Marina Zeising estrena «La lupa»: «Siempre rechacé la mirada patriarcal sobre la maternidad, en la que todo es perfecto»

El jueves 2 de mayo se estrena en el cine Gaumont el documental La lupa, de Marina Zeising, que indaga sobre diferentes vivencias de la maternidad. A partir de algunas adversidades personales y del descubrimiento de su deseo de ser madre, la cineasta se interpela y deconstruye, en una suerte de road movie sentimental que la lleva a rastrear sus orígenes, y a una serie de encuentros con mujeres que develan las distintas formas de la maternidad, en el contexto de una nueva ola feminista.

Marina Zeising, guionista, directora y productora de largos documentales como Habitares (2014) y Lantéc Chaná (2017), dialogó acerca de su nueva película con GPS audiovisual:

-¿La decisión de abordar la temática de la maternidad de un modo personal, estuvo desde el origen mismo del proyecto o surgió a partir de investigar el tema?

Partió de antemano, un poco por lo que cuento abierta y honestamente en el documental: que me sucedieron hechos personales con dos hombres, cuyas ausencias me dolieron mucho. Eso me provocó encontrarme en ese pozo en el que estaba, con el deseo de ser madre, algo que directamente no estaba en mi diccionario ni era un tema de conversación. De hecho, si pienso en diez años antes, jamás se me cruzaría la idea de que iba a terminar haciendo un documental sobre esto. Pero era tanto el dolor, el desgarro y al mismo tiempo, encontrarme con algo tan opuesto y tan hermoso como sentir el deseo de ser madre, que decidí hacer algo con eso. Y después, detrás de ese deseo, por supuesto había un montón de miedos que cuento en la película.

-Hacer una película fue también una forma de buscar respuestas, ¿no?

Dije “bueno, hagamos algo con esto; el audiovisual es mi herramienta, vamos para adelante”. Porque además, cuando le comentaba a mi entorno cercano y no tan cercano que tenía ganas de hacer un documental sobre maternidad (para ver un poco qué podía repercutir del tema en la gente), no había persona que fuera indiferente a eso. Todos reaccionaban, de una u otra manera. Y decían “¡qué buena temática!, necesitábamos que alguien hable de esto”. Entonces me pareció que más allá de que yo estaba dispuesta a exponer mi historia personal, era una necesidad hacer de rompehielos. Y abrir a un mar de testimonios, en el cual diferentes mujeres puedan volcar su mirada y su experiencia. Y a mí tal vez me podía servir también para buscar mi propio camino.

– Ya sea como productora o realizadora, hasta hoy estuviste detrás de cámara. ¿Qué te llevó a decidir mostrarte por primera vez y cómo te resultó la experiencia?

La decisión de mostrarme delante de cámara no fue nada fácil. Me costó (sonríe), pero mis años de actuación me ayudaron a perder un poco ese miedo a la exposición. Era una temática que me atravesaba totalmente por mi historia, por lo que me pasaba. Y era difícil esconderme detrás de cámara en el documental. Como dije, era tal el dolor que sentía con estas pérdidas, que necesitaba hacer algo honesto y auténtico con eso. Así fue como decidí ponerme a mí de excusa, digamos, como para que otras mujeres también puedan contar sus historias. Y visibilizar los relatos de mujeres desde un lugar realista de la maternidad.

-Una mirada menos idealizada.

Ese lugar infantilizado de la maternidad, al cual siempre le tuve mucho rechazo por esa cosa conservadora, patriarcal, idealizada, de que en la maternidad es todo perfecto, hermoso. En algún momento, durante muchos años, lo confundía y pensaba que la maternidad era eso. Y con el acontecer del documental, fui descubriendo que había mujeres que lo vivían completamente desde otro lugar, no desde un lugar normativo, naturalizado, de que toda mujer tiene que ser madre sí o sí o a determinada edad. Todo como una norma muy ridícula, en la que si una mujer no encaja dentro de ese molde, se la categoriza como si tuviera una patología. Quería romper con esos estereotipos e invitar a que todos pensemos que somos diversos, y que cada uno sea libre de elegir la vida que quiera, sea que tengas deseo o no –que de eso trata el documental-. Pero ser libres y no ser juzgados por las elecciones de vida. Y que al relatarnos, nos relatemos desde ese lugar, de entender que todos tomamos decisiones, ya sea porque lo postergamos o porque queremos o no queremos, y por la forma que querramos concebir un hijo. Que tengamos libertad, y que la sociedad deje de juzgar a la mujer por la elección que va a hacer, sea cual sea.

