Hernán Nóblega, entre el balance del FIC.UBA y el acuerdo con Disney: «El festival se consolidó como un referente de la cultura audiovisual»

Hernán Nóblega es el director ejecutivo del Festival Internacional de Cine de la Universidad de Buenos Aires – FIC.UBA, organizado por FADU y la carrera de Diseño de Imagen y Sonido, cuya cuarta edición finalizó el miércoles 7. Con entrada libre y gratuita, reunió 67 películas de 24 países en cinco competencias y sumó retrospectivas, homenajes, focos, seminarios y encuentros profesionales en cinco sedes porteñas.

La programación articuló el cine argentino con la producción internacional y reforzó el vínculo entre la universidad y el sector audiovisual. Entre los reconocimientos estuvieron los Doctorados Honoris Causa para Lita Stantic y Félix “Chango” Monti, además del homenaje a Lucas Vignale. Uno de los resultados institucionales de mayor proyección fue el acuerdo con Disney, que estableció la Beca FIC.UBA-Disney, con diez aportes de 10 millones de pesos para proyectos finales de estudiantes de Diseño de Imagen y Sonido de la FADU-UBA, junto con tutorías, formación y herramientas vinculadas con la producción, posproducción y distribución.

-¿Cuál es el balance que hacés de esta cuarta edición del FIC.UBA? Me refiero a los números de convocatoria, de participación de la industria, de repercusión de las películas y de la respuesta del público, que también fue muy buena.

Son muchos microbalances. Me gusta pensarlo de esa manera porque sucedieron muchas cosas en diferentes momentos del festival. Pero en general al final del recorrido te queda un sabor en la boca maravilloso por haber vivido esta rareza donde convivieron grandes autores, grandes obras, autores nuevos con grandes obras, miradas absolutamente nuevas. Es un festival internacional, pero que está con la base dentro de la Universidad de Buenos Aires y de la carrera de Diseño de Imagen y Sonido, ya que surge desde ahí. Yo como egresado, exestudiante, graduado, docente y director del festival, puedo decir que es una gran vidriera, una gran oportunidad. Que este año ha tenido la particularidad de poder reforzar especialmente la línea de acompañamiento de los nuevos valores; los valores que se forman en la universidad pública y que empiezan a darse a conocer. Para eso este año incorporamos una nueva competencia que no teníamos: la de cortometrajes de graduados de la carrera de Diseño de Imagen y Sonido. Muchos graduados no han hecho un largo, pero sí han hecho muy buenos cortometrajes y han tenido este año la oportunidad de poder mostrarlos en una nueva competencia.

Otro de los puntos fuertes que me gusta destacar porque fue muy relevante, es haber podido entregar el mayor reconocimiento que la Universidad de Buenos Aires tiene y entrega, que es el doctorado Honoris Causa, a dos próceres de nuestra industria, de nuestra historia: a Lita Stantic y Félix “Chango” Monti. Quienes además de haber estado y habernos emocionado a todo el auditorio colmado en la ceremonia de apertura, también tuvieron su tiempo para una clase magistral que dieron en conjunto en uno de los espacios más grandes de la Facultad de Arquitectura, donde quedó gente afuera. Fue maravilloso poder escuchar en primera persona la historia del cine, contando sus historias y compartiéndolas con un universo magnífico de futuros cineastas que se están formando, además del público en general. Haber tenido la oportunidad y la posibilidad de homenajear a estas grandes figuras -que tan merecido lo tienen y que están recibiendo actualmente otro tipo de reconocimientos en todos los ámbitos-, que la Universidad de Buenos Aires haya tenido el espacio para hacerlo, es muy valioso.

Otro eje importante fue la sección Panorama, donde se pudieron descubrir las películas quizás menos visionadas de Yasujiro Ozu, dentro de un ciclo especial que hubo en conjunto con la embajada de Japón, conmemorando los 140 años del inicio de la migración japonesa a la Argentina. Como parte de esa celebración se organizó este hermoso ciclo de estas películas restauradas. Y fue también maravilloso porque el público acompañó estas proyecciones que en algunos casos eran a las 13, 13.30 hs; en el Cosmos, que tiene 160 lugares, ibas a la proyección y estaba prácticamente lleno. Eran películas de las décadas del 50 y del 60 del gran maestro japonés. Fue un placer poder ver cómo el festival muestra lo emergente, lo nuevo. Otro de los grandes hallazgos de la programación fue la muestra de las películas de los Léos Carax, que convocaron muchísimo. ¡Nos quedaron chicas las salas!

-Se advierte eso en las cifras de asistencia: más de 40 mil espectadores.

Somos un festival con entrada libre y gratuita y eso para nosotros es muy importante, porque es un festival internacional pero se hace desde la universidad pública y gratuita. Es muy bueno que la gente pueda ir al cine y que vea grandes películas sin tener que desembolsar una entrada. Eso también hizo que las salas exploten.

Hubo más de 40 mil espectadores en las proyecciones y a eso hay que sumarle la gente que quedó afuera porque las entradas se retiraban media hora antes. Hubo gente que veía filas que daban la vuelta y sabía que no iban a entrar, pero se quedaban igual para tratar de ingresar. El que no entraba a una proyección se quedaba para la otra.

