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Todo el cine y la producción audiovisual argentina en un solo sitio

DIRECCION EJECUTIVA: JULIA MONTESORO

Vanessa Ragone, productora de «El tiempo de las moscas», suceso en streaming: «Para que un proyecto me entusiasme debe tener corazón»

Vanessa Ragone es -a través de Haddock Films- productora de El tiempo de las moscas, la miniserie dirigida por Ana Katz y Benjamín Naishtat y protagonizada por Nancy Dupláa y Carla Peterson, constituida desde su estreno el 1 de enero en la serie más vista en la Argentina de Netflix.

Basada en dos novelas de Claudia Piñeiro –Tuya y El tiempo de las moscas-, la serie narra las peripecias de dos expresidiarias que se convierten en heroínas cuando se enfrentan a la posibilidad de volver a delinquir.

-¿Qué era El tiempo de las moscas cuando viste el proyecto por primera vez y qué te impulsó a abordar la producción?

El libro llegó de la mano de Claudia Piñeiro. Cuando se publicó, yo ya había producido tres películas basadas en sus novelas: Las viudas de los jueves, Betibú y Elena sabe. Siempre que Claudia publica tiene la gentileza de compartirme sus libros. Así que lo leí apenas salió. Un tiempo después, Netflix, que tenía los derechos de adaptación de esa obra y de su precuela —o la obra anterior de la cual deriva, que es el libro Tuya—, me propuso estudiar la posibilidad de hacer una serie uniendo la historia de ambos libros. Nos pusimos a trabajar muy intensamente con el equipo de guion, que en principio estaba al mando de Gabriela Larralde. Se estructuró esta serie de seis episodios y después sumamos a Ana Katz y a Benjamín Naishtat en la dirección.

-¿Cuál fue tu visión para encarar esta fusión de dos obras de Claudia Piñeiro?

Siempre pensé que en la obra de Claudia hay núcleos muy fuertes de orden social. Tiene unas miradas personales y profundas sobre los diversos mundos: la tenía en el del country en Las viudas de los jueves, de las redacciones periodísticas en Betibú y en el de las personas con dificultades físicas en Elena sabe.

En este caso había temas, como la salida de la cárcel de dos mujeres de mediana edad que tienen que buscar cómo reinsertarse en una sociedad que no les abre las puertas fácilmente. Había allí un mundo del crimen, así como estaba el de las moscas. Y estaba -sobre todo, y era lo que más me atraía del libro-, la relación de amistad muy poderosa que las llevaba hacia delante. En medio de las dificultades de tener que reinsertarse, de buscar un trabajo y de tener una casa, esa unión entre estas dos amigas, quienes se habían conocido en la cárcel y venían de mundos y experiencias muy diferentes, podía seguir adelante por un vínculo afectivo, solidario y de sororidad.

-A partir de tu lectura y tu mirada como productora, está el pasaje al lenguaje audiovisual. ¿Cómo la planteaste?

Siempre la pensé como una serie que tenía que tener cierta ligereza, con un poco de aventura; en algún punto la pensaba como las buddy movies, las películas de amigos. Me parecía que era la manera de abordar temáticas complejas. Que están contadas, pero busqué entrar en ellas dando un espacio para los espectadores que a lo mejor la visualizan en la televisión, el teléfono o la computadora, que no es lo mismo que ir a una sala de cine. Mi sensación es que esas temáticas profundas que Claudia toca con mucha certeza, nosotros podíamos traerlas con un poco más de ligereza.

Por eso pensé en Benjamín y en Ana como dos directores que saben trabajar en mundos con densidad, pero con un aire más liviano. Y efectivamente, el hecho de que a los quince días de estrenada esté en el top 10 y haya estado más de diez días primera como la serie más vista, creo que tiene que ver con eso. Además de tener dos directores muy relevantes y dos actrices protagónicas muy queridas y de muy alto nivel.

-Un rasgo saliente de Nancy Dupláa y Carla Peterson es que las dos se exponen desde lo físico. El espectador ve en ellas cuerpos naturales, con las huellas del paso del tiempo, como otro elemento que enriquece la historia.

Sí. Es un elemento que estaba muy presente. Lo trajo Carla Peterson desde el comienzo. En las primeras charlas -que luego tuvimos con Ana y Benja-, ella sentía que tenía que ser una Carla muy natural: ser la mujer que es, con los años que tiene. Trabajamos mucho en ese naturalismo que está muy integrado al relato. La serie tiene esa extrañeza un poco alocada en algún punto, con algunos juegos de planos y músicas, pero a la vez Carla y Nancy son dos mujeres como cualquiera de nosotras a esa edad. Quisieron exponerse y trabajar desde ahí, para lograr personajes aceptables y creíbles, para los otros en primer lugar y después para el público. Fue parte de la búsqueda.

