Pablo Pérez estrena «El kiosco»: «La película habla de los sueños y el precio que uno paga por cumplirlos»

El jueves 28 se estrena la comedia dramática El kiosco, ópera prima de Pablo Gonzalo Pérez, que se exhibe en las salas Multiplex Belgrano, Atlas Flores, Village (Avellaneda y Mendoza), Showcase (Norte, Haedo, Rosario y Córdoba), Cinemark (Puerto Madero y Tortugas), Hoyts (Quilmes y Moreno) y Cine Gaumont .

Está protagonizada por Pablo Echarri, Roly Serrano, Georgina Barbarossa, Sandra Criolani, Mario Alarcón, Ruben Pérez Borau, Olivia Gukenheimer y el fallecido humorista Martín Rocco. También intervienen José Martínez Suárez y Daniel Burak, aunque no aparecen en los títulos.

Se trata de una comedia con matices agridulces –aunque con un final esperanzador-, que se desarrolla a partir del momento en que Martín (Echarri), harto de su trabajo en una oficina, decide darle un giro a su vida. Su excesiva confianza lo lleva a cometer errores imperdonables. Pero al mismo tiempo, sus principios lo ayudarán a salir de la adversidad.

Director y autor de El kiosco, Pablo Pérez fue entrevistado por GPS audiovisual.

-¿Cuál fue la idea original del proyecto?

La idea original del proyecto me apareció en el año 2001. Un compañero de estudios me contó que había tenido un kiosco y que le iba muy bien, pero que un día le cerraron la calle por unas obras municipales y que de un momento a otro se quedó sin clientela y al borde de la quiebra. El conflicto me pareció poderoso y lo plasmé en un cuento. Diez años después, buscando entre los escritos que tenía archivados lo encontré. Y decidí convertirlo en un guión de largometraje.

-¿Qué diferencias hubo entre la idea inicial y el resultado final? 

Las diferencias son prácticamente absolutas. Cuando escribí ese cuento tenía 26 años y hoy tengo 43. Mi vida es muy diferente y eso sin duda se plasmó en el guión. Lo único que se conserva es ese conflicto, que tanto me impactó.

-¿Cómo se decidió la elección del casting? ¿Pablo Echarri siempre fue la primera elección? ¿Qué lo llevó a él a decidirse a protagonizar este papel?

Parte del casting lo tuve decidido desde siempre.  El personaje de Roly lo pensé para él desde el minuto cero. Ya habíamos trabajado juntos en Lo llevo en la sangre, un corto del colectivo Historias Breves que escribí y dirigí en el año 2004. A Georgina la conocía de Ciega a citas, programa que edité y en donde pude comprobar el nivel actoral que tiene. Me recuerda mucho a China Zorrilla. Y también le puse su cara a su personaje mientras lo iba escribiendo. Igualmente con Rubén Pérez Borau, a quien conozco hace 43 años: es mi padre.

Lo de Pablo fue distinto. Yo no tenía definido un actor para el rol protagónico. Entonces Javier Daulte me lo recomendó: me dijo “es un crack y tiene mucho barrio”. Y recordé que lo había visto en una obra que se llamó The pillow man, y que salí llorando del cine a causa del nivel de su interpretación.  Llegué esa noche a mi casa y empecé a leer el guion y a meter a Pablo en las escenas en mi cabeza. Y en todas entraba bien. Así que decidí convocarlo.

El siempre dice que lo que lo atrapó fue el guión. El guión que llegó al rodaje fue la versión número 19. Realmente trabajé mucho en este cuento. Y me alegra que Pablo lo haya valorado.

-¿El guión fue inflexible desde el primer momento o los actores aportaron su mirada?

No fue inflexible para nada. A mí me gusta que los actores aporten sus ideas, que propongan cosas. Ellos son los que le dan el cuerpo a los personajes, ellos conocen su herramienta. Por supuesto que hay límites: hay que respetar el espíritu del cuento. Pero de ningún modo querría dejar de escuchar propuestas que puedan mejorar la historia.

