Marcelo Subiotto estrena «El bosque de los perros»: «Me gusta sumarme a los proyectos independientes»

El jueves 25 se estrena El bosque de los perros, ópera prima de Gonzalo Zapico, con Lorena Vega, Guillermo Pfening y Marcelo Subiotto en los roles protagónicos.

Se trata de un drama en el que una mujer de 35 años vuelve a su pueblo natal casi dos décadas después de haberse ido, a partir de un episodio fatal que marcaría su destino. En su retorno espera encontrarse con un antiguo amor de la adolescencia. Pero hay un tercer personaje que también vuelve del pasado y obstaculiza cualquier intento de reconciliación, precipitando la tragedia.

El realizador debutante eligió un ámbito semiurbano (la población de Vicente Casares y sus alrededores) y utilizó los recursos de la naturaleza (el bosque como locación recurrente, los colores del otoño) para acentuar la sensación de aislamiento de los protagonistas.

Marcelo Subiotto dialogó con GPS audiovisual acerca de su rol en El bosque de los perros.

-¿Qué te motivó para decidirte a aceptar este papel?

En principio, me gustó el proyecto. Me interesaron tanto el guión como el personaje que tenía que hacer. Además, justo en el momento en que filmamos estábamos trabajando con Lorena Vega, haciendo una versión de Platónov (N.R.: de Anton Chejov) en el San Martín. Me pareció bueno desarrollar ese vinculo.

-Más allá del triángulo amoroso, hay una pulsión de muerte que se manifiesta en el relato desde una edad temprana de los personajes. ¿Cómo se encara un personaje cuando el suspenso está atravesado por la tragedia?

Eso tiene su origen en el universo de los personajes. Tienen muy pocas herramientas como para poder llevar adelante relaciones vinculares un tanto sanas. Como si fueran personajes faltos de metáforas. Todo va en una misma línea, y en esa linealidad el planteo es “tengo esto, y si no lo puedo tener, llegaré hasta las últimas consecuencias”, sin tener más herramientas que esas. Son personajes básicos; sobre todo los hermanos, ya que el de ella de hecho no es del pueblo. Así, les queda como un tema pendiente trágico, para usar un poco tu categoría. Estos tipos se quedaron viviendo en ese pueblo, sin poder desarrollar nada de sus propias vidas, y el reencuentro con algo que en el pasado fue bastante enfermo, tiene que terminar muy mal.

-Son víctimas y prisioneros de un amor tóxico, como diría Stamateas.

Exactamente. Como te digo, esos personajes -sobre todo los hermanos-, que no tienen herramientas ni siquiera para ver ese amor tóxico, lo viven como si fuera la única posibilidad de relación que hay.

-La escena final de violencia física que ejerce tu personaje sobre la mujer es la manera que encuentra para manifestar el vínculo amoroso.

De tan básico, termina siendo en algún punto infantil. No puede con eso y lo toma igual, por capricho o por lo que fuera. Al no tener herramientas para ver la situación un poco más allá de lo que aparentemente es, la historia se va a un lugar muy oscuro.

-¿Qué elementos le aportaste al personaje y al guión? ¿Cómo lo construiste?

El personaje era el que estaba en el guión. Fue lo primero que me llegó. Después, tuvimos charlas con Gonzalo (N.R.: Zapico), en los que aparecieron nuestros puntos de vista acerca de cómo encarar este personaje. Había algo del universo de este personaje básico que me pareció rico para interpretarlo, porque allí aparece un estado latente de violencia y de peligro constante. La más mínima situación que no puede resolver va a generar un estallido. Esa es la forma que propuse para encarar ese personaje, tratando de comprender esa psiquis que me toca encarnar.

-El montaje y la locación también proponen un estado al borde del estallido.

Absolutamente. Hay un laburo estético y narrativo muy bien aprovechado.

-El estreno de El bosque de los perros coincide con Hojas verdes de otoño, otra película en cartelera en la que participás.

Son proyectos muy diferentes. Se juntaron, como pasa en el cine. Hubo un poco más de un año de diferencia entre ambos rodajes, y coincidieron en el estreno. También allí hay un personaje que tiene problemas con el alcohol.

En El bosque… hay un mundo más rústico, más hosco. El alcohol forma parte de su cotidiano, pero no creo que su violencia se desate por un agente endógeno como puede ser el alcohol, sino por algo interno del tipo. No sé si tiene un problema con la bebida, como el personaje de Hojas verdes que es un alcohólico, un tipo que le gusta tomar.

-Ambos son roles dramáticos. ¿Te sentís mas comodo en ese género o es coincidencia?

En cine, en general hice cosas más relacionadas con la comedia. No tengo un tema con los géneros. Además, los colores son muy diferentes. Me siento con la suerte de tener un abanico de posibilidades expresivas en lo actoral, más que con haber quedado en una línea.

-¿Qué elementos tenés en cuenta para decir que sí?

Primero el proyecto: si hay algo para componer, si el personaje tiene algún recorrido. Y también me gustan mucho los proyectos que estén bien desde el director, con un buen equipo de trabajo. Muchas de las producciones en las que he participado son independientes, tienen un trabajo muy a pulmón. Y a mí me gusta sumarme a esos proyectos. Las posibilidades de cine como de autor son las más ricas. Me gusta hablar con el director: cómo está proyectando lo que quiere hacer, cuál es el universo simbólico que va a desarrollar para poder hacerlo. Generalmente te llega el guión, lo leés, y si hay interés se hace una reunión. Ese segundo acercamiento es mucho más importante que el guion. Se cierra mucho más un proyecto con la charla.

-Con el director y el productor.

Sí, porque con este tipo de producciones más chicas conviven esos dos rubros. Por las condiciones que hay actualmente, hay cine porque hay cineastas. No estoy planteando un pensamiento que se cae por sí mismo: obviamente no hay cine si no hay cineastas. Pero con las condiciones de producción que hay, para hacer cine necesitás una raza de cineastas como las que andan dando vueltas por acá, que se ponen todo al hombro y van para adelante.

Norberto Chab

gpsaudio

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