-¿Cuánto tiempo demandó la realización de La lupa, donde además de vivencias tuyas en Roma y Noruega, hay testimonios de varias mujeres en esos lugares?

-El proceso me tomó alrededor de dos años. Arranqué en 2016, sintiendo que tenía que hacer algo con lo que me fue sucediendo en los años previos (de 2012 al 2016, todos los episodios que cuento en la película ocurrieron en ese periodo de tiempo). A partir de ahí empecé con un proceso de investigación. Luego eso me llevó a escribir un guión, para poder presentar el proyecto al INCAA. Por suerte conseguí el apoyo. Todo fue bastante fluido. En otras oportunidades, otros proyectos me costaron más. Pero éste, parecía que se tenía que hacer. En ese acontecer fueron surgiendo viajes.

-Primero a Roma y luego a Noruega.

-Sí. En Roma había tenido un percance (que cuento en la película) y me dije “no quiero volver nunca más”. Pero por cuestiones profesionales me volvieron a invitar. Entonces me planteé que no iba a dejar de ir porque alguna vez hubiera tenido una situación traumática. Me convencí de que tenía que ir y decidí arrancar por ahí. Si bien en el proyecto no lo tenía pensado de antemano, le dio una riqueza narrativa, visual y estética, importante para la película. Fue como que La Loba (N. de R: se refiere a la famosa escultura que representa a Rómulo y Remo amamantados por este animal; todo un símbolo de Roma) me llamó. Por eso cuando volví a Roma, pensé “si este hombre con el que me crucé alguna vez pertenece a esta cultura, veamos qué pasa con esta cultura”. Sobre todo la italiana, que influenció tanto en Argentina y particularmente en Buenos Aires, donde los porteños estamos tan atravesados por esta cultura patriarcal. Entonces fui a visitar la Casa de la Mujer, donde me relataron diferentes miradas desde organizaciones feministas, acerca de la cultura italiana. Y también entrevisté a una exiliada, para poder comprender diferentes actrices sociales de esta cultura que para mí es ajena, porque no vengo de familia italiana sino de una nórdica, totalmente opuesta y de índole más bien feminista. Entonces choqué mucho con esa cultura, aunque Italia me encante.

-Tu madre es otra de las entrevistadas en la película.

Ella viene de padres noruegos. Así que al plantearme hacer un documental sobre la maternidad, obviamente tenía que entrevistarla. A su vez, quise viajar al país de mis orígenes, que no conocía. Y así emprendí el viaje a Noruega, para conocer más de esa cultura. Finalmente la película tomó esta rara pluriculturalidad, de culturas que me atraviesan. Y surgieron algunas conclusiones que van sobrevolando el documental.   

 -¿Qué aspectos tuviste en cuenta en la búsqueda de esos testimonios?

Lo primero fue tratar de apuntar a mujeres que no vivan la maternidad desde un lugar patriarcal. Una mujer blanca, heterosexual, de ciudad, católica, que se casa por iglesia a los 25 y tiene dos o tres hijos y cumple con las normas estandarizadas del patriarcado, no por deseo genuino –que se nota-, sino por imposición cultural, por cumplir con las normas establecidas por la sociedad del momento, no estaba dentro de lo que buscaba. Prefería entrevistar a mujeres que me relaten sus experiencias -sean positivas o no tanto, con todos los matices que implica la maternidad- con esa diversidad. Y no desde un lugar hermético, un discurso armado previamente, para cumplir con la sociedad del momento, y con lo supuestamente “normal”. De hecho, yo estaba como cansada de esos relatos. En general son personas que se plantan desde donde levantan el dedito y te dicen cómo tenés que ser. Y si sos una mujer que ronda los cuarenta, no estás casada, no tenés hijos y elegiste esa vida, es que en algo fallás o algo está mal. Por eso decidí entrevistar a mujeres que vivían la maternidad desde otro lugar.

-Toda elección implica un recorte. 

