Abner Benaim dirige «Yo no me llamo Rubén Blades»: «El quiso hacer la película, pero decidió no verla»

El 21 de marzo se estrena en la Argentina el documental Yo no me llamo Rubén Blades, coproducción con Panamá dirigida por Abner Benaim, quien acompaña al icónico artista de la música latinoamericana en su vida cotidiana en Estados Unidos y en sus conciertos, al tiempo que realiza una retrospectiva sobre sus 50 años de carrera artística.

Benaim acompaña a Blades en su diversidad de actividades y de facetas. Entra a su hogar y lo revela como un precoz coleccionista de cómics, recorre con él las calles y lugares que fueron testigos de su camino, repasa el proceso de creación de algunas de sus canciones emblemáticas como Pedro Navaja, Plástico o Tiburón, evoca los inicios y los momentos de gloria de la fundacional Fania All Stars (y su vínculo con algunos de los pioneros, como Willie Colón o Héctor Lavoe) y también registra su momento como político (fue ministro de Cultura de Panamá).

La película cuenta con la participación de figuras como Sting, Residente, Paul Simon, Gilberto Santa Rosa, Tito Puente, Andy MontañezIsmael Miranda, tras varios encuentros y entrevistas que se sucedieron durante tres años.

Su realizador, Abner Benaim, nació en Panamá en 1971. Estudió Relaciones Internacionales en la Universidad de Pennsylvania (EEUU) y Cine en Cámera Obscura, Tel-Aviv (Israel). En 2004 fundó en Panamá la productora audiovisual Apertura Films, con la cual realizó películas documentales y de ficción.

Sus films han sido seleccionados y premiados en prestigiosos festivales del mundo. Invasión(2014) fue la representante de Panamá para los premios Oscar en la categoría de habla no inglesa. Chance (2009), con más de 500 mil espectadores, fue el film panameño más visto en la región en los últimos 50 años.

Abner Benaim fue entrevistado por GPS audiovisual.

-¿Cuándo fue el momento en que dijiste “no filmo más: terminé el documental”?

Cuando me di cuenta de que el final sería arbitrario. Que no era necesario un final orgánico, pues con Rubén cada final marca un nuevo comienzo, un nuevo ciclo, y lo mío fue una visita a su carrera nada más, un compás.

-¿Cuándo empezó la idea del documental? ¿Con qué material contabas?

Cuando empecé, no tenía más nada que lo que había visto como fanático, lo que había escuchado toda mi vida como cualquier otro amante de la música latina. No miré material de archivo antes de arrancar a filmar, pero hablé mucho con Rubén y lo filmé en varios conciertos (recitales). Hasta que sentí que lo conocía bien, que teníamos confianza.

-¿Cuánto tiempo llevó la realización? ¿Qué estaba planificado al iniciarse el rodaje?

Rodamos unos 40 días en el transcurso de dos años. La edición y postproducción tomó otro año aproximadamente. Ese fue más o menos el plan. La idea era tener tiempo, pero no necesariamente para grabar más, sino para llegar a un lugar más íntimo.

-¿Quién era Blades para vos antes de empezar a filmar y quién es ahora, cuando ves tu película terminada?

Antes era un músico que admiraba por muchas razones, y por el cual sentía mucha curiosidad y aprecio. Ahora, igual, pero además es mi amigo.

-¿Cuánto tiempo demoró Rubén Blades en aceptar protagonizar el documental? ¿Por qué decidió hacerlo?

No recuerdo tener que convencerle. La relación fue madurando y la decisión de hacer el documental se dio de manera orgánica. Ya habían pasado años de conocerle antes de proponérselo. Si no me equivoco, todo empezó por una conversación sobre sus letras y el impacto que han tenido en la actual generación de latinoamericanos. De ahí surgió la idea de hacer algo, que fue evolucionando hasta convertirse en el retrato que hice.

Por qué decidió hacerlo es una pregunta que le hice yo a él. La respuesta la tenemos grabada y es parte del documental. Tiene que ver mayormente con decir las cosas como son, él mismo. Es una cuestión de contar tu propia historia, y que no la cuenten otros por ti. Aunque en este caso, aun si el narrador en la película es el propio Rubén, la confianza que depositó en mí para narrar su historia es tremenda, y la responsabilidad ni hablar. Rubén no vio ni siquiera un cuadro de la película y nunca me preguntó nada ni me indicó nada con respecto a cómo hacerla, qué incluir, que dejar por fuera. ¡Nada! Fue muy respetuoso con eso.

-¿Cuáles fueron los ejes iniciales de la narración, y qué se fue modificando en el camino?

El eje central inicialmente era la última gira de conciertos. Pero rápidamente me di cuenta que no íbamos a cerrar la película con “el último concierto”, pues Rubén iba a seguir tocando. Ahí soltamos (Felipe Guerrero el editor y yo) la idea inicial y nos quedamos con el tema de la muerte; no como un pensamiento depresivo sino como una fuerza que empuja hacia la vitalidad a los que la sienten presente.

-En la película se ven diversas locaciones, países, entrevistados. ¿Los productores estaban desde el primer momento o la inversión fue aumentando conforme iba creciendo el documental?

Los viajes y los entrevistados eran parte del plan. Aumentó un poco el presupuesto, pero más que todo por temas de postproducción y de derechos musicales. Uno que otro viaje fue inesperado: por ejemplo, tocó ir a entrevistar a Sting a Milán, porque estaba de gira.

-¿Cuál fue la participación argentina en la producción?

Fue una coproducción con Gema Films. Gema Juárez Allen es productora de la película. El cinematógrafo es Gastón Girod, argentino también. La edición (Felipe Guerrero), la postproducción de imagen (Sebastian Toro) y el diseño de sonido (Lena Esquenazi) se hicieron en Buenos Aires.

-¿Qué fue lo que más te dolió dejar afuera?

Una entrevista con Chris Walken. Es uno de mis actores favoritos de todos los tiempos y filmamos una entrevista que a mí me encanta, pero temáticamente no encajaba, y se quedó afuera…

-¿Terminar la película implicó desprenderse del personaje o acentuar la idolatría?

Tengo la suerte de conocer a Rubén como persona, y por más que lo admire, respete y le tenga mucho cariño, no siento la necesidad de idolatrarlo. Nunca lo he visto así. Su forma de hablar, sus canciones, sus historias, son tan familiares que lo que siento es que estoy con un amigo de toda la vida cuando estoy con él. También veo sus defectos y puedo activar una mirada crítica.

El hecho de que haya decidido no concentrarme en eso para el documental responde a la razón de ser de la pieza: quería exaltar la belleza de una persona que ha traído a través de su arte muchos mensajes positivos al mundo.

-¿Es verdad que Blades no quiso ver tu película?

No la ha visto. Es raro, pero no me sorprendió tanto. Rubén tiene su lado misterioso que sabe guardar. Lo curioso es que sí apoya la película totalmente y me acompaña a presentarla y a sesiones de preguntas y respuestas (que responde tranquilamente porque conoce todos los temas que están en la película). Igual, sí me gustaría saber algún día que la vio, y que la sintió sincera.

-¿Qué viste de tu cine que no sabías al ver la película terminada?

Vi que lo que más me importa siempre es lo mismo, y que entender qué es ese “lo mismo” me va a llevar toda la vida.

Norberto Chab

gpsaudio

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