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Todo el cine y la producción audiovisual argentina en un solo sitio

DIRECCION EJECUTIVA: JULIA MONTESORO

Carlos Jaureguialzo, del EAN, frente a la reforma de la ley laboral: «En estos dos años no hubo ninguna película con dinero del INCAA»

El Espacio Audiovisual Nacional, que reúne a distintas organizaciones del sector, convocó el miércoles 4 a una conferencia de prensa en el Congreso de la Nación para explicar el impacto negativo que significaría para el sector audiovisual la aprobación de los artículos 210 y 211 de proyecto de reforma de ley laboral.

Carlos Jaureguialzo, directivo de Directores Argentinos Cinematográficos -una de las entidades que integra el Espacio Audiovisual Nacional- participa activamente en la defensa del sector audiovisual, que hoy ve peligrar la producción. Visibilizando la gravedad de la situación y dialogando con quienes tienen la oportunidad histórica de mantener una industria que durante muchos años genera puestos de trabajo y retroalimenta el mercado interno.

-En los próximos días se debatirá la aplicación de la ley de reforma laboral en la Cámara de Senadores. Visibilizar el tema es una carrera contrarreloj.

Los artículos que afectan al audiovisual son los 210 y 211. Hay que tratar 200 artículos en una sola sesión… Se pueden llegar a tratar a las 7 u 8 de la mañana. Entre gallos y medianoche, con los senadores dormidos. Tratando de llegar a los senadores provinciales, por lo menos para que sepan de qué tratan estos dos artículos. Porque en verdad el enunciado expresa «Derógase el artículo tal de la Ley tal». Sin otro detalle. La mayoría de los senadores nos dice lo mismo: «Yo no sabía de qué se trataba».

-La conferencia del Espacio Audiovisual Nacional en el Congreso tuvo una importante resonancia en personas y sectores que desconocían la gravedad de la situación. ¿Cuál es la sensación que te quedó después de lo que ocurrió?

Nosotros quedamos muy contentos porque nos pareció que en el tiempo y el espacio que tuvimos —hacer una conferencia en el Congreso es muy bueno por el ámbito—, dijimos distintas cosas que son complementarias. No hubo un discurso único. Nos pudimos expresar, contestamos preguntas del periodismo, hablaron algunos legisladores, estuvo gente caracterizada del medio como actrices, actores o directores. Nos hicimos eco de una ponencia que representa a todo el sector. Salvo alguno que no vale la pena mencionar, esto es unívoco: sabemos que es una locura lo que se está planteando. Terminada la conferencia, el sabor es bueno. Después, ¿qué va a pasar con esto? ¿Cuánto va a llegar a los legisladores? Ese pronóstico es difícil.

-El EAN estuvo muy activo al contactar a legisladores y ponerlos al tanto del significado de estos artículos mucho antes de la conferencia. ¿Qué conclusiones sacás de esas conversaciones?

La ronda de visitas a legisladores fue muy buena en general, hubo buena recepción. Algunos decían: «Ah, no sabía nada, no entendía lo que decían sus artículos, no había llegado a leer hasta ahí». Estas modificaciones aparecen en el artículo 210 y el 211 de unas 170 páginas. También para los legisladores debe ser difícil leer todo y ver cuál es el artículo de qué ley. Está bien que tengan asesores, pero no es fácil. Y menos estos artículos que son los últimos y quizás los que menos les interesan, porque en el medio hay leyes laborales que son mucho más gruesas y definitivas. Pero en general, la recepción fue buena.

Vamos teniendo reuniones cuando se puede y con quien se puede para llevar nuestras propuestas. Al final de la conferencia tuvimos una reunión con Josefina Tajes, la mano derecha de Patricia Bullrich, jefa de sus asesores. Después estuvimos con la secretaria general del radicalismo, una chica joven nombrada en diciembre, muy predispuesta.

-¿Por qué creés que buscan derogar la ley que prevé obtener fondos que no provienen de rentas generales?

Es imposible contestar esa pregunta con seriedad. Primeramente diría que las asignaciones específicas son virtuosas. Ideológicamente -porque lo dijo Patricia Bullrich a un compañero nuestro que le preguntó-, ellos están en contra de las asignaciones específicas. A lo largo del tiempo, lo primero que reglamentó el Gobierno con relación al cine fue en 1957, durante la Revolución Libertadora. Después se promulgó la Ley 17.741, la Ley del Cine que siempre mencionamos. Es de 1968, durante la dictadura de Onganía. Y se reformó en 1994, durante el menemismo. En todos esos momentos, ¿dónde está el comunismo expreso que ellos persiguen?

