La productora Roberta Sánchez, tras su paso por Iberseries & Platino Industria: «Nuestras historias todavía pueden conectar con el mundo»

La participación de la productora argentina Roberta Sánchez en el 6º Iberseries & Platino Industria, se inscribe en un espacio de trabajo orientado a fortalecer los vínculos entre las industrias audiovisuales de Europa y América Latina. Celebrado en Madrid entre el 28 de septiembre y el 2 de octubre, el encuentro convocó a productores, realizadores, plataformas, canales, distribuidores, instituciones y agentes de financiación con el objetivo de impulsar proyectos, explorar oportunidades de coproducción y favorecer la circulación internacional de contenidos.

A través de las reuniones de producción mantenidas durante los cuatro días, Sánchez, directora de la casa productora 16:9 Cine, tuvo la oportunidad de presentar su más reciente estreno, Pensamiento lateral; establecer contactos con potenciales socios y conocer de primera mano las perspectivas de un mercado en transformación.

En un contexto en el que la búsqueda de financiación, las alianzas internacionales y el acceso a nuevas ventanas de exhibición ocupan un lugar central en el desarrollo de proyectos audiovisuales, la productora repasó su experiencia en Madrid

-¿Con qué proyectos y objetivos llegaste a Iberseries & Platino Industria y qué tipo de vínculos buscaste en esta edición?

Llegamos con tres proyectos en desarrollo: una serie de ficción en la que venimos trabajando desde hace un año, una serie documental y un largometraje. Los tres están pensados desde su origen para la coproducción internacional. Son propuestas que nacen de historias, paisajes y expresiones culturales de distintas regiones de la Argentina, especialmente del norte y del litoral. Nos interesa que esa identidad tenga una proyección internacional, y buscamos socios coproductores con quienes desarrollar los proyectos y construir su financiación. En el contexto actual, financiar desde Argentina es muy difícil, por eso estas alianzas son fundamentales para poder concretarlos.

–Después de la experiencia de Pensamiento lateral, ¿qué necesidades de producción, financiación y circulación buscaste allanar a través de las reuniones que mantuviste?

Nuestro objetivo siempre es llegar a un público internacional, aunque no siempre se consiga. La experiencia de Pensamiento lateral me dejó un aprendizaje muy concreto: nos faltó contar con un coproductor español. Tener una actriz de reconocimiento internacional es un aporte enorme, pero por sí solo no garantiza el vínculo con los distribuidores, los exhibidores ni el público de otros países.

Creo que, siendo exactamente la misma película, con un coproductor internacional podríamos haber tenido un recorrido diferente, tanto en la financiación como en la distribución. Por eso ahora buscamos socios que se involucren desde el desarrollo y nos ayuden también a construir el camino de los proyectos hacia el público.

Al mismo tiempo, queremos mantener un contenido local genuino. Nos interesa contar desde las provincias, desde sus paisajes, sus acentos, su gente y sus costumbres. Que esa identidad forme parte de las historias de una manera viva y dinámica, y que también sea una forma de mostrar nuestro país en el exterior.

-¿Qué balance hacés de la experiencia en Iberseries & Platino Industria? ¿Aparecieron posibilidades concretas de coproducción o todavía estás en una etapa de exploración y búsqueda de socios?

El balance es muy positivo: sí, aparecieron posibilidades concretas de coproducción. Nos interesaba especialmente construir un vínculo con el País Vasco y tuvimos varias reuniones con productoras de allí con las que encontramos una muy buena conexión. También nos reunimos con empresas de Madrid y Barcelona y Francia. Hay conversaciones avanzadas y próximos pasos acordados; ahora tenemos que trabajar en los contratos. Oalá podamos concretar esas alianzas en los próximos meses.

También hay que ser realistas sobre lo que podemos aportar desde Argentina en este momento. Buscamos socios y eso supone construir una relación en la que ambas partes tengan algo para ofrecer y una posibilidad de recuperar su inversión. Un coproductor no es un mecenas: necesita que el proyecto sea viable también como negocio.

Hoy esa ecuación es difícil. Los costos de producción y de exhibición son altos, la caída de espectadores afecta al cine argentino en general y el recupero por taquilla se vuelve muy complejo. Desde nuestra experiencia, las herramientas de financiación y los incentivos disponibles tampoco alcanzan para compensar esas dificultades. Eso nos exige trabajar mucho para construir una propuesta atractiva para ambas partes. Pero el contexto es dinámico y seguimos avanzando porque encontramos interés y posibilidades reales.

-¿Qué te mostró Iberseries sobre el estado actual del mercado iberoamericano: qué están buscando las productoras y qué están dispuestos a financiar los posibles socios internacionales?

Lo que más escuché en el mercado es la búsqueda de historias que conecten con el público. Se buscan buenos guiones y creatividad, pero sobre todo historias que generen emociones y una experiencia para quien está del otro lado, ya sea en una sala de cine, frente al televisor o mirando desde un teléfono.

