Junco-Midú estrenan «Hojas verdes de otoño»: «Es una historia de amor, de alguien que no se da por vencido»

El jueves 11 se estrena Hojas verdes de otoño, escrita y dirigida por Fabio Junco y Julio Midú, y protagonizada por el debutante Bautista Midú, Mimí Ardú, Marcelo Subiotto, Osvaldo Santoro, Pochi Ducasse, Franco Midú, Carola Arbós, Nélida Franco, Mariano Bertolini y Paula Trucchi.

Junco y Midú impregnan de melancolía y candor una narración agridulce, a veces dramática, del universo preadolescente en un pueblo pequeño. Un conflicto intrafamiliar sin solución posible, el descubrimiento del amor y la tristeza de una muerte cercana, son algunas circunstancias que debe atravesar ese niño, en un aprendizaje no siempre gozoso hacia su madurez.

Hojas verdes de otoño se rodó en la ciudad de Saladillo y el pueblo de Cazón y fue preestrenada en noviembre último en el 15º Festival Nacional de Cine con Vecinos, desarrollado en Saladillo.

Impulsores del concepto del cine con vecinos en la Argentina desde hace más de dos décadas, Fabio Junco y Julio Midú dialogaron con GPS audiovisual.

-La historia que cuentan en Hojas verdes de otoño tuvo una versión en 2004, titulada Lo bueno de los otros, también dirigida por ambos. ¿Qué los motivó a volver sobre aquél relato en una nueva película? ¿Por qué en este momento?

Julio Midú: Lo bueno de los otros es una película que habíamos hecho con vecinos. La realidad es que ahora, que entramos en la industria y estamos produciendo, todo el tiempo estamos con el desafío de “¿y ahora qué hacemos? ¿sobre qué trabajamos?”. En esta búsqueda de ir por algo nuevo, nunca nos detuvimos a pensar en lo que habíamos hecho fuera del sistema, del circuito comercial. Y Lo bueno de los otros, una de las primeras películas que hicimos después de haber entrado a la ENERC a estudiar dirección de cine –porque las demás las habíamos hecho a los ponchazos, sin haber estudiado-, fue el primer guión que trabajamos post-ENERC, y se notaba un salto cualitativo en todo sentido. A su vez, había funcionado muy bien en los lugares donde la exhibimos. A la hora de pensar en un proyecto, nos dijimos: “tenemos un guión que creemos que funciona”. Por un lado, porque es una hermosa historia. Y además, porque es un guión probado, porque funcionó ante quienes lo mostramos. Entonces, si tenemos una pequeña joyita, por qué no llevarlo adelante con otro presupuesto y con actores profesionales. No lo dudamos un solo segundo. Trabajamos con un autor, Mario Pedernera, que nos asesoró e hizo la colaboración autoral en el visionado de lo que fue el primer guión. Hay cambios con respecto a la versión original, pero la esencia es la misma: el amor de un niño por sacar adelante la familia y no repetir él, que se está formando, la historia que vivieron sus padres y que de algún modo, él no quiere volver a vivir con la chica de la que se está enamorando.

Fabio Junco: Me interesó volver porque hay una historia que toca los sentimientos. Y como lo que estuvimos haciendo últimamente eran más historias de intriga o dramas de temas que tenían más que ver con la mujer, como fue en Crisálidas, o con el nazismo como en El último mandado, o la salud como en La insoportable velocidad de las cosas, me gustaba la idea de abordar una historia íntima. Y además, había funcionado muy bien cuando se proyectó en los distintos festivales donde fue invitada por el contexto de hacer cine con vecinos. Al recibir críticas, notábamos que era una historia entrañable, aunque se tratara de una película dramática. Y que si bien era una historia dura, parecía que no lastimaba tanto. Volví sobre esos pasos porque es un tema universal –que era lo que todos nos decían-, y no es una película sobre el alcoholismo, aunque atraviese el tema. Una película que aborde el tema de una adicción -en este caso, el alcoholismo-, siempre tiene vigencia.