En términos de público sentimos que este fue un año de consolidación. El festival se consolidó como un referente de la cultura audiovisual y el público lo avala, lo apoya, lo acompaña.

-Al observar la selección de las distintas competencias, ¿qué preocupaciones, conflictos o búsquedas estéticas aparecieron con mayor fuerza en esta edición?

Fue muy variado, pero había un componente social muy importante en todas las historias, dentro de lo que se contaba y cómo se contaba. En la competencia internacional, el Gran Premio del festival lo ganó una película francesa, Shana, que se había estrenado en la Quincena de Cineastas del Festival de Cannes de este año. Es una comedia dramática muy mágica que cuenta la historia de Shana, una joven cercana a los 30 años en los suburbios de París que enfrenta problemas personales y familiares y tiene una expareja que es delincuente.

En las competencias que tuvieron más que ver con el universo universitario sucedió lo mismo. En los cortometrajes de graduados, con mucha diversidad de miradas, con diversidad de todo tipo; en los largometrajes de graduados pudimos ver documentales de corte social. Como López, el hombre que desapareció dos veces, la historia de Julio López dirigida por Jorge Leandro Colás, que nos refresca la memoria y nos muestra una realidad reciente de nuestra historia contemporánea. O Plata o mierda de Toia Bonino, que muestra una realidad carcelaria desde el punto de vista de una persona privada de su libertad con una crudeza y un realismo que yo no había visto antes. Películas de ficción que también hablan de lo social y del componente social, de cómo somos los argentinos y cómo nos comportamos ante diferentes situaciones. En esa línea también se presentó Los caminantes de la calle, de Juan Martín Hsu.

También hay graduados como Juli Tagle, que presentó Machado, una ópera prima maravillosa que se exhibió en una de las secciones de proyecciones especiales y que conmovió a todo el auditorio porque se narra una historia en primera persona con realismo y crudeza.

Fue un festival donde se mostraron películas que hablan de la realidad social abordándola desde todos los ángulos: desde lo histórico, la memoria y la cruda realidad.

-Uno de los desafíos del festival es conectar la formación universitaria con el ejercicio profesional. ¿Qué dificultades encuentran los estudiantes de cine para dar sus primeros pasos en la industria? ¿Y qué papel puede desempeñar el FIC.UBA para reducir esa distancia?

El mayor problema que nosotros consideramos que tienen los estudiantes es conseguir financiamiento para sus proyectos. Un estudiante promedio que cursa la carrera necesariamente genera gastos. Porque si bien es una carrera que tiene mucha teoría, también tiene mucha práctica y la práctica genera gastos: los cortometrajes, los ejercicios, los trabajos prácticos son caros para quien no tiene equipos y debe alquilarlos. Y en particular, los estudiantes del último año de la carrera, que realizan el trabajo práctico final (considerado como tesis, si bien no lo es), tiene un costo extra. Es un trabajo donde uno apuesta a hacer lo mejor. Claramente quieren poner en práctica lo que aprendieron durante los cuatro o cinco años de cursada. Ahí es cuando juegan más seriamente con los recursos técnicos. Y eso encarece el proyecto.

La universidad -el festival sobre todo-, lo detectó como una problemática e intentó siempre desde sus orígenes poder aportar algo para ese financiamiento.

-En esa dirección, el convenio con Disney constituye uno de los anuncios más relevantes de esta edición. ¿Cómo se gestó la negociación y cuáles fueron los objetivos compartidos que permitieron concretarla?

Este año concretamos el acuerdo entre The Walt Disney Company y el Festival Internacional de Cine de la Universidad de Buenos Aires, en el cual hemos conseguido financiamiento para diez trabajos finales del último año de la carrera de Diseño de Imagen y Sonido. Para que cada uno de estos diez proyectos que tuvieron que pitchear y presentaron sus historias frente a un jurado importante y de renombre se lleve diez millones de pesos cada uno.

Creemos que eso impulsa muchísimo al talento, porque con ese dinero seguramente van a poder hacer una obra mucho más completa, administrándolo bien y haciéndolo rendir. Lo importante es que puedan llevar adelante y desarrollar sus proyectos a través de este acuerdo. Y queremos seguir profundizando y trabajando en ese sentido: además del aporte de la «Beca Disney FIC.UBA», como denominamos a los proyectos finales, también habíamos hecho otro acuerdo con la misma empresa. El año pasado habíamos iniciado un laboratorio de ideas donde quedaron seleccionadas 10 propuestas. Lo llamamos el FIC.UBA Lab. Desde este año es el FIC.UBA Lab Disney. También ahí Disney acompañó este proceso final aportando 70 millones de pesos para diez proyectos. Los dos ganadores se llevaron diez millones de pesos cada uno y los otros ocho se llevaron 6.250.000 pesos.

-Es una iniciativa del festival que tiene una relevancia histórica.

Gracias al festival, veinte proyectos de la universidad, de los estudiantes, han logrado financiamiento, cosa que no había sucedido en los más de 30 años de historia que tiene nuestra carrera. Esas son las cosas valiosísimas que el festival le puede aportar a una carrera tan importante que tiene más de cinco mil estudiantes que cursan en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo, que es gratuita. Y que a través de estos acuerdos pueden acceder a un principio de financiamiento.

Julia Montesoro

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