El director vasco Asier Altuna presenta su más reciente producción, Karmele, en el contexto del festival MASS, que se presenta en la sala Leopoldo Lugones entre el viernes 28 y el domingo 30, con seis títulos presentados en la última edición de los Festivales de San Sebastián y Malaga.
Karmele combina el drama histórico, música y memoria, y pone el acento en la intimidad de una pareja y de una familia atravesadas por la guerra y la represión franquista. Está inspirada en la novela La hora de despertarnos juntos, de Kirmen Uribe, que a su vez se basa en una historia real.

-¿Qué encontraste en la novela que te decidió a encarar el proyecto de la película?
La verdad es que nunca pensaba que iba a hacer una peli de época. Nunca. Y aunque había oído un montón de historias de la guerra y la posguerra -de las que siempre nos han contado en casa- encontré una historia con unos personajes muy potentes y que tuvieron que lidiar con situaciones extremas. Desde Karmele, sus padres y Txomin Letamendi, que se convirtió en su marido. Vi muchos elementos cinematográficos, desde la música y el viaje que tienen que hacer. Porque son echados de su casa, se exilian en Francia primero, luego el segundo exilio en Venezuela y luego vuelven otra vez a su casa para intentar tumbar la dictadura.
Hay un montón de elementos muy cinematográficos ahí: espionaje, guerra, historia de amor, mucha música y sobre todo gente muy comprometida que luchó todo el rato por recuperar aquello que perdieron. Me parece una historia muy épica. De repente me volví loco con la historia y me tiré para adelante.
-¿Dónde decidiste poner el acento?
Me costó mucho decidirlo. Al tener un libro donde se contaba toda la historia y también tenía los testimonios de los hijos de Karmele y Txomin, A priori pensaba que la historia estaba escrita y me parecía que sería fácil seguirla. Pero al hacer una adaptación -era la primera vez- me costó muchísimo. Y acabé contando la historia, sobre todo, de esas mujeres que de manera casi silenciosa luchan pensando en la siguiente generación. Por recuperar de alguna manera lo que perdieron, pero pensando más en la comunidad que en ellas. Y ahí se me apareció Karmele. Porque he tenido en casa también mujeres referentes. Que han hecho mucho, por ejemplo, para recuperar esa lengua que fue prohibida durante tantos años en la dictadura, el euskera. Y yo he recibido eso desde casa y de repente puse el foco ahí. Me alejé un poco de la épica de la guerra, del espionaje y ese mundo de hombres, y puse más el foco en ellas.
-¿Qué te llevó a tomar esa decisión?
Fue un camino que me llevó el proceso de guion. Yo suelo trabajar así: no voy pensando qué peli voy a hacer, sino que dejo que me arrastre la historia. Y voy armando la historia según voy trabajando.
– ¿Qué tiene para decirnos hoy una historia ocurrida hace más de 80 años?
Desgraciadamente mucho. Parece una historia de otra época, pero desgraciadamente estamos viviendo una época en la que el fascismo y el totalitarismo está apareciendo con mucha fuerza. Aquí en América Latina, en Estados Unidos y en Europa por todos lados, ¿no? La verdad es que da miedo. Aunque en la película no aparece, de alguna manera está ahí la época de la Segunda República. Una época que culturalmente era una maravilla. Se estaban dando cambios muy importantes en la educación. Las mujeres consiguieron que pudieran votar. Fue en el 32. Era una época de muchos cambios y el Golpe de Estado fascista vino a romper todo eso.
Ahora también estamos bien de libertades, pero tenemos que ser muy concientes de que en cualquier momento, de un plumazo, podemos volver a muchos años atrás. No está mal que la peli venga en este momento porque creo que, sobre todo, las generaciones nuevas, los jóvenes, deberían de concienciarse de que hay que luchar por mantener esas libertades que tenemos. Por eso también lo estamos trabajando para llegar con la peli a las escuelas.
-Un punto de fuerte conexión con la actualidad es el protagonismo de las mujeres. ¿Cómo surgió la idea de poner el eje de la historia en Karmele?
Karmele también no es solo ella como personaje: también su madre. Es increíble lo fuerte que era. Era maestra de escuela y presidenta de la asociación de mujeres de su pueblo, en una época en la que, como he dicho antes, se estaban dando muchos cambios en la educación también. Creo que está claro que era una mujer muy comprometida con esos cambios y con la cultura, y sobre todo también que dio una buena educación a su hija: le mandó a Valladolid a estudiar enfermería. Esta historia es una historia de generaciones. Al final hay un momento clave en la peli, que es cuando Karmele se da cuenta que la dictadura es más fuerte de lo que pensaban. Su marido sigue y se va a la guerra otra vez, se va a luchar, pero ella se da cuenta de que lo inteligente es trabajar la siguiente generación. Darle unos buenos estudios a esos chavales para que algún día puedan recuperar todo eso que perdieron.
Creo que ese espíritu de transmisión es muy de las mujeres también, ¿no? Ese trabajo silencioso en la retaguardia, de crear bases para que no se vaya al carajo todo. Es un valor que me gusta mucho contar, porque a nosotros también nos ha llegado eso desde otras generaciones. Creo que el pueblo vasco es un poco eso. Trabaja mucho las transmisiones.
-Karmele se presentó y se estrenó en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián, donde te otorgaron el premio Zinemira a la trayectoria. ¿Qué representó este reconocimiento?
Cyó en la figura mía y de Telmo Esnal, porque hace 20 años hicimos un largometraje en euskera que fue muy exitoso. Desde allí arrancó una nueva era de pequeña industria: de técnicos, directores, productores y actores que empezaron a hacer cine en el País Vasco sin poner el foco en ir a Madrid o a Barcelona a trabajar. Somos la primera generación que nos hemos quedado allí y de manera natural hemos acabado viviendo, haciendo cine en Euskal Herria.
Aquella película, que se llamó Aupa Etxebeste, fue de las primeras. Llevaba mucho tiempo sin hacerse una película en lengua vasca y tuvo muchísimo éxito. Ganó el Premio de la Juventud en el Festival de Cine de San Sebastián y además tuvo mucho éxito de público. Nos recayó a nosotros el premio, pero creo que es el reconocimiento a toda esa gente que, con ayuda de las instituciones, hemos acabado haciendo cine y teniendo un nivel de calidad cinematográfica muy importante. Además, muchas de esas propuestas son en euskera. Desde aquella peli, que era como algo novedoso, ha resultado que este otoño, por ejemplo, ha habido o se están estrenando cinco películas en Euskera. Con temáticas y puntos de vista muy diferentes, pero sobre todo donde hay mucha calidad, gente joven, gente que ya somos veteranos y propuestas, creo, muy interesantes. Al final, es un premio a toda esta gente que hemos conseguido crear una pequeña industria.
Julia Montesoro