Al mismo tiempo, la mayoría de las productoras está buscando financiación para sus propios proyectos; son pocas las que tienen capacidad para financiar proyectos de otros. Para involucrarse en una coproducción, los socios buscan un equilibrio en los aportes: que cada parte pueda contribuir y sostener su compromiso.

Otra dificultad es la velocidad con la que cambia todo. Ese es uno de los grandes desafíos: desarrollar historias que mantengan su fuerza mientras construimos las condiciones para producirlas.

-Desde la perspectiva de una productora argentina, ¿qué ventajas concretas puede ofrecer hoy una coproducción con España u otros países europeos y qué dificultades aparecen en esas negociaciones?

Con España hay una cercanía muy fuerte que tiene que ver con nuestras raíces, con las costumbres y, sobre todo, con el idioma. Compartir una lengua facilita las conversaciones, el trabajo creativo y la posibilidad de que nuestras historias encuentren público en ambos países. También tenemos vínculos muy importantes con otros países europeos, como Italia, pero el idioma compartido con España es una ventaja concreta.

Además, España cuenta con herramientas de apoyo a la producción y a la circulación. Una coproducción reconocida oficialmente puede acceder a ayudas españolas, siempre que cumpla los requisitos correspondientes. Eso permite construir otras posibilidades de financiación y sumar un socio que conozca el mercado y sus canales de distribución.

La dificultad vuelve a estar en cómo equilibramos los aportes. Desde Argentina hoy nos cuesta mucho respaldar nuestra participación con financiación, y eso pesa en las negociaciones. Tenemos historias, talento y capacidad de producción, pero necesitamos encontrar una estructura económica que acompañe todo eso. Para mí, el desafío es construir una colaboración en la que ambas partes puedan aportar, participar en las decisiones y encontrar posibilidades de recupero.

-Después de escuchar a productores, plataformas, fondos e instituciones durante estos días, ¿cuál es tu lectura sobre las posibilidades reales de producir desde Argentina y conseguir financiación internacional?

Las posibilidades existen, pero tenemos que entender cómo funciona la financiación internacional. Muchos fondos están pensados para sostener la participación y la actividad económica del país que los otorga. Conseguir un coproductor extranjero no significa que ese socio vaya a financiar todo el rodaje en Argentina: nosotros también necesitamos construir y respaldar nuestro aporte.

Hoy, desde nuestra experiencia, los costos de producir en Argentina y las dificultades para acceder a financiación e incentivos suficientes hacen más complejo ese equilibrio. Tenemos talento, capacidad técnica e historias para compartir con el mundo, pero necesitamos condiciones económicas que nos permitan convertir ese potencial en proyectos viables.

También creo que hay que mirar el audiovisual más allá del recupero de una película o una serie. Un rodaje genera trabajo y movimiento en hoteles, gastronomía, transporte y servicios. Y cuando esas historias circulan, pueden despertar interés por nuestra cultura, nuestros paisajes y nuestros destinos. Parte de ese beneficio llega a otros sectores del país, no para el productor.

Por eso, para mí, la coproducción necesita tanto del compromiso de las empresas como de políticas públicas que acompañen. Los productores podemos impulsar los proyectos y construir los vínculos, pero necesitamos herramientas para sostener nuestra participación. Ese es el desafío: que la financiación internacional pueda complementar una base propia y que esas alianzas tengan continuidad.

–Cuando termine Iberseries y vuelvas a Buenos Aires, ¿qué proyectos o acuerdos querés llevarte de Madrid y cuál sería el resultado concreto que justifica esta participación en el mercado?

El valor de participar también está en lo que aprendemos: entender qué historias conectaron con el público, cómo se desarrollaron y cómo otros productores encontraron un equilibrio entre lo creativo y lo económico.

Escuchar esas experiencias también permite reconocer que no todos los proyectos se concretan ni todos encuentran el éxito esperado. Eso forma parte de nuestro trabajo y nos ayuda a tomar decisiones.

Además, los vínculos se construyen con el tiempo. En estos mercados nos reencontramos, conocemos lo que está haciendo el otro y seguimos conversando. La confianza para compartir un proyecto difícilmente nace de una sola reunión: necesita continuidad y compromiso.

También se trata de encontrar al socio adecuado para cada propuesta. Cada productora tiene una mirada, intereses y posibilidades diferentes. Parte del trabajo es identificar con quién puede crecer cada proyecto y qué podemos aportar mutuamente. Para mí, volver con esos vínculos fortalecidos, un interés concreto y un camino de trabajo compartido ya es un resultado muy valioso.

Por otro lado, encontrarme con colegas de otros países me permite tener una perspectiva más optimista y reconocer que no somos los únicos que enfrentamos dificultades o que no encontramos todas las respuestas. Me encanta preguntar cuántas semanas necesitan para rodar, cuánto cuesta una cosa u otra, comparar y conocer distintas formas de producir.

Esos intercambios también me ayudan a mantener la esperanza. Argentina todavía tiene mucho que contar, como lo ha demostrado a lo largo de su historia cinematográfica. Por sobre todo, me llevo esa convicción: nuestras historias todavía pueden conectar con el mundo.

Norberto Chab

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