En todo el mundo los fondos para el cine provienen de asignaciones específicas. Los países de Europa, que son los más adelantados en esta materia, regulan a las plataformas: les piden un impuesto, un gravamen y además una cuota de pantalla y una cuota de producción. Y lo hacen porque quieren tener ese público: pagan el gravamen y cumplen con la cuota. Eso es una asignación específica: una parte de lo que ganan las plataformas con sus usuarios vuelve al cine o al audiovisual. Esto significó un florecimiento de la producción y hasta una vuelta del público a las salas.

-¿Cómo se explica la inclusión de estos dos artículos en el contexto de una reforma laboral?

Pareciera la venganza de alguien. No tiene ninguna explicación. El cine es superavitario: crea divisas, crea trabajo. Es mentira que se pierde plata con el cine. En la conferencia se dijo acabadamente, con datos del BID. El BID hizo en el 2024 un estudio sobre Netflix para entender cómo el audiovisual funcionaba económicamente. El resultado es que tiene una devolución mucho mayor a lo que se invierte.

Hay otro tema que contradice los supuestos argumentos: en el proyecto de ley que presentó el Gobierno, se pide derogar el impuesto del ENACOM (aunque en el dictamen de las comisiones fue rechazado). Si el ENACOM cobrara ese impuesto, después el artículo 97 -que determina cómo se reparte ese dinero-, atacaría directamente los incisos correspondientes al cine y la Radio y Televisión Pública, según el proyecto presentado. Si el problema fueran las asignaciones específicas (hay más de veinte, que se refieren a otros rubros), deberían eliminar todas. Pero no lo hacen: solo es específico con respecto al audiovisual.

-En la conferencia de prensa se abordaron otros aspectos, además de estos dos artículos. El desfinanciamiento del cine no implica solamente que los directores y los productores no puedan filma: también desfinancia el INCAA. Por ejemplo, disolviendo la Comisión Asesora de Exhibiciones Cinematográficas (CAEC). O quitándole fondos a la ENERC y sus distintas sedes.

Es así. En una conversación que tuvieron compañeros nuestros con la senadora Bullrich, ella dijo: «No se preocupen porque igual el INCAA va a quedar dentro del presupuesto nacional y será la misma plata que recibiría por esta otra asignación». Lo cierto es que, en el presupuesto de este año, de lo que el INCAA mandó como presupuesto propio, quitaron 19.000 millones de pesos. De un presupuesto que es de 40 o 50 mil millones, no es un vuelto: es un 40%. Así que sí, es para preocuparnos.

-Una muletilla que de tanto repetirse hay quienes terminaron por creerla es que se hace cine «con la nuestra». Para explicarlo una vez más y desarticular esa expresión, ¿por qué a los directores, productores, técnicos y sectores que integran el Espacio Audiovisual Nacional les interesa que siga existiendo el INCAA?

Antes que nada, una película no se hace solamente con el dinero, crédito o subsidio del Instituto. Eso es una parte -que además, actualmente es mínima-, pero que permite armar un proyecto con otras ayudas. Hay muchas provincias que actualmente tienen el sistema de cash rebate. O sea que el dinero que esa provincia gasta inicialmente, después se reintegra. Sin la patada inicial del INCAA, no digo que es imposible producir (porque producen las plataformas o quizás algún productor por la suya), pero el sector en general no podría, en tanto no tenga esa inversión inicial del Instituto. Los productores y los directores ponen su trabajo y dejan años de vida detrás de un proyecto. Y no lo cobran mes a mes: no se trata de que el Instituto te paga un sueldo. Te da un dinero para hacer la película, pero antes de eso estuviste un año haciendo el guion, dos años hablando con actores, entusiasmando a alguno importante para que lo demás fluyera. El INCAA es indispensable.

En estos dos años no se hizo ninguna película nueva con dinero del INCAA. Eso que alguna vez dijimos, «0 películas», es absolutamente cierto. Las que se estrenaron son las que vienen de anteriores gestiones y como las películas tardan varios años en producirse, aparecen ahora. También están las que se hicieron a pulmón, porque siempre la gente más joven se junta con cuatro amigos y hace una película. Eso es extraordinario, pero no puede pensarse como un esquema de industria cinematográfica como debiera ser y que podría traer divisas al país. No se puede hacer cine a los ponchazos con cero pesos. Por eso digo que es imprescindible que exista el INCAA.

