Calu Rivero estrena «El sonido de los tulipanes»: «Me gustaría que la vean los jóvenes para no volver al 2001»

El jueves 9 de mayo se estrena El sonido de los tulipanes, un policial dirigido por Alberto Masliah y protagonizado por Pablo Rago y Calu Rivero, con las actuaciones de Roberto Carnaghi y Gerardo Romano, Gustavo Garzón, Atilio Veronelli y Gustavo Pardi, entre otros.

El guión se centraliza en Buenos Aires, durante la crisis de 2001. Marcelo (Pablo Rago), un escritor devenido en periodista, debe volver sobre los últimos pasos de Tonio, su padre (Roberto Carnaghi), un consagrado intelectual que muere en condiciones extrañas. Ambos estaban profundamente distanciados. De la mano de Carolina (Calu Rivero), la ex secretaria de su padre, Marcelo se sumerge en un mundo oscuro, lleno de violencia y ambiciones de poder, enfrentándose a “El Loco” Bertolini (Gerardo Romano).

Calu Rivero reaparece en cine después de seis años, tras su debut en Tesis sobre un homicidio (2013, Hernán Goldfrid). Actualmente alterna su vida entre Buenos Aires y Nueva York, donde desarrolla actividades de coaching, clases de baile, modelo y DJ.

Antes del estreno de El sonido de los tulipanes, Calu Rivero habló con GPS audiovisual sobre su retorno al cine, y especialmente sobre cómo resignificó su rol de artista y su vida, constituyéndose en un símbolo de la lucha contra los abusos de poder.

-¿Qué te decidió a volver con esta propuesta?

Cuando leí el guión, me gustó mucho la forma en que hablan los personajes y los temas que se tocan. Me gusta que se hable de la justicia, de la verdad. De cómo se vivía en ese momento, en ese 2001. Días después de recibir el guión, me reuní con Alberto. Dijo algo que me sorprendió: “cuando la empecé a escribir pensé mucho en vos”. Nunca supe por qué.

-¿A qué público creés que está dirigida?

Me gustaría mucho que la vean los jóvenes. A veces pienso que yo en el 2001 tenía 14 años, y claramente mis intereses eran otros. Pero la nueva generación viene con otra apertura mental, otra forma de accionar y de pensar. Es interesante que la vean para que no lleguemos a ese mismo lugar del 2001.

-¿En qué andabas vos a los 14?

Quería ser diseñadora de moda. A tal extremo que cuando cumplí 15, pedí una máquina de coser. Fui totalmente autodidacta: cuando me la regalaron, aprendí a prueba y error. Y me quedó esa conducta, de explorar mi propia identidad, y proyectar lo que me proponía. Las cosas que uno hace hablan mucho de quién es uno. Y también aprendí que a través de la ropa también podés decir mucho.

-¿Cuándo viniste a Buenos Aires y qué querías ser?

Fue a los 18. Vine a estudiar con Norman Briski, puntualmente. Quería aprender actuación de una manera realista. Me gustó cómo enseñaba. Me hizo mucho bien. En sus clases no solo enseña de técnica. Lo primero que hace es desintoxicarte de los modismos que tenemos en la sociedad: “no, nada”, o la risa nerviosa. Eso que molesta a la hora de construir el personaje. Todo lo que está de más lo saca.

-¿Qué cosas tuyas le incorporaste al personaje de la película?

Tengo una forma particular de construir un personaje: armo mi propia tablita partiendo de quién soy antes de empezar cada proyecto. Qué me da miedo y qué no; qué me empodera y qué no; qué me da amor y qué no. La hicimos con un amigo sociólogo y empezamos a experimentar de esta forma. Primero vemos cómo es Calu y luego, el personaje. Y lo que no tengo, lo invento: por ejemplo, si no soy manipuladora, tengo que buscar inspiración de otros lugares.

Este es un personaje que tiene muchos valores: es muy audaz, misteriosa, pelea por sus ideales. Me sentí identificada con el fervor con que ella pelea las cosas, o con la entrega hacia Antonio, de quien era su discípula. Fue una construcción muy minimalista. El personaje tiene pocas entradas, pero las que tiene son fundamentales y centrales para la trama. Tenía que contar mucho, entre cada escena, de lo que el espectador no ve. Ese es un gran desafío.

-La relación sentimental de tu personaje con Antonio –muerto misteriosamente- se prolonga con su hijo. Una mirada posible es que se juega con el morbo. Y que el crecimiento de la mujer depende de estar al servicio del deseo de los personajes masculinos. ¿Cómo lo percibís vos?

