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Todo el cine y la producción audiovisual argentina en un solo sitio

DIRECCION EJECUTIVA: JULIA MONTESORO

Eduardo Crespo estrenó su documental «Las Delicias»: «Se puede hacer un cine que respete los lugares de rodaje y la gente»

Eduardo Crespo estrenó su cuarta película, el documental Las Delicias, rodado en su provincia natal (Entre Ríos), que se exhibe en la Sala Lugones el domingo 5 a las 17 hs.; martes 7 a las 18 hs.; miércoles 8 a las 17 hs. y jueves 9 a las 18 hs y desde el jueves 9 en el Cine Gaumont.

Con producción de Santiago José Loza y Eduardo Crespo por Primera Casa y Lorena Moriconi, pone el eje en un grupo estudiantes de secundaria que encuentran su camino en la vida en el internado agrotécnico Las Delicias, en el campo entrerriano. 

-En el momento del estreno mundial de Las Delicias, en el Festival de Amsterdam, nos detallaste que el proyecto se concretó en un momento tuyo de incertidumbre con respecto a la profesión. ¿Dónde estabas vos emocionalmente hace dos años y qué cosas fueron modificándose desde aquel noviembre de 2021 hasta hoy?

Estaba en un momento de desencuentro con el cine. Con los métodos de producción, con los diseños de producción, con las formas en que se estaba planteando el estándar del cine argentino.

Mi idea de empezar a filmar Las Delicias tiene que ver con una especie de retiro: de volver a lo más sencillo para pensar de vuelta qué películas me interesaba hacer, cómo acercarme a las personas que filmo. Reflexionar sobre una serie de preguntas que en la avalancha de producir, producir y producir, muchas veces no me detenía a hacer.

En la búsqueda de un lugar desde donde pensar una película, apareció Las Delicias, una escuela que conocía desde mi infancia porque está cerca de mi pueblo. Sabía que allí podía encontrar una película. Tuve que romper algunos prejuicios, porque en el pueblo había una escuela que en algún tiempo había sido más violenta, con una estructura más verticalista. Eso era justamente lo que tenía como una pregunta sobre el cine, en cuanto a la idea de los diseños de producción, de esas formas de trabajo. Me parecía importante sacarme esos prejuicios y ver qué me daba el espacio.

Las Delicias nació desde un impulso intuitivo, con una producción básica o mínima. ¿Qué querías encontrar en ese contexto?

Tiene que ver con volver a los inicios, a lo primitivo. Con pensar que una película pueda volver a conmovernos con la verdad. Obviamente la verdad tiene muchas facetas, pero buscaba lo realmente puro, verdadero, honesto. Me propuse estar un tiempo suficiente en la escuela para que eso suceda. Que las situaciones se revelen y no llegar con una idea externa imponiéndolas. Lo más potente de una película es la importancia que tiene la mirada de un director en la búsqueda. Me pregunté mucho sobre el valor de la mirada.

-¿Qué sabías de Las Delicias antes de emprender el proyecto y qué te devolvió el lugar que no conocías?

Llegué allí con ciertos prejuicios. La escuela tenía fama de ser más salvaje, más violenta, en cuanto al abuso de poder con los menores. Ahí van chicos de edades muy variadas, de entre 11 a 18 años, que conviven.
Pero me encontré con otra cosa: cierta bondad en los trabajadores, cierta generosidad en los mismos chicos; cierto cuidado de los adultos para con los niños, que no tenía que ver con su rol especifico sino con una entrega mayor. Todo eso no estaba antes del comienzo y fue apareciendo.

-¿Cómo fue el proceso de integración y el vínculo con los adultos y los niños, hasta que te permitieran acceder a ellos a través de una cámara?

Llegué solo, con la cámara y un micrófono, con la idea de presentarme y empezar a trabajar. La primera vez fue difícil porque los chicos pensaban que tenía que ver con las redes sociales. ¡Se la pasaron haciendo cosas para la cámara! Yo pensaba lo contrario, que la cámara no les iba a importar. Pero en esta era audiovisual los chicos están muy familiarizados y sabían lo que tenían que hacer para ser divertidos y lo que supuestamente me tenía que interesar.

Dejé de lado eso: tenía una postura muy clara de que la película que me interesaba era otra. Les expliqué que me interesaba una búsqueda más sutil. Entonces cambiaron la actitud y empezaron a proponerme y a sugerir.

-¿Hacia dónde estaba focalizada la búsqueda?

Me interesaba captar cómo los chicos tienen parte de su formación como ciudadanos en ese tiempo libre y esos momentos de recreación, corrido de lo institucional.

-Eso se advierte: el documental ahonda en el alma de quienes habitan el lugar más que en la fascinación por lo visual o por los tecnicismos. ¿Tenías dirigida la mirada hacia ese aspecto más intimista y sensible o fuiste con el cuaderno en blanco?

Lo fui encontrando. El lugar era muy bello y tiene grandes paisajes. Pero quería concentrarme en un formato menos apaisado, mas cuadrado; que tuviera que ver con las personas y no tanto con lo pictórico. Lo preciosista me interesaba menos. Por eso fue encontrando esa forma.

Me parecía que era la forma de tratar algo sin prejuicios ni ataduras. Y a partir de lo que iba sucediendo empecé a armarla, filmando y volviendo a filmar si algo no aparecía. Y terminó de aparecer en el montaje, a partir del trabajo de Lorena Moriconi. Cuando filmo lo hago pensando en cómo lo puede recibir ella: más allá de que la filmé solo, una película es un trabajo colectivo. Hay otra capa más que aparece en esa instancia y que suma.

 -Si se exhibiera sin diálogos, Las Delicias podría parecer un ámbito hostil, casi carcelario. Sin embargo, aflora de los chicos –y también de los docentes- cierta fragilidad emocional, cierta necesidad de integración. ¿Hay una intención de preservar ese espíritu inocencia, de soslayar o ignorar la posibilidad de exhibir la violencia?

Tiene que ver con esa edad. Con la búsqueda de la película por un lado pero también con el mundo de la independencia, del descubrimiento. Hay un quiebre entre esa edad (11 años) y el primer año de la secundaria, donde arman sus corazas. Me interesaba filmar algo de cierta fragilidad que aparece en los más chiquitos.

-¿Recuperaste la ilusión por el cine después de Las Delicias? ¿Qué nuevos interrogantes te abrió la película?

A partir de terminarla recuperé algo de la fe que había perdido. Tiene que ver con que se puede hacer un cine que respete los lugares donde filmamos, a la gente. Que no tenga esta visión extractivista de ir al lugar, llevarme lo que necesito y desaparecer, sino crear un vínculo con los espacios, con la gente. Las preguntas que se me abren son sobre el futuro de estos chicos, las posibilidades que tienen más allá de dedicarse al trabajo en el campo, que es la guía más fuerte que tiene esta escuela.

Mi compromiso como director es abrir la puerta para poder pensar que existe la posibilidad de trabajar haciendo películas o en la cultura, algo que no se les presenta como oportunidades en estas escuelas rurales.

-¿Qué nuevas miradas te devolvió haber visto Las Delicias en Las Delicias?

Fue conmovedor. Junto con los niños armamos la sala, la pantalla, el sonido. Esa actividad también formó parte de su formación. Nunca habían visto películas en pantalla grande. Yo tenía temor de mostrarla. Hasta que ellos empezaron a reconocerse.

Norberto Chab

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