También se busca instalar en la gente que para hacer cine «se roban la plata» o que «hacen películas que no ve nadie». El cine estadounidense hace unas 200 ó 300 películas por año. ¿Cuántas conocemos acá en Argentina? ¿Diez, con suerte? ¿Y cuántos fracasos tiene? De eso no se habla. Un productor de otra generación llamado Jorge Estrada Mora decía que el cine era como buscar petróleo: de 10 películas por ahí nueve son fracasos y una es un éxito. Y es como encontrar petróleo porque no se sabe cuándo aparece ni cuánto se puede ganar. Nadie hace una película para perder.

-Una falacia idéntica a contar los espectadores de las salas como argumento para desacalificar una película.

Actualmente hay una baja en la recaudación. La gente -pandemia mediante o no sabemos por qué-, ha abandonado las salas. Pero aunque solo se cuente la gente que ve una película en las salas, yo digo siempre lo mismo: el cine es como la literatura, es perenne. Yo leo a Dostoyevski, que escribió hace 200 años y el libro está. Con el cine ocurre lo mismo: veo las primeras películas de Leonardo Favio, así como veo La Guerra Gaucha y aunque yo no vivía cuando se hizo, la película está. Si la buscás en un archivo o plataformas, tienen un montón de visionados. Aunque eso no se cuente y solo se tenga en cuenta los espectadores en las salas.

-El presidente de la Academia de Cine, Hernán Findling, nos decía que, con suerte, el año próximo pensaba que podían haber 10 películas nacionales. ¿Ustedes tienen el mismo pronóstico?

Más o menos coincidimos. Es uno de nuestros temas de conversación. Me decía Vanesa Pagani, que va mucho al Instituto —porque incluso la consultan, aunque después no le den bola—, que de los concursos donde hubo ganadores nadie filmó todavía, porque el dinero que da el concurso es exiguo. Así que es una cifra probable.

-En la conferencia de prensa también se habló de la pérdida de presencia en los grandes festivales internacionales y los mercados, donde en los últimos años se hicieron muy buenos acuerdos de coproducción y financiamiento. Eso también está en juego ahora.

Es una de las preocupaciones. Lo planteó Alejandro Israel, que es productor: este año en Berlín, de 205 películas en competencia hay 27 de Latinoamérica. De esas 27, una sola es argentina. Hay una presencia muy activa de Brasil. Y también hay cine de Colombia o de Chile. Argentina era el primer productor audiovisual de Latinoamérica, tal vez superior a Brasil. Hoy, esto es lo que hay. ANCINE, que es el INCAA de Brasil, normalmente coproducía con Argentina. En los dos últimos años no hubo coproducciones porque la plata de Argentina no apareció. La industria de Brasil comenzó a crecer porque se lanzaron solos. El castellano es, después del chino y el inglés, la lengua más hablada. Hay un mercado enorme. Pero Argentina no está aprovechando las oportunidades.

-Si vinieras del futuro, ¿qué dirías que pudo haber pasado el próximo miércoles en esta sesión donde supuestamente se va a debatir la reforma de la ley laboral?

¡Dios mío! La verdad que es muy difícil. Hay contradicciones tan claras que es muy difícil hacer un pronóstico. Hoy decíamos: Hay 72 senadores y están más o menos empatados. Hay 20 de La Libertad Avanza, 21 del peronismo… suponemos que todo el peronismo vota en contra y toda La Libertad a favor. Quedan unos 35 «independientes» o neutrales que podrían votar cualquier cosa. Teóricamente los senadores dependen de los gobernadores, y los gobernadores están negociando con el Gobierno. Hay más o menos diez provincias que tienen su propia Ley de Cine, aplican el cash rebate, ofrecen ayudas. ¿Por qué? Porque les interesa les interesa que se filme en sus provincias: crece el laburo, el turismo, la hotelería, la gastronomía.

El cine no son solo los diez actores frente a cámara: es toda la parafernalia de servicios atrás. Ahora, esos más de diez gobernadores, ¿qué le aconsejan a sus senadores?  Si no está el dinero del Instituto, las ayudas provinciales no sirven. Un productor cordobés o jujeño necesita el crédito o subsidio del Instituto para que le sirva la ayuda provincial. Si no tiene la ayuda del Instituto no le sirve el aporte provincial. Todo eso se puede ir al demonio. Y si eso ocurriera, sería catastrófico.

Julia Montesoro

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