-¿Es una remake o una versión aggiornada de la película de 2004?

F.J.: Es una versión mínimamente ajustada, pero es una remake. Una versión casi exacta de la anterior, con mínimos ajustes. Y además es una película que se puede ambientar en los años 40, 50, 60 o 2040.

-¿Cómo la definirían? ¿Es una historia cruzada por el amor y el desamor? ¿Sobre el paso de la niñez a la adolescencia?

J.M.: Claramente es una historia de amor y de desamor. Pero fundamentalmente de amor. Porque la película es la mirada de Dante. Una mirada llena de luz, de esperanza, de amor, de alguien que no se da por vencido. Su familia se está cayendo a pedazos y sin embargo él sigue adelante, apostando al amor, teniendo esperanzas, sintiendo que se puede salvar algo. Y ya ni siquiera pretendiendo la ilusión utópica de papá y mamá juntos. O sea, con una mirada adulta del amor. Es un chico que en un momento dice: “podemos hacer algo para que mamá sea feliz por su lado, y que papá haga su vida por la otra”. O sea, es un nene muy inteligente, que sabe que el amor los puede salvar, y sabe que el amor no es que esa familia esté unida viviendo bajo el mismo techo. Que puede hacer mucho para que todos puedan vivir en paz, en armonía si uno pelea, si lucha, si es sensato. No como están en la actualidad, incomunicados, sin saber qué le pasa al otro, qué siente uno del otro, sin importarle qué será de la vida de las personas que están bajo el mismo techo. Ese es el tema. Es una película que habla del amor y de la incapacidad de los adultos de comunicarse entre ellos.

F.J.: Es una historia cruzada por el amor y el desamor, más que por el tema de la niñez y adolescencia. Para nosotros, la incomunicación es lo que genera amores y desamores. Además está el vínculo entre la niñez y los adultos, un tema universal. Aún hoy, el problema de la incomunicación es el mismo. O el problema se resuelve con amor o no se resuelve y subsiste. 

-¿Cómo fue el proceso de conformación del elenco, integrado por actores reconocidos, un protagonista debutante y –como en todas las producciones de ustedes- vecinos de Saladillo? ¿Realizaron castings? ¿Escriben pensando en un actor o actriz determinada? 

F.J.: Con los vecinos no hicimos castings porque siempre que escribimos un rol, surge rápidamente quién de los que conocemos hace veinte años encaja en alguno de esos roles. Directamente los convocamos para ese rol. En cuanto a los actores profesionales, a Mimí Ardú ya la teníamos en cuenta, porque siempre nos gusta como labura. Para los personajes de los abuelos, Mariano Bertolini (quien actúa en la película y también había estado en nuestra producción anterior, Soldado argentino), nos acercó a Pochi Ducasse y a Osvaldo Santoro. A ambos les encantó el guión y fue muy fácil avanzar con ellos. A Marcelo Subiotto lo vimos en Animal y nos encantó, y además es muy buena persona. Ese componente también es muy importante cuando llevamos a actores o actrices reconocidos a coexistir con los vecinos y vecinas de Saladillo. Es tan importante que sean buenos en su oficio como buenas personas. Por eso se dio un elenco muy interesante y que se relacionó perfectamente con los vecinos.

J.M.: En lo que tiene que ver con Franco y Bautista Midú, lo concreto es que Franco estuvo desde un principio porque él fue David –el hermano de Dante- en la versión que hicimos con los vecinos en 2004. Varios personajes participaron en ambas versiones en el mismo rol. Cuando Franco hizo Lo bueno de los otros, era un vecino común y corriente de Saladillo. Actualmente es un gran actor, que estudió en Buenos Aires, salió de la escuela de Claudio Tolcachir, y ya tiene su escuela de teatro en Saladillo, donde da clases y monta sus obras. Nos pareció que debía volver a hacer el personaje de David. El entendió esta nueva mirada, ya desde otro lado, construyéndolo con otras herramientas. Logró un David increíble, tierno, y con una dureza-coraza que no puede romper casi hasta el final de la película, cuando puede comunicarle a su hermano lo que le pasó viviendo en esa familia.

