En el recientemente finalizado BAFICI -el Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente-, los realizadores, guionistas y productores Juan Villegas y Mariana Erijimovich presentaron dos documentales: juntos, Jota Urondo, un cocinero impertinente y Villegas solo, No matar.
Estrenada mundialmente en la sección Culinary Zinema del Festival de San Sebastián, Jota Urondo, un cocinero impertinente, tuvo su première americana en el BAFICI y se estrenará comercialmente en salas el sábado 9 de mayo. El documental se propone como «un viaje sensorial por el Urondo Bar que desafía a la industria y celebra el placer de lo auténtico. Javier Urondo no es solo un chef, es un anfitrión que entiende la cocina como un reservorio cultural, donde cada plato se convierte en el eco de un legado familiar marcado por la memoria».
Simultáneamente, Villegas estrenó mundialmente No matar, un ensayo de memoria crítica sobre la violencia revolucionaria en la Argentina de los años 70.

–Jota Urondo tuvo su premiere mundial en Culinary Zinema del Festival de San Sebastián. Allí estuvimos en septiembre último. ¿Lo pueden ver hoy como un “documental gastronómico”?
Villegas: La recepción y la devolución del público argentino es muy distinta en el propio país. Gente cercana a Javier -que conoce el restaurante y lo conocen a él-, nos decía en la proyección que captamos muy bien al personaje, al espacio, al Urondo Bar. Y a la vez nos hicieron ver cosas que no son tan obvias cuando uno está incluso cerca de él. Pero también en gente que no conoce el lugar o no conoce a Javier, capta otras particularidades y detalles que el público de afuera no.
Erijimovich: Puede ser que el público local capte una atmósfera, un barrio. Reconoce ciertas cosas que tienen que ver con ese lugar. La gente de afuera se lo pierde y su manera de conocerlo es a través de la película.
-¿Qué desafíos encierra rodar en una locación única o un ambiente cerrado?
Villegas: Muchísimos. Está buena la pregunta porque es cierto que él sale dos veces, pero son salidas esporádicas y vuelve al lugar. Y muy claramente el espacio y el personaje están unidos fuertemente. Javier hoy es ese bar, él encontró un lugar en el mundo ahí y la película tenía que transcurrir sobre todo en ese espacio. Un desafío desde lo puramente cinematográfico era encontrar al mismo tiempo la forma de contar la rutina, porque nos interesaba contarla. Un restaurante tiene una rutina: hay cosas que se repiten todos los días. Eso está narrado, por ejemplo, en las aperturas y cierres de las persianas, que además son muy particulares porque son artesanales, son persianas pesadas y grandes. Lo que nos entusiasmó como desafío encontrar la diversidad en la rutina. En un mismo lugar, en ese mismo espacio, encontrar encuadres nuevos, formas de ver el espacio y las acciones distintas. Y al mismo tiempo estar contando la rutina.
Erijimovich: Es un reto contar una rutina y una repetición y un tiempo que no es el rush de los tres segundos por imagen que te plantea el documental mainstream de plataforma.
Villegas: De hecho, en ese momento pensamos en Perfect days, la película de Wim Wenders que aunque no es un documental, está centrada en un personaje que tiene una rutina. en ese momento, hasta la habíamos visto en esa época, aunque no es un documental. Y que está muy bien contada, porque ese personaje todos los días hace lo mismo, pero al mismo tiempo siempre hay algún detalle que lo cuenta distinto. Hasta que en un momento pasa algo importante. Aunque no es exactamente la misma estética, nos sirvió como una referencia narrativa de cómo narrar ese espacio y el tiempo.
Erijimovich: La clave fue cómo narrar la repetición sin caer en el aburrimiento.
-Claro. Descubriendo esos nuevos matices que seguramente Javier los tiene también. Aunque haga todos los días lo mismo.
Erijimovich: Totalmente, nunca lo hace igual.
Villegas: Porque además él defiende esa idea de que no hay un pedazo de carne igual a otro, no hay un trozo de pescado igual a otro. El está en contra ideológicamente de esa idea de la cocina en serie, donde todo tiene que ser exactamente igual a sí mismo. Nosotros también estamos en contra de que el cine sea construido en serie: cada película y cada plano tiene su particularidad. No tiene que ser una imitación ni ser el resultado de algo serializado. Al estar en contra de esa idea, en ese sentido sentíamos una afinidad muy fuerte con lo que veíamos de él en la cocina.
-Que lo descubrieron además, supongo que yendo a verlo previamente, observándolo.
Erijimovich: Observándolo mucho. Pero también mucho durante el rodaje. Nosotros en la previa lo que hicimos bastante fue ir a charlar con él después de que terminaba de trabajar.
