Por quinto año consecutivo, el Festival de San Sebastián presentó su Informe de evaluación de la sostenibilidad y medición de la huella de carbono, en el que se recogen los resultados del análisis del impacto medioambiental de su 73ª edición, celebrada en septiembre de 2025. En esta edición, la huella de carbono ha sido de 1.965 toneladas de CO2 equivalente (1.965.145,14 kg de CO2 eq). La cifra confirma la evolución descendente de los últimos años: desde 2021, cuando se registraron 4.147.646,59 kg CO2 eq, el Festival ha reducido sus emisiones en 2.182.646,59 kg de CO2 eq, lo que supone un 52,64 % menos. Si la comparación se realiza con 2024 (2.574.079,65 kg CO2 eq), la reducción ha sido de 608.934,51 kg kg de CO2 eq, es decir, un 23,66 % menos que en la edición anterior.

Un año más, la totalidad de las emisiones generadas ha sido compensada a través del Fondo de Carbono Voluntario de Guipúzcoa, lo que permite que la 73ª edición vuelva a tener la consideración de carbono neutral. Aun así, la movilidad asociada al Festival sigue siendo el principal foco de impacto y el ámbito en el que resulta más necesario seguir trabajando para avanzar en la reducción de emisiones.
El estudio y sus conclusiones servirán de base para continuar reduciendo el impacto ambiental y reforzar, a medio plazo, una estrategia de sostenibilidad sólida y coherente para las próximas ediciones.
El Festival considera que el compromiso con la sostenibilidad ya forma parte de las estructuras de trabajo y de la manera de organizar el evento. La integración progresiva de criterios ambientales en la toma de decisiones ha permitido encarar los próximos años con una base sólida, convencidos de que la mejora continua es un proceso constante que requiere planificación, seguimiento y corresponsabilidad.
En 2020, el Festival de San Sebastián inició un camino hacia un modelo más sostenible desde el punto de vista medioambiental. No como gesto simbólico ni como tendencia pasajera, sino como un proceso real de revisión interna, ya que sus organizadores entendieron que la crisis climática no es algo ajeno a la cultura.
Este proceso es también un aprendizaje continuo. Con el tiempo se han incorporado nuevas perspectivas para abordar esta transición. El Festival entiende perfectamente el lugar que ocupa y el valor simbólico de que un evento de estas características esté inmerso en un proceso de descarbonización. Pero también es importante recordar con qué se trabaja: las historias, las narrativas, las películas.
Un festival no solo genera impacto a través de su operativa; también lo hace mediante las ideas que pone en circulación. Y es ahí donde el compromiso adquiere otra dimensión.


