Victoria Chaya Miranda estrena «A oscuras»: «Quería resaltar el odio naturalizado que hay hacia las mujeres»

El jueves 10 de enero se estrena A oscuras, thriller psicológico coral de Victoria Chaya Miranda, en el que expone a una serie de personajes nocturnos débiles y solitarios: una actriz veterana, una joven bailarina, el encargado de un restobar. Arquetipos de la vida nocturna de Buenos Aires, viven imposibilitados de recibir ayuda, desesperados por encontrar un momento de felicidad que solo aparece a través de alguna adicción.

Esther Goris, Guadalupe Docampo, Arturo Bonín, Alberto Ajaka y Francisco Bass están a cargo de los roles protagónicos. La película se exhibe en las salas Showcase Haedo, Norte, Córdoba y Rosario, Village Mendoza y cine Gaumont.

Victoria Chaya Miranda dialogó con GPS audiovisual acerca de su película.

– ¿Cuáles fueron las dificultades que tuviste que abordar para dirigir por el hecho de ser mujer?

Tengo una productora que se llama Inocencia Cero, gestada por mí. Tiene sus aliados: es la gente que trabaja conmigo. Es gente superpotenciadora, nutritiva, creativa. La productora es el resultado de una industria que luego de mi formación y a la hora de empezar a buscar trabajo, me respondió con mucha cosificación. En muchas entrevistas laborales me encontré con situaciones laborales muy invasivas y muy innecesarias.

Son las mismas que atraviesan las mujeres en el mundo: nos quieren pagar menos, nos cosifican, nos tratan como objetos, en ocasiones hay maltrato. Eso mismo me paso a mí. Pero debo confesar que soy una persona con suerte: no pasé situaciones por las que pasaron otras colegas, que son aun mucho más traumáticas. Y tengo la suerte de trabajar siendo mi propia jefa.

Cansada de la desigualdad que hay en esta industria y en el mundo con relación a nosotras, las mujeres, decidí gestar mi productora y hacer el camino más largo y más difícil, que es autogestionarse. Después de hacer los productos que hice -por suerte les fue bastante bien hasta ahora-, encontré gente que me empezó a acompañar y a potenciar las posibilidades que tenían mis productos.

– ¿Cuáles fueron los ejes del libro original que te interesaron para plasmarlo en una película?

Por un lado, son tres historias que hacen una película coral. Venía de realizar “Eso que llaman amor”, una película mía en la que también hay tres historias que se concatenan, con una estructura un poco más enroscada. Esta es más compacta. Me gusta mucho trabajar coralmente. Por otro, me encantó la propuesta de hablar de personajes que viven al revés. Que duermen de día y viven de noche. Me pasó mucho en mi carrera: por participar en rodajes más nocturnos, por estructuras de guión, por hacer plantas hasta la madrugada, por esperar el amanecer porque estás escribiendo en estado de vigilia en la gran ciudad. Lo he vivido mucho. Además, la noche de Buenos Aires me parece mágica. Soy muy porteña, y tengo un enamoramiento sin igual con la ciudad: soy un tango a grandes rasgos y quería hablar de Buenos Aires.

También hubo otras cosas que quería resaltar: la cosificación de la mujer, el cuerpo de la mujer visto como un elemento con vencimiento, el odio naturalizado que hay hacia las mujeres. Estaban en el libro, pero decidí que tenían que tener aun más importancia, que queden en el eje de la acción central.

– ¿Por qué te interesó contar una historia del mundo de la noche, con sus carencias y debilidades?

Porque me parece que en Buenos Aires hay mucha gente que está rodeada de gente, pero completamente sola. Gente que por ahí ve más al vecino, al almacenero, al florista, al cafetero que a su familia. Como sucede en la película, donde hay un cafetero y un taxista que son muy importantes. Me interesó mucho contar este vínculo entre el ser anónimo, débil, sumergido en una adicción, mirado por alguien que no es de su familia pero que le resulta alguien significativo. Hay algo de esa locura que tiene la ciudad de Buenos Aires.

– ¿Cuál es la parte de la historia que podés considerar autorreferencial o que te lleva a lugares tuyos?

Trabajé el punto de vista de los tres personajes que tienen problemas con sustancias: una tiene problemas con el alcohol, otro con la cocaína, la otra consume drogas de diseño. Por suerte no me pasó de ser adicta a sustancias tan peligrosas. Aunque fui muy adicta al tabaco cuando era más joven. Lo pensé como un lugar compulsivo, incontrolable, que además te propone poner una cortina delante de tus vínculos.

Todos los que realizamos una película en algún lugar tenemos que empatizar con el producto. No pongo mi vida personal en la pantalla porque no creo que sea interesante (risas) pero si pongo mi corazón y mis emociones. Por supuesto, eso es autorreferencial. De todas maneras, recibo la base narrativa de Carla Scatarelli para contar.

– Los personajes principales están muy al borde: solitarios, dependientes, nocturnos, individualistas. Cada uno tiene sus propias características y especificidades, y –salvo el cafetero o el taxista- ninguno se permite el amor, la comprensión o la tolerancia. ¿Cómo fue trabajar con cada uno de esos actores para que interpreten roles tan duros y complejos? ¿Cómo fue la preparación, teniendo en cuenta que son personas con quienes no trabajaste antes y debían estar en un estado de entrega absoluto?

Cada actor requiere un tipo de dirección y de trato. Dirijo mucho actores, no solo el cuadro. Me interesa mucho estar cerca de ellos. Con Esther (Goris) charlamos mucho. Había mucha necesidad mutua de mirar lo mismo, de entrar en frecuencia. Es tremendamente profunda y talentosa, con un trabajo de investigación que te conmueve. Arturo (Bonín) tiene mucho feeling con la cámara: los años de oficio se notan. Sobre todo, cuando editás la película. A Guada Docampo ya la conocía: tengo un trabajo muy profundo realizado con ella. Charlamos mucho sobre cuáles eran los límites de cada personaje. Y con Francisco Bass hice un trabajo de dirección de actores muy cercana. Lo presioné bastante, porque tenía que llegar al límite rápidamente. Por suerte se entregó: estaba redispuesto y eso se nota.

– La película es dramática, pero se permite vislumbrar una nueva oportunidad a los personajes.

Lo que la película demuestra en el final es que cuando la oscuridad se hace más profunda, a veces aparece una esperanza. En lo profundo es donde vamos a encontrar la salida a nuestros lugares más oscuros. Creo que demuestra eso.

– Con la película terminada, ¿qué encontraste que no estaba en el guión o en el proyecto original?

Las cosas que tenían que pasar y no estaban, las charlé con Carla. Hicimos un gran trabajo de previa, y pude agregar cosas que no estaban, que me parecían necesarias. Por suerte las pudimos trabajar en consonancia.

Norberto Chab

Tráiler: https://youtu.be/qFCwgJ44qaY

Julia Montesoro

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