El director y artista visual Javier Olivera regresa al BAFICI después de once años con su nuevo documental, La piel, que exhibirá en la 27ª edición del Festival de Cine Independiente de Buenos Aires en carácter de estreno mundial. La película es una producción española (Olivera está radicado en España) que se exhibirá en el marco de la sección Noches Especiales los días jueves 16 y sábado 18 en la sala Cinépolis Recoleta.

Con producción de Rafael Alvarez y Javier Olivera a través de MGC Marketing Producción y Gestión Cultural SL; El Médano Producciones y Línea de Tiempo SL, La piel es una carta cinematográfica dirigida al hijo del director, con la intención de que la vea dentro de 20 años para comprenderla. Las circunstancias en las que nació y vivió sus primeros cinco años. Una narración desde el presente pero concebida para el futuro; una crónica en forma de diario, compuesta de fragmentos biográficos y reflexivos sobre estos tiempos marcados por una pandemia, el ascenso global de la extrema derecha y el fin del capitalismo. De esto surge la pregunta: ¿Fue justo traerlo a un mundo que promete distopía y desastre ecológico?
La llegada del niño ha impulsado a sus padres artistas a abandonar la ciudad y establecerse en un pequeño pueblo de La Mancha, España, poniendo fin a una una vida nómada e inquieta. Allí, reciben la visita del padre del director y del abuelo del niño, un hombre que una vez fue una sombra (Héctor Olivera, una figura fundamental del cine argentino) pero ahora es un anciano frágil, evocando un pasado glorioso.
El director ahora es padre, pero sigue siendo hijo. La piel es también una película sobre cómo el cine y la vida se entrelazan.
«Por fin sale a la luz esta película íntima que cierra un cuerpo de obra de 15 años, 3 largos + un corto (La sombra, La extraña, La piel y Una habitación en Bangkok). Cine en primera persona que lidia con la memoria, la identidad, los auto exilios y la figura del padre», expresó Olivera en sus redes sociales.
«Una carta en forma de película puede ser muchas cosas, pero a veces alcanza un relumbre especial que la distingue: el director filma un legado para su hijo —para que a esa edad de los veinte reciba el mensaje en forma cabal—, pero a su vez él es hijo también, nada menos que de Héctor Olivera, que además está en la película. De modo que La piel puede ser vista como un mensaje a tres bandas, o cómo los correos pueden concebirse en forma de imágenes, susurrando violentamente, esperando el momento adecuado para su recepción, mascullando una incertidumbre que la obstinada voz en off no termina de despejar. Javier Olivera no las tiene todas consigo, y ese hecho ilumina su película y le otorga una particular nobleza. La piel parece forjada en el deseo de expresar un fatal desconcierto», destacó David Obarrio en el catálogo del BAFICI.
Olivera participó en la primera edición del BAFICI, en 1999, con su ficción El visitante. Y también intervino en 2015 con el documental La sombra, en el que reconstruye fragmentos de su infancia a la sombra de su padre Héctor.
En el reciente Festival de Málaga, Olivera presentó en el área de Industria su proyecto de ficción Mujer jabalí, desarrollado durante los laboratorios de la Fundación SGAE 2025 bajo la tutoría de Celia Rico. Verano, 1980. Sandra, una joven de un pueblo manchego, debe enfrentar los prejuicios y la violencia social para conocer su verdad: ¿es víctima de una maldición que la convierte en jabalí o son sólo habladurías de los vecinos? Por las noches trabaja en un bar sobre la Nacional III en donde un grupo de señoritos planea su apoyo al incipiente golpe de estado. La tensión sexual de los cazadores, la influencia de su abuela curandera y la necesidad de escapar del entorno opresivo, llevarán a Sandra a confrontar la dramática verdad sobre su origen.
Olivera estrenó el viernes 10 su cortometraje Una habitación en Bangkok, en el marco del 44º Festival Cinematográfico Internacional del Uruguay. En el mismo, a través de los fotogramas granulados y efímeros de la película de Super 8, el director revisita un viaje de infancia a Asia, donde el socio de su padre—una figura constante en sus vidas—capturó la narrativa de una familia a través de su lente. Perseguido por una sospecha persistente sobre una noche en un hotel de Bangkok, el director emprende un viaje de recuerdos, lidiando con memorias fragmentadas, energías traumáticas y el poder del olvido.


