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DIRECCION EJECUTIVA: JULIA MONTESORO

Paula Hernandez en GPS audiovisual radio: “Mis películas parten de disparadores personales”

Todos los jueves de enero, se presenta en el Malba un ciclo retrospectivo de Paula Hernández. Se trata de un reconocimiento atípico para una realizadora argentina. Es que a lo largo de su relativamente breve filmografía, integrada por Herencia (2002), Lluvia (2008), Malasangre (2010), Un amor (2011) y su reciente Los sonámbulos (2019) –completada por Familia Lugones (2007), un documental con elementos de ficción realizado por encargo-, existe un lenguaje común. Hay un estilo Hernández en la forma de abordar los vínculos interpersonales y familiares y también en el rol de las mujeres como disparadores de conflictos interiores. Su narrativa es femeninamente personal.

Paula Hernández contó en GPS audiovisual radio distintos aspectos de su trayectoria, de su estreno más reciente (Los sonámbulos se lanzó en noviembre de 2019, tras participar en los festivales de San Sebastián y de Toronto) y de sus proyectos.

– Cuando ves tu obra como un todo, ¿qué elementos comunes encontrás?

Es muy extraño, en el sentido de que una no está volviendo a mirar sus películas. Las acompaña un tiempo, pero después siguen su camino. Y es una experiencia interesante, porque me hizo volver a verlas. Y descubrir las decisiones que fui tomando. Empezando por Herencia, mi primera película, que obtuvo un premio del INCAA y me abrió muchísimas puertas, pero a la vez hubo como una carga de lo que se esperaba de mí, que debía tener que ver con aquello que hice por primera vez. Al revisar las películas me di cuenta de que en mi caso fue distinto. Empecé a buscar en lugares más intuitivos. Tomé decisiones que -acertadas o no-, siempre tuvieron que ver con lo que en esos momentos quería contar.

-En lo que querías contar siempre estaba atravesado el mundo de los afectos.

En general abordo situaciones que tienen que ver con los vínculos. Ya sea los de pareja o los familiares. Sí, es la temática que me interesa trabajar. Y que también fue encontrando tonos diferentes.

Los sonámbulos tiene que ver el mundo de los afectos, también, de vivencias personales que surgieron de vivencias a partir de ser madre. ¿Cuál fue el tono que buscaste?

Todas mis películas tienen disparadores personales. Desde ahí escribo. Inclusive en Un amor, que fue a partir de un cuento de Sergio Bizzio, incluí muchas cosas que no estaban en el cuento, que eran personales. Durante mucho tiempo no filmé, y generé un espacio dedicado a hacer otras cosas: a dar clases, o seminarios. Me metí muy fuerte en el mundo de la docencia. Pero lo principal es que fui madre. Y esa situación y esa experiencia tan novedosa, intensa y amorosa, y ese vínculo tan único, hizo que de alguna manera empezara a repensar qué cosas quería contar. O cómo las quería contar. El crecimiento de mi hija y los movimientos del mapa familiar me hicieron pensar mucho en quién era yo. Qué necesitaba, cómo era ese vínculo con ese bebé, qué pasaba con mi profesión y con mi matrimonio. Ahí empezaron a aparecer las primeras ideas de Los sonámbulos. Después surgieron diversas tramas de ficción. Empecé a encontrar situaciones que se alejaban de mí y a encontrar el mundo de esa familia.

-El relato es básicamente la relación entre una madre y su hija.

El punto de vista tiene que ver con ellas dos. Con ese crecimiento de esta adolescente, ese desprendimiento, esa necesidad de encontrar su propia mirada sobre el mundo. Y a partir de ahí despegarse de los demás y principalmente de su madre. Ese despegue hace que a Luisa –la madre- se le ponga de manifiesto su problemática. Se mira en un espejo donde hay muchas cuestiones que no le gustan de sí misma: su matrimonio, el lugar donde quedó su profesión, el vínculo con la familia. Esa tensión entre las dos lleva adelante la trama. Siempre entrecruzada por los vínculos que van apareciendo en esa familia.

