde una tormenta de nieve deja aislados a un grupo de niños exploradores y a sus dos monitores. Cuando hacen el recuento, descubren que hay un niño más de los que habían llegado. Nadie sabe quién es ni cómo entró.

La premisa convierte el encierro en un relato de suspenso psicológico: sin electricidad, agua corriente ni comunicación con el exterior, el grupo debe afrontar la presencia de un desconocido cuyo comportamiento se vuelve cada vez más agresivo. La incertidumbre altera las relaciones entre los chicos y pone en cuestión las reglas de convivencia y los límites de la respuesta frente al peligro. El reparto está encabezado por Mia Sala-Patau, junto con Pablo Scappigliati, Jael Borràs y Matías Zocca. El guion fue escrito por Clara Esteban, Pau Pujol y Andrea Martínez.

El proyecto nació en la Universitat Pompeu Fabra, cuando ambas cursaban la asignatura de narrativa audiovisual, y se convirtió en su trabajo de fin de grado. Ya habían trabajado juntas en el cortometraje Matryoshka. La película, producida por Admirable Films y Mordisco Films, se rodó durante seis semanas en localizaciones valencianas de Moncada, Paterna y Serra, con exteriores en Andorra, en La Rabassa y Naturlàndia, en Sant Julià de Lòria.

Las directoras comenzaron a desarrollar la idea hace seis años, pero el proyecto atravesó interrupciones durante la pandemia y un proceso prolongado para conseguir financiación. La productora Mr. Miyagi Films se sumó a la producción junto con la andorrana Contraban Produccions y la argentina Aramos Cine. En una entrevista con La Vanguardia, Clàudia Serra resumió una de las claves del relato: «Colocar el mal en un personaje infantil nos interesaba porque abre un dilema, un debate incómodo».

Paula Serra reflexionó sobre la experiencia de debutar en la gran pantalla a través del género fantástico: «Como actriz, el terror y la fantasía es lo más divertido. Y puedo decir que como directora también lo he disfrutado. Ojalá siga con más proyectos de esta línea».

La elección del catalán como idioma original también forma parte de la identidad de la película. «Defendemos que haya películas en catalán de todos los géneros», señaló Paula Serra en la misma entrevista. Las realizadoras explicaron que la historia comenzó como un drama y fue derivando hacia el terror a medida que avanzaba la escritura. El rodaje, que se extendió durante cinco semanas, se realizó en escenarios de los Pirineos, con un elenco infantil que ocupa un lugar central en la narración.

En otra conversación con Catalunya Ràdio, las directoras contaron que antes de hacer 11 les costaba ver películas de terror sin taparse los ojos y los oídos. El trabajo en el largometraje las llevó a explorar el género y a reconocer nuevas referencias. Entre ellas mencionaron ¡Huye! y Nosotros, de Jordan Peele. La experiencia de llegar a Sitges con su primera película fue, según expresaron, la concreción de una aspiración: «El hecho de poder estar allí y vivirlo y compartir la experiencia con los espectadores y con los amigos y la familia que venga, eso para nosotras ya es el premio más grande».

La presentación en Sitges marca el comienzo del recorrido internacional de 11, que llegará a las salas españolas el 6 de noviembre. Para las cineastas, el desafío fue sostener una premisa que combina las dificultades de filmar con menores y en condiciones climáticas adversas con una pregunta central: qué ocurre cuando la amenaza no proviene de una criatura sobrenatural, sino de un niño. La película propone ese dilema en un espacio cerrado, donde el aislamiento transforma la convivencia y obliga a los personajes a decidir hasta dónde están dispuestos a llegar.

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