Entre otras cuestiones de la serie, eso sobresale muchísimo y creo que es algo que las mujeres también valoramos. ¿Qué devolución recibieron, tanto vos como productora como ellas como protagonistas?

Recibimos muchos comentarios muy agradecidos. De mujeres y de varones también. Justo hace un rato me escribió un amigo actor español que decía: «¡Qué divinas que están y qué hermoso que hayan representado esta historia con mujeres maduras!”. Que se presentan como son, que no le tienen miedo a la ropa, al lookeo; todo eso fue muy buscado, porque de otra manera hubiera sonado inconsistente. No tenía sentido convertirlas, porque son dos diosas como son, no hace falta más.

Utilizamos referencias de otras series o películas, con la idea de realizar un trabajo propio de diseño visual, de arte, vestuario, maquillaje y peinado. Pero tomando como base la edad que tienen, desde la madurez y las cosas que les han pasado en la vida. De hecho, Carla tiene una cicatriz de maquillaje que pidió tener porque, por una situación de la serie, ella se lastima y esa lastimadura la acompaña durante el resto de su vida. Incluso hasta ese pequeño toque de la cicatriz es casi como una mosca sobre su ojo. Fue un trabajo muy colaborativo entre ellas, los directores y yo como productora.

-¿Qué debe tener una serie cuando te ofrecen un proyecto de estas características para una plataforma? ¿Qué elementos no pueden faltar?

Es lo que siempre me pareció desde mi lugar de productora: tienen que tener corazón. Los relatos deben estar acompañados por la emoción, tener la capacidad de conectar con el público. Siempre pienso en el público: sea más grande o más chico, nunca pienso en hacer cosas que no se dirijan a alguien. Tiene que ser una buena historia. Elijo mucho los proyectos por los guiones o por los libros que después pueden convertirse en guiones. Tiene que atraparte y darte ganas de seguir viendo. Y por supuesto, debe haber un elenco que esté acorde a esa historia. A las plataformas en general les interesan los nombres de los talentos. Pero aquí, además de Carla, Nancy y Valeria Lois, tenemos un variado grupo de actores y actrices estupendos que a lo mejor uno no ve tanto. Tuvimos la oportunidad de armar un elenco muy coral con gente que viene de muy distintos ámbitos: alguna de la tele, mucha del teatro por la vinculación de Ana, que es también actriz. Nos encantó traer de vuelta a Rudy Chernicoff, por ejemplo, un actor que hace muchísimo que no vemos. Y grandes actores como María Marull, Lola Berthet, María Rosa Fugazot, Diego Cremonesi, Diego Gentile… Nos dio mucha alegría armar un elenco coral.

-¿Esos son aspectos que llevan al éxito o a la repercusión?

¡Uy, si uno supiera! (Risas). El éxito o la repercusión siempre es muy mágico. Sí, en cambio, pensás en comunicarte: mientras rodamos y editamos siempre tenemos presente que debemos hablarle a un público. Allí se busca sumar todos los elementos posibles. Hasta la música también juega un rol superimportante: además de los músicos que compusieron la banda original, tenemos muchas inclusiones de rock argentino. Y tenemos en cuenta la calidad técnica y una narrativa que sea atrapante, porque es distinta la percepción en cada pantalla. La narrativa de esta serie es veloz, rápida, que sirve para maratonear. Quizás no es lo mismo que una película de Benjamín o de Ana cuando filman para sala. En ese sentido, aquí hay algo que hace que se siga viendo, que tenga engagement, que te atrape. Siempre hahe buscado eso: que los espectadores, sean de la pantalla que sea, salgan atrapados para conversar, para discutir. El asunto es llamar su atención y que se queden viendo lo que hacemos.

-En los últimos tiempos estás prácticamente entregada al trabajo para plataformas. ¿Qué pasa con las salas? ¿Tenés algún proyecto en mente? ¿Estás esperando mejores vientos para producir?

-Bueno, los vientos están raros. No hemos dejado de producir. A otro ritmo, porque el trabajo con las plataformas es intenso y muy valorado, pero estamos haciendo dos documentales que esperamos terminar este año para salas sobre dos temáticas muy importantes para mí. Uno sobre el trabajo de todas las mujeres y sectores que trabajaron para consolidar la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo y otro documental sobre Lohana Berkins, la activista trans. Son dos proyectos muy de nuestro corazón. También estamos por estrenar otra película documental en Netflix, dirigida por Alejandro Hartmann, sobre el caso Yiya Murano. Lo hicimos el año pasado y lo esperamos estrenar hacia abril. Es un documental de estructura Netflix. Siempre estamos desarrollando proyectos. En este momento estamos en finalización y posproducción de cosas para estrenar. En cuanto a lo que vendrá más adelante…viendo cómo seguir.

Julia Montesoro

-Muchas gracias a vos, Julia. Muy buen año y seguimos en contacto. Hasta luego.

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