Estrenado en mayo de 2023, el documental Sebastián Moro, el caminante, de María Laura Cali, a partir de febrero se puede ver gratuitamente en la plataforma Bafilma y en Cine.ar Play. La reaparición de esta película adquiere una especial connotación, en los días en que se trata el proyecto de ley de reforma laboral que jaquea a la industria audiovisual y el de derogación del Estatuto del Periodista. La película aborda los últimos dias del periodista Sebastián Moro, su periplo de Mendoza a Bolivia y su crimen, aun impune, en la larga noche del 10 de noviembre de 2019.
-¿Qué te genera saber que Sebastián Moro, el caminante está disponible en plataformas y que hay una nueva posibilidad de llegar al público?
Fue una grata sorpresa que nos emocionó. Hace dos años lo habíamos cedido al INCAA y más recientemente a Bafilma, la plataforma de la provincia de Buenos Aires. Simultáneamente, con gran sorpresa para bien de todos nosotros, de todo el equipo y sobre todo de la familia —que aún continúa llevando la lucha por el pedido de justicia de Sebastián—, se está proyectando en ambas plataformas. Y con acceso libre y gratuito, además.
Nosotros siempre agradecemos tener más pantallas para el documental argentino, que habla de la realidad no solo de Argentina, sino en este caso también latinoamericana y sobre todo del periodismo. En el caso de Sebastián, fue un chico sumamente comprometido con sus ideas desde su Mendoza natal.
En estos días, que en el Congreso se debate la ley del Estatuto del Periodista y la nuestra, la de la cultura, me lo imaginaba a Sebastián ahí luchando como siempre, como fue su característica.
-En mayo próximo se cumplirán tres años desde el estreno. ¿Qué recorrido esperabas?
Estoy sumamente agradecida por todo lo que pasó. Desde aquel primer momento en que pensé en hacer este documental para devolverle la voz a Sebastián, todavía impactados por su muerte, a todo lo que ocurrió después: la gira por Europa, los estrenos en el Malba y en el Gaumont, las funciones que hicimos en las universidades, en centros culturales y en lugares más alternativos que no tienen que ver con el cine comercial. El estreno en Bolivia también fue sumamente significativo porque el documental fue usado para el apoyo a la causa de pedido de justicia. No todo tiene que ver con el mercantilismo o con el cine comercial.
Siento que se sembró una semilla. Uno está narrando una historia que es significativa no solamente para Argentina, para Latinoamérica, sino desde el rol del periodista en el mundo en este momento. Y eso siempre como documentalista te compromete a continuar, como lo hizo Sebastián en vida.
-Terminaste de rodar El espacio habitado, otro documental, que tiene que ver con tu propio camino recorrido. ¿De qué se trata?
Es una historia que venía pensando incluso antes de Sebastián Moro. Una vez que concluí ese proceso, retomé este proyecto. Tiene que ver con mis raíces: yo nací en San Luis, me crié en plena dictadura, mi padre estuvo exiliado, mi madre tuvo que recurrir a la justicia porque en esa época ni siquiera existía la patria potestad para la mujer. Y nosotras con mi hermana pasamos a depender de un juez. Recorro la ausencia de mis padres, esa infancia en un pueblo, en un San Luis de esa época, en donde también mi mirada se modificó al estar ellos ausentes. Es esa necesidad de volver y reflexionar sobre la ausencia, sobre los espacios que habité. Tengo un equipo precioso, tanto en San Luis -donde logramos que se declarara de interés por la provincia-, como acá en Buenos Aires. En San Luis estuvo como director de fotografía Sebastián Pereira y Andrea Breninato en producción. En Buenos Aires me acompaña Carmen Guarini, a quien siempre tengo cerquita y por suerte me acompaña en guion.
-¿En qué etapa se encuentra el documental y cómo te interpela al reconocerte en esa historia?
Estamos en proceso de montaje con Alejandra Almirón, llevándolo de manera independiente. Marcelo Schapces -mi pareja-, desde Barakacine, se puso al hombro toda la película. Esperamos ver qué camino consigue porque en este momento un documental de ensayo en este INCAA no es tan sencillo. Lo estamos llevando adelante con muchísimo amor y compromiso y esperamos estrenarlo dentro del 2026.
Voy por la tercera etapa de edición: tengo tres versiones. El cine te va llevando a que la película encuentre su propio camino. Así nos pasó con Sebastián Moro: nunca imaginamos hacer esa gira internacional por ocho países de Europa y que nos recibiera y apoyara Stella Assange, cuando Julian Assange todavía estaba preso. No digo que esto va a ser lo mismo, porque es más autobiográfico. Yo necesitaba recluirme y reflexionar sobre mí misma. Estoy en esta etapa.
-Sos actriz de ficciones ajenas, pero en cine te expresás en el documental. ¿Qué tiene el documental como lenguaje que te interesa abordarlo?
Yo descubrí al documental cuando empecé a trabajar en el CEPIA (Centro de Investigación y Producción Audiovisual), en el año 2009 ó 2010. En ese contexto hice muchos proyectos. No solamente estuve como productora delegada, sino que realizamos el documental de la Villa 21, que demandó un año de trabajo enorme. Es un documental más institucional, más corto, y a partir de allí se me abrió todo un mundo dentro de mi cabeza.
Independientemente de que yo antes venía trabajando como directora de casting, de extras, es un camino que se fue construyendo solo, descubriendo cómo el testimonio propio, vivo, auténtico, no actuado, tenía mucho más peso que la ficción.
De todas maneras, me formé desde muy pequeña como actriz, me vine a Buenos Aires como actriz y ese amor lo sigo teniendo. Actualmente sigo mucho con teatro independiente; presentamos los viernes en el Teatro del Grito una obra que se llama Ortopedia Sánchez, una adaptación de Andrés Mangone de Los derechos de la salud. Sigo con mis dos amores. Pero nunca podría dirigir ficción.
-¿Te preguntás por qué?
Porque amo el documental. Vivo formándome y haciendo cursos. Tengo otros proyectos que estamos desarrollando más en investigación. Recientemente me incorporé a una cooperativa audiovisual, con la cual estamos elaborando proyectos documentales. Creo que ya estoy grande, no tengo 20 años; lo que queda es seguir disfrutando de mi actriz, de esa que fui de pequeña. Pero también busco profundizar mi formación y mi compromiso con el documental, porque es lo que en este momento me convoca.
-Por lo cual después de un proyecto tenés otro en desarrollo…
Estamos en una etapa de investigación desde la cooperativa Universo Audiovisual. Se llama Secretos de Estado y es el hallazgo inédito de muchos documentos que se encontraron en un departamento en Palermo sobre la Revolución Libertadora, sobre la vicepresidencia de (Isaac) Rojas. Es un archivo realmente muy grande, desconocido, que se encontró escondido en un baúl. Estamos haciendo la digitalización y la investigación de lo que contiene. Y pensando en el recorrido, para ver dónde lo donamos donde pueda ser resguardado. Es un proyecto que llevamos adelante con Casiana Batista, una gran amiga, presidenta de la cooperativa, que está muy entusiasmada.
-¿Qué te interpela de este hallazgo?
Ver todos esos apuntes, libretas, fotos, cuadernos de entradas y salidas escondidos en un departamento, es muy conmovedor. Y te lleva a reflexionar sobre el odio, sobre todo lo que ocurrió en el bombardeo a Plaza de Mayo en el 55. Hay una nueva versión de la historia que aparece a partir de estos archivos, que nadie ha visto salvo nosotras.
Julia Montesoro