-¿Cómo se generó la posibilidad de trabajar junto con tu padre? ¿Cómo veías a tu padre como actor antes de emprender tu propio camino como realizador?

La posibilidad surgió hace mucho tiempo, desde que yo estudiaba Imagen y Sonido en la UBA y él actuaba en mis trabajos prácticos. Mi padre es un actor de raza, es muy plástico e incorpora muy bien todas las propuestas. Tiene mucho carisma y una gran presencia.

Además, él fue quien me contagió el amor por el arte. Recuerdo que cuando era adolescente una vez me dijo “todo lo que hagas con pasión siempre te va a salir bien”, una frase que me quedó marcada y en la cual creo profundamente.

-La película recupera el modelo de las comedias costumbristas, barriales y entrañables. Los actores principales (Echarri, Barbarossa, Serrano, Alarcón) encarnan desde su propia fisonomía roles de gente común. ¿Qué relación tenés vos con ese concepto de cine popular? ¿Qué parte autorreferencial o autobiográfica te llevó a ubicarte en ese rango?

Me gusta mucho ese tipo de cine. Lo siento cercano. Creo que es ideal para lograr identificación con los personajes, porque los personajes se parecen a nosotros. Y las historias que viajan en este tipo de cine suelen ser simples y convocantes. 

-¿Qué películas o modelos tomás como referencia de este tipo de cine popular?

El cine de Campanella, el de Taratuto, el de Berlanga. La comedia costumbrista italiana (De Sica) o la cubana (Gutierrez Alea) Películas como La nona o Esperando la carroza.

-Desde la primera escena (una voz en off que habla del aumento del dólar, proféticamente) hay una mirada crítica sobre la coyuntura social. ¿La pensaste como una película política o es coincidencia?

Es una coincidencia que le viene muy bien a la película. Estaba ya en ese cuento que escribí en 2001, ya que la coyuntura era similar. Y aunque considero que todo es política, no tuve la intención de que esta película sea una pancarta. No lo es. Es una comedia que habla sobre la ética, sobre los valores, sobre los sueños y el precio que uno paga por cumplirlos.

-La película es una especie de fábula moral, donde a pesar de sentirse traicionado por un personaje muy significativo de su niñez, el protagonista decide no repetir esa historia. ¿Te identificás con ese idealismo?

Si. Me gusta pensar que se puede ser así. Creo que es muy difícil, creo que a veces no lo logramos. Pero me gusta pensar que se puede ser así. Con mi compañera educamos a nuestros hijos intentando inculcarles ese idealismo porque creemos que es el mejor camino para que consigan ser felices y libres.

-¿Qué cosas viste de la película terminada que no habías comprendido en el guión?

Cuando escribí el guión veía la historia como la de un hombre que se juega por un sueño y le sale mal, y debe recomponer su situación para salvar a su familia, pero no tomaba real dimensión del profundo cambio que esta situación generaba en este hombre. Mariano ya no va a poder nunca volver a ser quien era. Cuando te subís a un sueño el sueño te atraviesa y te querés quedar en él.

-¿Qué respuesta tuviste de quienes vieron la película que no habías advertido?

En relación a las devoluciones que me fue haciendo la gente, hubo dos que me llamaron la atención. Un amigo me habló sobre la relación de Mariano (Pablo) con su suegra (Georgina): estos personajes tienen fricciones todo el tiempo pues la suegra es muy beligerante. Sobre ella, mi amigo me dijo “tiene razón en todo”. Me dejó reflexionando, porque yo nunca lo había pensado así.

Y otra cosa que me llamo la atención fue lo que me marcó otro amigo en relación al personaje de Mariano. Me dijo: “cuando lo vi, con su paquete de empanadas, tan vulnerable, arrastrando los pies al caminar… lo vi a mi viejo”. Ahí tomé conciencia de que la gran mayoría de la gente somos como Mariano. Somos gente que trabaja, que sueña, que se esfuerza por lo que quiere y que a veces necesitamos ayuda. Lo que me dijo mi amigo fue lo más lindo que alguien haya dicho sobre la película.

Norberto Chab

gpsaudio

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