En cuanto al personaje de Dante, en la búsqueda inicial, sabíamos claramente que no queríamos un niño afectado por las escuelas de teatro, por la televisión, las cámaras. Queríamos una mirada como la que tiene Bautista: un nene que tenga otros tiempos, que no se aferre solamente al texto, ni a mecanizar lo que le pasaba. Bautista es hijo de un hermano mío, yo soy su padrino de confirmación. El año pasado viajé a Saladillo para estar en el momento de la confirmación. Cuando estábamos caminando para entrar al acto, Bautista se quedó mirando la nada, con su mirada perdida en el vacío. Le presté atención a eso, lo miré y le hice una foto sin que se diera cuenta. Se la mandé a Fabio y le dije “mirá cómo está Bautista ahora”. Al instante me respondió “es Dante, preguntále si se anima a hacerlo”. Ahí mismo se lo pregunté. Bautista me miró sorprendido y me dijo “bueno, sí, pruébenme, si ustedes creen que yo puedo ser…”. Hicimos un par de pruebas, trabajamos con el guión. Y conseguimos a ese maravilloso Dante.

-Julio, dado que un hermano y un sobrino tuyo intervienen en la película, ¿cómo resulta la experiencia de dirigir a familiares? ¿En el set es diferente la relación con ellos?

J.M.: Franco es un actor profesional: está a una altura donde espera que el director le haga planteos de dirección que le sirvan para construir el personaje. En cuanto a Bautista, que todavía es un nene y no tiene métodos ni formas de trabajo, si bien lo tomó como un juego fue muy profesional en su actitud. En muy pocas escenas de la película se hicieron varias tomas. Bautista llegaba con la letra sabida, la pasaba una vez para el ensayo de cámara con el actor que le correspondía e inmediatamente tirábamos la toma. Cuando cortábamos, él se iba a jugar. Pero en ningún momento se cansó –cosa que puede pasar-. O si se cansó, no lo hizo notar ni hizo que su personaje cayera. Es lógico y puede pasar que un chico se canse y no quiera seguir actuando. Pero él lo entendió, y aún sin ser un actor profesional, se lo tomó con mucho profesionalismo. Sabía lo que estaba haciendo y se divertía, pero también sabía que tenía una responsabilidad muy grande, el peso de un personaje protagónico. Desde el momento en que leyó el guión por primera vez, él supo que iba a ser así. De hecho, lo leyó tres o cuatro veces entero, antes de empezar con los ensayos.

-Fabio, después de tantos años de trabajo juntos, ¿cómo se distribuyen los roles al encarar una película? ¿Qué pasa cuando los puntos de vista son contrapuestos y cómo lo dirimen?

F. J.: Somos raros trabajando: no sabemos cómo empieza uno y cómo sigue el otro. Generalmente estamos los dos frente o detrás de la cámara haciendo contribuciones a los actores. Por otro lado, antes de cada jornada, nos juntamos a definir cada una de las puestas en escena, los planos y el plan del día. Cuando hay puntos de vista contrapuestos –que suele haber bastante-, siempre tratamos de dirimirlos en privado, fuera del área de rodaje. Cada vez son menos. Y generalmente uno cede. La solución viene por ahí. Salvando las distancias, somos como decían los hermanos Taviani cuando les hacían la misma pregunta y uno decía “no sé, yo estoy en la cámara y a veces viene el otro, hace una tosecita, y me corro y sigue él”. A veces tenemos la sensación de que uno de los dos (o ambos) está a full, pero ninguno abandona. Y a veces solo hay que estar atento, porque los actores o las actrices juegan a dos puntas cuando quieren algo. Se lo piden a Fabio y si él dice “no” se lo piden a Julio (o viceversa), para ver si obtienen un “sí” de algo que desean. Por eso siempre tratamos de hacer juntos las contribuciones, los aportes o las pautas delante de los actores, para que todo sea una sola vez.

Julia Montesoro   

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