Es algo con lo que las actrices estamos todo el tiempo tratando de salir. Se habló mucho para que esté lo menos posible. Y para que ella sea quien es por lo que hizo para salir de ahí, con sus valores. Como actriz, de a poco estoy hablando más con los guionistas para que eso cambie. La realidad es que también son los roles dados. Si no, no actúo nunca más.

Pero lo noté mucho más en mi papel en Campanas en la noche, en televisión. Tuve que frenar muchas escenas. Y eso que la temática tenía que ver. Recién estamos incorporando estos cambios: la idea es que esto no deba ser un tema.

-Hubo un desafío de tu parte porque la película está hecha casi por varones.

Sí. Pero la parte técnica está hecha mayoritariamente por mujeres. Increíblemente. Y fue hermoso: una de las cosas que más me sorprendió y me encantó. Hubo mucha presencia de la mujer detrás de cámara.

-Las estadísticas llevadas a cabo por observatorios sobre temas de género revelan que en los rubros principales el aporte femenino disminuye. No se percibe tan claramente.

¡Noo! Es así de simple: cuando te presentan un proyecto, te dicen “tu rol es protagónico”. Y cuando lo ves, estás un 10 por ciento del otro rol que es el masculino. Fue toda la vida así. Soy honesta: este personaje acompaña, pero no es protagónico. Eso es justamente lo que queremos cambiar. La única manera de cambiarlo es estando adentro y dejar plantada la semillita al autor.

-¿Tuviste discusiones o conversaciones respecto de tu mirada?

No en esta película. Sí en Campanas. Porque es la tele, es prime time y el mensaje tiene que ser muy claro. No puede quedar a media tinta. Con eso no se jode.

-Casi no hiciste cine. ¿Por qué?

Dejé de actuar cuando hubo ese bache.

-En el bache hay un antes y un después. ¿Te replanteaste tu rol, tu laburo de actriz?

En el bache me replanteé primero saber quién era. ¡No sabés lo que fue! Hubo una búsqueda muy intensa. Volvamos a la época en que sucedió todo lo que sucedió: hasta entonces no se hablaba de esos temas. Todo eso era mentira, burla, chistes, “no se le cree”, “quiere fama fama fama”. Y además el furor de las redes sociales, en las que cualquiera hablaba. Me fui en un momento en que no sabía cómo cubrirme. Cualquier cosa que me decían me lo tomaba en forma personal. Con el tiempo -cuando sané- entendí que le pegaban a esa imagen de Calu Rivero, no a mi persona.

Después de saber quién soy, me planteé qué quería proyectar. Los personajes que aceptara debían tener que ver con mi proyecto como mujer. El panorama eran los roles de siempre: las mujeres que se pelean por el hombre, y se agarran de los pelos; la mujer objeto, la mujer mantenida, la mujer y la ropa. Ni mis amigas, ni mis conocidas ni mi familia son así. ¿Por qué tenemos que hacer algo que nadie es? ¡No existe eso! O me peleaba con toda la industria o me metía para ir cambiando de a poco.

-En ese camino, hay un espacio donde involuntariamente (o no) la que rompió las normas establecidas fuiste vos. En tu libro, Luciana Peker dice en el prólogo: “Calu es pionera y parte de la revolución de las hijas, las jóvenes, las mujeres; la revolución del deseo vuelto propio y hecho palabra. Su conquista fue imponer el No es No en la pantalla argentina, salir del clóset del silencio”. ¿Te preguntaste por qué a vos?

Obvio. ¡Es horrible! Obviamente -con mucha ingenuidad-, no sabía con qué me iba a enfrentar. Pero con mucha dignidad también. No es que yo decía “no es no” y quedaba allí. ¡No! Yo decía: “esto no me lo voy a bancar y qué me importa que sea quién”. A mí me hizo salir de eso mi dignidad. Cuando sané pude decir cómo fueron las cosas. Porque callé cuidando ¿a quién? ¡Si nadie me cuidaba a mí! Y cuando perdés el miedo…¡el miedo es una mierda!  Nos paraliza, no sirve de nada. ¡Si perdés el miedo no te pasa nada! Lo que se busca justamente darte miedo para paralizarte. Cuando lo perdés y confiás, la verdad te lleva a un buen lugar. Cuando salí a hablar fue para que no suceda más en un set de grabación, porque yo veía cómo callaban… ¡Es horrible! Es horrible ir a trabajar, sentirte incómodo por gastar tanta energía en ver cómo decís que no cuando vos tenés que hacer una escena que mañana sale en la tele, en prime time, y tenés que hacer todo lo opuesto a lo que te está pasando.