Villegas: A veces íbamos a comer y lo mirábamos.
Erijimovich: Porque nos fascina. Entonces íbamos, observábamos a la gente, veíamos de él cómo se maneja y qué hace. En realidad, lo suyo es como hacer magia.
-En aquella charla que sostuvimos en San Sebastián nos contaron sobre el proyecto de una serie gastronómica con personajes tipo Javier. ¿Todavía está vigente?
Villegas: Estuvimos avanzando. Mariana presentó a una convocatoria de la Ciudad que se llamaba Desarrollo Audiovisual y ganó como desarrollo de serie con un proyecto. En principio se llamará “Paladar Buenos Aires”. Consiste es encontrar espacios y personas que crean de una forma particular, original y creativa en Buenos Aires. Es una idea que nació de Mariana y que estamos desarrollando juntos.
Mucha gente se va sumando y entusiasmando. Creemos que hay todavía poco contenido y producciones audiovisuales vinculadas a la gastronomía en Argentina y está en un momento de auge el mundo de la gastronomía.
Erijimovich: También lo presentamos al INCAA.
-Los contenidos vinculados a la gastronomía no son tan frecuentes. ¿A ustedes por qué les interesa particularmente?
Erijimovich: A mí me llama la atención desde la fascinación de ver de cero algo que después a veces es muy visual, lindo y además delicioso. A veces es solo lindo y a veces es delicioso y por ahí no tan lindo. Pero no solo es interesante ver el proceso desde la nada hasta que se hace, sino la cuestión social que viene detrás. Porque la producción de esa materia prima es pueblos, personas, cultura. La comida no es solo comer rico: hay un montón de familias detrás, un montón de tradición detrás. ¿Cómo se hacen las cosas? ¿Cómo se cosecha? ¿De dónde se sacan? ¿Se compra acá o en otro país?
-En el caso de Jota Urondo, ustedes tienen un personaje delicioso, valga la alegoría. ¿Necesariamente debe haber un personaje que centralice la historia?
Erijimovich: Para mí sí. No sé si tan personaje como Javier, porque la serie está planteada con un interlocutor. En el caso de él ni siquiera nosotros estábamos ahí, sino detrás. En la serie se plantea que haya un entrevistador, un interlocutor que sepa mucho de gastronomía, que le interese mucho y que vaya armando. Pero si no hay una persona deliciosa…no hay historia.
–Junto a Jota Urondo en el BAFICI se estrenó otro documental, que recupera la tradición del documental político: No matar, solo de Juan. Se trata de un ensayo de memoria crítica sobre la violencia revolucionaria en la Argentina de los años 70. ¿Cuál es la génesis del proyecto?
Villegas: El tema me apasiona. Y en general la historia argentina, sobre todo la del siglo XX. Siempre me gustó leer sobre historia argentina, investigar, ver documentales. La década del 70 es muy rica. Y nos sigue obsesionando y e interesando. Mucha gente a veces se pregunta: ¿por qué se vuelve a los 70? Se vuelve porque es una década que nos marcó mucho a todos, incluso a los que todavía éramos muy chicos en esa época y dejó marcas en muchas generaciones. Si seguimos hablando y generando debates y discusiones es porque todavía hay cosas que hay que seguir hablando. Por eso la película termina con esa canción que canta Suma Paz de «le tengo rabia al silencio». El silencio a veces puede ser algo que nos detiene, que no nos permite construir. Y se debe seguir recordando para entender qué pasó, y recordar el dolor y las tragedias para que no vuelvan a suceder.
Sentí que en esa memoria, sobre todo en el cine, la violencia armada no se había contado tanto. Había una incomodidad en narrar esos temas y dije: «Bueno, soy un director de cine, me interesa ese tema y me desafía hacer una película sobre algo que no se contó tanto». Y elegí un foco, un punto que no es exhaustivo.
-¿En qué sentido?
Villegas: Entiendo que la película no abarca todas las voces, todos los puntos de vista, porque eso sería infinito. Por eso estoy totalmente en desacuerdo con esa idea de contar la «historia completa» o la «memoria completa», porque nunca se va a completar. No se trata de contar una parte de la historia para contraponer otra. Yo no estoy sumando nicontraponiendo. Yo quiero sumar memoria, puntos de vista e invitar a que se sigan ofreciendo otras.
Por eso me parece interesante lo que planteás vos de que la película se inscribe en una tradición en Argentina que es rica en cuanto al documental político.
-Poco transitada en los últimos años.
