Anahí Berneri estrena Aire libre

Por Julia Montesoro  | Para LA NACION

¿Cuánto espacio necesita el amor? ¿El hogar es lo que nos convierte en una familia? ¿Cómo se transforma la pasión con el paso del tiempo? Son algunas de las preguntas que Anahí Berneri convirtió en tema de su cuarto largometraje, Aire libre, «un drama romántico no exento de cierto humor patético», según cuenta la directora y coguionista del film que se estrena hoy, protagonizado por Celeste Cid y Leonardo Sbaraglia, quienes dan vida a un matrimonio a punto de estallar.

Aire libre - Sbaraglia y CidPadres de un niño bastante malcriado, ambos jóvenes y atractivos, en apariencia unidos por el sueño de reciclar una casa para irse a vivir lejos de la ciudad, los protagonistas de esta historia se instalan en los hogares de sus respectivos padres, mientras sigue adelante la construcción de la casa en las afueras. La distancia entre ambos crece. Y no sólo en sentido físico.

Como en su anterior película, Por tu culpa, donde Erica Rivas compuso a una madre sospechada de maltrato infantil, en Aire libre la cineasta vuelve a indagar en las tensiones y agobios de los vínculos familiares. «Después de Por tu culpa me había quedado con ganas de seguir trabajando sobre la familia y sobre el amor en el matrimonio. Qué pasa en lo cotidiano con el paso del tiempo. Qué sucede con el erotismo, con la sexualidad. Y quería seguir trabajando con un tono intimista. Por otro lado, tenía muchos amigos y conocidos que se estaban mudando, y en medio de esas mudanzas y de construcciones, había crisis», explica Berneri en relación con los disparadores argumentales de su nuevo film, coescrito por Javier van de Couter.

«La idea central es una crisis que no se pone en palabras, una separación que existe pero que no se discute. Y qué pasa con lo no hablado. Cómo la pasión se transforma en violencia», reflexiona la directora, para quien la casa en la que sueña instalarse la pareja protagónica de Aire libre «es como una metáfora de la construcción y deconstrucción de un matrimonio». Es que en ese lugar donde los intereses, deseos y pasiones se bifurcan, el aire se va tornando cada vez más viciado. «La intención fue reflejar cómo la casa no los contiene -apunta Berneri-, jugar el agobio de esta pareja precisamente en lugares abiertos. Por eso trabajamos con muchas locaciones, para dar más idea de la distancia. También quise que se sintiera ese desencuentro y encierro que tienen ellos en el matrimonio. Y esos intentos, que tienen en distintos momentos, de acercamiento. Aunque no parecen muy dispuestos a ello, también es evidente que tampoco pueden separarse totalmente.»

EXPONERSE AL OTRO

Celeste Cid y Leonardo Sbaraglia se prestaron al desafío de desnudarse en cuerpo y alma para componer sus personajes. Logran una química y grado de verdad tales que parecen diluirse los límites de la ficción cuando la película hurga en la intimidad cotidiana de este matrimonio en crisis. «Con ellos hablamos mucho de no caer en la pose o el estereotipo. Y ambos estuvieron de acuerdo en jugarse, en correrse del lugar fácil, del ideal de belleza, y exponerse más íntimamente», subraya la directora. «Lo que también trabajamos mucho con Celeste y Leo -agrega Berneri- fue mostrar el sexo y el dominio en el cuerpo del otro, como un arma. El cuerpo del otro no como el lugar de la conquista amorosa, sino en tomarlo como algo propio, no dejarlo escapar.»

Aire libre, dice su mentora, puede verse asimismo como «una reflexión generacional acerca del amor y la adultez». Y es que sus personajes parecen no resignarse a dejar atrás el adolescente que fueron hace ya tiempo. «Yo también me reconozco como parte de un generación a la que nos cuesta mucho madurar. Somos muy hijos, adultos fuera de rol», analiza la directora, nacida en 1975, madre de dos hijos y casada con el productor de cine Diego Dubcovsky. «En la película también hablo de otra cuestión generacional bastante fuerte: la pérdida de la juventud, o la búsqueda de una permanente belleza, como si de ello dependiera la vida», dice Berneri. «Hoy todo el consumo muestra el sueño de la juventud eterna y la seducción -agrega-. Pero como en cualquier pareja, con el paso de la convivencia cotidiana, el deseo se diluye. Y eso no tiene nada que ver con ser bellos, tener la figura de los veinte años o apariencia juvenil.»

Las tensiones del amor, cómo la pasión puede dar paso al desinterés por el otro, al egoísmo, al desborde y la explosión… Aire libre se plantea una mirada intimista, pero también -reconoce Berneri- «un tanto crítica» respecto del matrimonio. «Me siento con cierta autoridad para hacerla: hace dieciocho años que estoy casada, soy madre de dos hijos, y ya tenemos una larga experiencia de convivir bajo un mismo techo», concluye la cineasta.

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Fuente: http://www.lanacion.com.ar/1693323-cuando-los-cimientos-crujen

 

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