Lamentablemente, tuve que dejar afuera otras entrevistas muy interesantes de mujeres que vivían la maternidad con perspectiva de género, porque fueron madres por donación u otro tipo de procedimientos, y era tal el nivel de complejidad que iba a tener que hacer 20 películas más. Las haría con gusto, pero tenía que tener un límite de largometraje. Tuve que hacer un recorte e ir por el camino que elegí: del deseo o no deseo.

-Más allá de lo personal, ¿qué sentís que puede pasar con la película, que plantea una mirada sobre la maternidad con perspectiva de género?

Parto desde lo personal, pero hacia lo social. Es como tomar la parte por el todo. Pero no quisiera que se interprete como una autobiografía o algo similar, sino como la excusa de exponer parte de mi vida privada para que otras mujeres se sensibilicen y se relaten desde un lugar de empoderamiento. Ese es mi mayor deseo, en cuanto a las mujeres. Y para los varones que vean esta película –me intriga qué pueden pensar-, es que nos miren desde un lugar diferente, que se corran un poco. Porque el patriarcado se encargó siempre de relatar, a través de diferentes películas, la historia contada a través de varones. Y una gran mayoría de esos varones –no digo todos, porque reconozco que hay muchos que logran captar la esencia femenina-, tienen una mirada patriarcal acerca del rol de la mujer y qué es lo que nos pasa. Entonces me interesaba mostrar a la mujer cómo es realmente, con nuestros dolores, nuestras alegrías y tristezas. Que la vida es un poco de todo eso. Que nadie es del todo feliz o infeliz, sino que deambulamos y pivoteamos constantemente en diferentes abanicos de emociones y sentimientos, y vamos buscando la vida que queremos buscar. Y todo el tiempo estamos tras la liberación. Liberación entendida como derechos que aún nos faltan adquirir -como la equidad de género- en diferentes aspectos de la vida. Ni hablar de algo tan radical como lo que está pasando en Argentina, que matan a una mujer cada día. Entonces hay mucho por trabajar y por hacer. Parte del espíritu de la película consistía en ponerme a mí de excusa para poder sensibilizar el alma humana. Me gustaría que el espectador logre tener empatía en el otro, no juzgarlo y entender que ese otro es como uno aunque le pasen cosas diferentes. Que se enganche desde alguno de los relatos. Lo importante es que se sensibilice y se sincere consigo mismo: qué es lo que desea, cómo conectarse con el deseo.

-Desde el punto de vista profesional, ¿cómo evaluás la situación de las mujeres dentro de la industria audiovisual argentina?

Está difícil. Formo parte una agrupación feminista audiovisual, Acción Mujeres del Cine. Somos una de las tantas agrupaciones que hay en el país, y que conformamos un frente audiovisual feminista. Nuestra agrupación tiene un año de vida, pero hicimos muchas cosas. Entre ellas, pedirle al INCAA políticas de equidad de género, porque vimos que los jurados estaban integrados mayoritariamente por varones. Lo mismo sucede con los programadores de los festivales. Abundan los varones en todos los ámbitos. Hicimos relevamientos de estadísticas, y nos dimos cuenta que en ningún rubro las mujeres superamos el 20-30 por ciento. Lo mismo en las comisiones directivas de las entidades. Las que estamos trabajando, de alguna manera nos hicimos un lugar en un mundo de hombres, padeciendo todo lo que padecimos y lo que muchas compañeras van denunciando. La cuestión es decir basta con determinados mecanismos, que estaban naturalizados y tenían que ver con una cuestión patriarcal. A la vez, fue fenomenal conocernos entre todas. Proponernos que en nuestros equipos de trabajo las mujeres sean la mitad mínimamente. Que más mujeres dirijan y se animen a presentar proyectos; que haya guionistas y técnicas como cabezas de equipos. Visibilizar nuestras películas. Que los medios nos presten la misma atención a las mujeres, como le han prestado a los varones.

-Con respecto a la maternidad, ¿cuál es el panorama?

Creo que nos faltan políticas de género al respecto. Es una presión muy compleja. Porque es un trabajo donde la mayoría de la gente es free lance. No tenemos un horario fijo. Es un medio bastante informal. De repente, para las que quieren ser madres, resulta muy complejo organizarse para participar de un rodaje. Todavía tenemos por delante muchas cosas para hacer… Yo formo parte de toda esta movida como una integrante más, colaborando con la causa y con la idea de que haya equidad de oportunidades.

Julia Montesoro

gpsaudio

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