-¿Como fue volver a escena?

Primero fue la película (El sonido de los tulipanes se rodó hace dos años). Lo que me dio mucha tranquilidad entender que el problema no lo tenía yo sino otra persona. Cuando yo entendí, volví a actuar y a sentirme cómoda. Cuando decidí hacerlo es porque estaba sana para volver a actuar. Eso significaba poder confiar en el otro compañero. Eso es lo que más sentí que me había pasado. Soy muy apasionada, y encontrar a alguien que se aprovecha de eso, fue muy fuerte. Después de grabar esto hice Campanas. Fue más difícil porque fue en el mismo set de televisión, pero a la vez con técnicos que conocía, muy familiares. Y avancé.

-Hay una imagen tuya de la inauguración del Festival de Mar del Plata con tu mamá y tu hermana. ¿Necesidad de resguardarse en la familia? ¿Te volviste insociable?

No. Cuando no quise conectar con nadie, desaparecí cinco años. Allí no estuve en otra cosa que no fuese escribiendo y haciendo otra vida, viajando y pasando música. Mi familia estuvo siempre muy presente. Y ese viaje fue de puro goce, las tres. Porque además, con mi mamá estamos escribiendo una película (estamos en la revisión del guión). Vivimos esa experiencia de futura directora.

-¿En qué consiste la película?

La peli es un dramón, dramón, dramón. Pero no puedo decir nada porque mi madre tiene a su bebé bajo diez llaves (risas). Vengo de la misma escuela de ella, que es autodidacta. Hizo cursos pequeños de guión y se mandó a escribir. La hicimos entre las dos. La idea es empezar a fin de año con la preproducción para rodar el año que viene.

-También sos una pionera en filmar con mirada de género desde el lugar de protagonista.

Lo empezamos hace cuatro años. Surgió porque en una conversación con mi madre dijimos de hacer nosotras lo que queremos contar. Con nuestra mirada, con mujeres reales, con las cosas que pasan y pensamos. Así empezamos a escribirlo. Es un dramón. Sin ser feminista, está nuestra mirada de una mujer común, real, con sus inseguridades y su universo.

-¿Cómo convivís con el compromiso de haberte convertido en referente de otras mujeres que no tienen voz?

Lo vivo con la misma pureza con la que hablé y pasó todo lo que pasó. Cuando alguien me frena y me dice algo yo la abrazo y somos lo mismo. Salgo de quien soy y soy ella. El fin de esto -y por eso es tan fuerte-, es que todas vivimos de alguna manera (parecida o no) una situación así. Nadie lo podía hablar. ¡Señoras grandes me dicen que no hablaban de esto hace 50 años! Ya me atravesó. Es de todos.

-Estuviste en Nueva York trabajando mientras había una sucesión de denuncias contra Harvey Weinstein. ¿Con cuántos Harvey Weinstein te cruzaste?

Me crucé con el Harvey Weinstein real.

¿¿¡Harvey Weinstein!??

Lo conocí una vez y automáticamente me di cuenta que es un monstruo. Por su mirada. Y no hacia ningún esfuerzo en demostrar otra cosa. Fue en Cannes. Estábamos con Colin y Olivia Firth y ella me lo presentó. El me dijo que tenía un proyecto para una actriz latina. Me citó a las ocho de la noche en su oficina. Le dije que no: si de verdad estaba interesado, lo esperaba a las ocho de la mañana en el hall de mi hotel. Estuvo allí. Tardé dos minutos en darme cuenta de que ese proyecto no existía. Y menos en saber qué clase de persona es.

-¿Y los Weinstein de acá?

Acá… En su momento me crucé con varios. Pero una ya aprende, y cuando intentan desviar el tema decís que no, que no te interesa. Es doloroso porque el actor es alguien muy sensible, y tiene que estar abierto, y con esa misma sensibilidad conectar con la gente. Vas con mucha ilusión sobre un proyecto y cuando ves que lo único que quiere es otra cosa empezás a cuestionarte tu talento. Y a cerrarte vos misma las puertas.

Pero en realidad el problema lo tiene la otra persona. Y la verdad siempre busca la luz. ¿Sabés cuántas veces tenés que mentir para que se tape eso? En algún momento ya no se miente más. Y el tiempo sabe muy bien acomodar las cosas.

Norberto Chab

Fotos: Yael Szmulewicz

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