-¿Qué inquietudes te devolvió el público que fue a ver Los sonámbulos que vos no advertiste de la película?

Me llama la atención que siguen la línea de comentarios de los personajes, como cosas que van decantando. En general están muy movilizados por ellos. En algún sentido veo que se encuentran reflejados. Como dice Fabián Casas –es una frase que me encanta-, “uno lleva puesta una patología llamada familia”. Me devuelven esa identificación: me dicen que se encuentran dentro de esos entornos familiares.

-Ahora que la audiencia se vuelca a series en otras plataformas, como Nisman, ¿te ofrecieron hacer alguna serie?

Me convocaron este año para un proyecto. Pareciera que ahora hay que hacer series, ¿no? Vieron Los sonámbulos en Toronto y me tantearon para ver si quería escribir o dirigir. Tuve una primera charla, hace poquito. La única serie que dirigí fue un capitulo de Vientos de agua. Siempre preferí ir hacia otro lado.

-¿Qué no te atrae de las series?

Me gustan las que tienen un principio y un fin. Cuando veo que dice “tercera temporada” lo siento como un estiramiento. Por ahora, como formato de narración, sigo eligiendo el cine. Y en las salas.

-¿Y si te proponen hacer un documental?

Tuve un solo proyecto, que en su momento produjo Caras y Caretas: en el 2008 trabajé sobre la familia Lugones. Terminó siendo una película, que estuvo bastantes meses en el Malba. También tuvo una salida interesante, un recorrido más académico (seguramente por la temática). Fue muy interesante como aprendizaje. Era una mezcla: había armado una pequeña línea argumental. La protagonizaban Martín Piroyansky y Nahuel Pérez Biscayart. El documental tiene una premisa, un punto de partida y después miles de ramas que se pueden abrir. Me impresionaba la cantidad de caminos que podía tomar esa historia. El proceso de la ficción es más restringido.

-Entre las películas de la retrospectiva que te dedica el MALBA, ¿cuál es tu preferida y por qué?

Los sonámbulos. Pero me gusta porque también existieron las demás. La veo y veo que hay un grado de madurez mayor. Pero también es difícil hablar hacia atrás: todas sirvieron como aprendizaje. Lluvia fue salir de contar una pequeña historia más costumbrista como Herencia, para ir a una película más sensorial, que abordaba otro tipo de conflictos, donde lo visual tenía una fuerza más importante. A la vez, Herencia es mi primer abordaje de un relato: hoy puede no interesarme ese tipo de relatos, pero en ese contexto y a esa edad estaba bien. Cada una tiene algo que me conecta a un momento mío. En una retrospectiva -de cualquier autor, no solo la mía- se ven los cambios, tanto los crecimientos como los retrocesos.

-¿Qué mujeres de cine te interesan?

Siempre me gustó Claire Denis. ¡Pero me gustan muchísimas! Agustina Comedi es una documentalista que hizo un proyecto que me encanta. Lucrecia Martel, desde ya. ¡Son muchísimas! ¡Y directores! El universo del cine es enorme.

-Llamativamente, junto con el estreno de Los sonámbulos, filmaste Las siamesas. ¿De qué trata? ¿Cómo se relaciona con tu obra?

Fue una locura total. Estuve muchos años sin filmar y de golpe se juntaron dos proyectos. La produjo el mismo equipo de Tarea Fina. La protagonizan Valeria Lois y Rita Cortese, basada en un cuento de Guillermo Saccomanno. La filmamos en octubre, en el medio de mis viajes a Toronto y a San Sebastián. Se trata de una madre con su hija que hacen un viaje hacia la costa. Tiene ciertos momentos de comedia y también algo oscuro. Otra vez, las relaciones familiares.

-¿Es la primera vez que te dedican un ciclo retrospectivo?

¡Uy, sí! Y todavía no lo puedo creer.

Julia Montesoro

Julia Montesoro

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