Villegas: Puede ser que haya sido un poco abandonado. Me interesaría no solo sobre el pasado, que también haya documentales políticos sobre el presente. El cine siempre tiene la posibilidad de ofrecer una verdad distinta. Entiendo que hoy la producción audiovisual puede abarcar distintas formas de comunicar, pero el cine tiene una fuerza y una posibilidad de ofrecer una verdad más compleja. Y siempre que uno hace una película sobre el pasado también está haciendo una película sobre el presente.
Es interesante tu reflexión sobre (Luis) Brandoni y (Luis) Puenzo, que más allá de ser dos personas con una trayectoria impresionante y muy destacada en el cine argentino, son dos personas que están vinculadas fuertemente por su actividad y por sus convicciones en la democracia, más allá de que tuvieran puntos de vista totalmente distintos. En ese sentido me interesa enmarcarme en esa tradición. No matar es una película que busca volver a insistir en el valor de la Democracia, del diálogo, del disenso, pero también del consenso entre personas que piensan diferente, en que la violencia no es el camino. Nunca va a ser el camino.
-No matar, entre otras cosas, privilegia la palabra. En un tiempo donde la palabra no es muy favorecida por cierto canon que piensa en términos de estímulos audiovisuales.
Villegas: Sí, pero hay narrativa porque los personajes cuentan muchas historias. Hay una historia larga, hay una cronología. La película busca una cronología de la historia del país y hay historias muy potentes -creo yo-, que cuenta cada uno, porque todos hablan. No son gente que cuenta en tercera persona lo que estudiaron o leyeron, sino que cuentan su propia historia. Pero estoy de acuerdo en darle un valor a la palabra. Para mí es eso muy rico, muy estimulante. Yo soy fanático del género de entrevista televisiva y de radio también, aunque no tenga imagen. Desde chico era un apasionado de los programas de Hugo Guerrero Martinheitz o el programa español A fondo (NR. Conducido por Joaquín Soler Serrano) con esas entrevistas. Es algo que me apasiona ver gente contando sus historias, narrando. Podía quedarme horas mirando eso. Tal vez algo de eso me quedó dando vueltas por ahí.
-En el caso de No matar es una elección, porque de hecho vos prácticamente desapareciste del relato. Por ahí se escucha una voz o alguno de los entrevistados dice: «Juan, tal cosa». Pero esa fue una decisión.
Villegas: Sí. Las dos cosas. Incluso dejar pequeñas huellas y que cada tanto me nombren fue también una decisión para que el espectador se acuerde que está Juan, el director, ahí detrás de cámara. Que los personajes miren casi al eje de cámara frontalmente es una forma también de marcar que el que está escuchando, el que está preguntando y el que está interesado con lo que dicen esos personajes, también es un punto de vista que es el mío, el del director que está ahí atrás. Pero me interesaba ponerme a un costado en ese sentido. Obviamente yo intervengo, básicamente a través del montaje, de los fragmentos que selecciono y de cómo los intercalo, siempre respetando lo que dice cada uno, nunca tergiversando ni haciendo ningún tipo de manipulación de lo que dicen, pero sí poniéndolos en un contexto en relación a las otras voces y sumando sentidos y creando sentidos en esa suma de relatos.
-¿Cómo fue el trabajo de montaje? Son largas entrevistas, no solo por la duración de la película, sino por cómo se desarrollan y se van encadenando.
Villegas: Fue un tiempo largo, pero no continuado. Trabajaba mucho tiempo solo, escuchando las entrevistas y marcando el timecode exactode qué hablaban en cada fragmento. Haciendo una planilla muy exhaustiva de lo que hablan en cada momento. Iba haciendo otra columna en la que ponía los temas de los que se hablaban, incluso a qué época se referían. Fui armando una especie de planilla que me inventé yo de todos los entrevistados, y con eso pude ir armando un orden. Después se sumó el montajista, Miguel Zuviría, que hizo un trabajo muy bueno. A partir de esa primera selección y primer orden que yo hice fuimos afinándolo. Me fue proponiendo cambios, sobre todo para encontrar el ritmo y el lugar justo del corte. Estoy muy contento con el trabajo de montaje: requirió mucho trabajo y mucha elaboración para que fluya. Cuando uno puede recurrir a archivos es un poco más fácil recortar las frases y acomodarlas para poder editar y que fluya más fácilmente el relato. Pero tenía que pasar de un personaje al otro sin intervenir un archivo en el medio. Es un poco más complejo.
Había hecho bastantes entrevistas por mi trabajo como periodista y crítico en la época de “El Amante” y en otros medios. Siempre me gustó mucho hacer entrevistas y después desgrabarlas, recrearlas por escrito y tratar de ser fiel a lo que se habló, al mismo tiempo que había que editarlo. Cuando editaba la película lo recordé y entendí que tenía que ver con aquel trabajo.
Julia Montesoro


