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Todo el cine y la producción audiovisual argentina en un solo sitio

DIRECCION EJECUTIVA: JULIA MONTESORO

Eva Libertad, directora de «Sorda», que se presenta en el Festival MASS: «Vivimos en una sociedad que da la espalda a la diversidad»

La producción española Sorda, ópera prima de Eva Libertad, tiene su estreno argentino en el marco del festival MASS, que se celebra entre el viernes 28 y el domingo 30 en la Sala Lugones de Buenos Aires.

En marzo último, la película había obtenido un arrasador triunfo en el Festival de Málaga, donde ganó la Biznaga de Oro a la Mejor Película Española; las Biznagas de Plata a la Mejor Interpretación Femenina (ex aequo) para Miriam Garlo y Mejor Interpretación Masculina (ex aequo) para Álvaro Cervantes y el Premio del Público.

Antes, en su estreno mundial, tuvo su consagración en el Festival de Berlín, donde ganó el premio a Mejor Película de la Sección Panorama. A partir de allí obtuvo su reconocimiento internacional en más de cincuenta festivales.

-El germen de Sorda es un cortometraje homónimo realizado en 2021. ¿Qué te llevó a plantearlo como largometraje?

Pues que el corto se nos quedó corto. ¡Nunca mejor dicho! El corto solamente cuenta ese momento en el que Ángela empieza a plantearse ser madre y todos los miedos, las inseguridades que siente cuando se piensa como una madre sorda en un mundo oyente. Pero eso no llega a suceder: de hecho, ni siquiera está embarazada durante lo que cuenta el corto. Entonces, nada más terminar el rodaje, pasaron varias cosas. Una, por un lado, que como guionista y directora me quedé con ganas de saber qué pasaba si eso realmente sucedía, si la criatura llegaba. También me quedé con muchas ganas de seguir indagando en este personaje y sobre todo de profundizar más en el vínculo entre el mundo oyente y el mundo sordo a través de esta pareja protagonista.

Y luego también lo que pasó fue que me quedé con ganas de seguir trabajando con mi hermana, con Miriam (Garlo), que es la actriz protagonista, con quien ya habíamos trabajado juntas en teatro. Pero en el corto fue la primera vez que yo tomé conciencia de hasta qué punto es una actriz enorme y que me da mucho placer verla a través de la cámara.

-¿Había película sin ella?

-No, jamás. Primero, no habría película sin ella como actriz y tampoco habría película sin ella si no fuésemos hermanas. Yo puedo hacer esta película sobre sordera o sobre este personaje -aunque para mí trata de muchos temas-, porque mi hermana es Miriam, porque soy hermana de Miriam y sé lo que es la sordera a través de ella, pero yo no sé nada de otras discapacidades. Me refiero a que vivimos en una sociedad que da la espalda por completo a la diversidad, a cómo sienten, cómo viven, cómo están en el mundo personas con diversidad funcional, con discapacidad. O tienes una persona sorda o con otra discapacidad muy cerca o no sabes cómo es eso. Además de que cada persona sorda vive de una manera diferente y tiene unas necesidades diferentes también.

-Hay distintos tipos de sorderas y de formas de comunicarse, ¿no?

Y diversas personalidades y maneras de estar en el mundo.

-¿Cuánto de la verdadera personalidad de Miriam se refleja en el personaje?

Ángela y Miriam comparten ciertos malestares que tienen que ver con ser una persona sorda en un mundo oyente y capacitista, donde las personas sordas tienen que estar haciendo un sobreesfuerzo continuo por desplegarse, por comunicarse. Pero entre las cosas que no comparten, Miriam no ha sido madre, no ha dado a luz, no ha pasado por la experiencia de estar en un paritorio. Toda la historia es de Ángela, es del personaje. Miriam hizo un trabajo como cualquier actriz. Pero puede entender ciertas situaciones en las que Ángela no puede comunicarse o no termina de encontrar su lugar.

-Entre muchas otras complejidades que atravesaste al abordar el universo emocional de una persona sorda, hay un trabajo muy especial con el sonido. ¿Cómo se logró?

El sonido fue de lo más difícil. Me preocupaba mucho caer en algo efectista. Es una película que se prestaba mucho a hacer grandes virguerías con el sonido, e incluso hacer un uso maniqueo y subrayar lo emocional. Me preocupaba caer en eso porque como público no me suele gustar cuando veo muy claramente la intención de la directora o del director diciéndome: «Ahora te tienes que emocionar, ahora tienes que llorar». Eso me suele distanciar. Aquí finalmente encontré esa estructura narrativa en la que —sin hacer spoiler, que yo suelo hacer spoiler y soy fatal para eso—, estamos la mayor parte de la película muy cerca de Ángela, pero fuera de ella, y con un sonido aparentemente naturalista, aunque está muy trabajado, y solo en un momento entramos dentro de ella. Creo que también es una manera de terminar de entenderla, terminar de empatizar con qué es lo que está sintiendo.

-¿Cómo fue llegar a aquello que querías crear en cada momento de la película?.

Una de las cosas que más cuidamos -tanto desde guion como luego en la planificación de la película y en el rodaje-, fue el arco emocional de la película. Ese arco emocional es el de Ángela. Entonces había que tener muy claro qué queríamos sentir. Cuando llegaba al rodaje ya habíamos hecho la planificación, la preproducción y tenía muy claro qué quería transmitir emocionalmente con cada secuencia. Y en cada momento era hacerme esa pregunta: «¿Está sucediendo eso que necesita en este momento emocionalmente la película, sí o no?». Y seguir haciendo tomas hasta que eso sucedía. Y luego a nivel de sonido, igual: que el sonido acompañe el estado emocional de Ángela, pero de una manera muy invisible, durante toda la película, salvo al final que ya entramos dentro de ella. Tuvimos que construir toda esa parte en la que el sonido cambia. Si sigo hago spoiler (Risas).

-¿Qué fue lo que más te impactó o lo que te sorprendió cuando la película se estrenó con público?

Me impresiona mucho que haya mujeres, madres oyentes, que me escriban y me digan: “No soy sorda y me identifico con los miedos de Ángela». Ver hasta qué punto la película llega a públicos muy diversos. Madres oyentes que me dicen: «Yo entiendo y he tenido esos miedos a no vincular con mi criatura, a no ser la madre que se espera de mí, que no encaja dentro del molde que todo el mundo espera». Y luego ver la cantidad de gente que hace suya la película. Al final era una película que tampoco sabíamos cómo iba a ser recibida. No hay tantos referentes, y la conexión que ha conseguido con el público es lo que más me impresiona y lo que más ilusión me genera. También creo que a veces tenemos una impresión del público que no es la que realmente es. En un punto, a veces creo que menospreciamos al público. Ha sido muy bonito descubrir que hay un público -además en muchos lugares del planeta-, preparadísimo para recibir esta historia y deseando recibir esta historia, y que te dicen: «No sabía esto y ahora quiero saber más».

-Por fuera de la sordera, la película habla de muchos temas que identifican a las mujeres, como la violencia obstétrica, la maternidad o la decisión de no maternar. ¿Buscabas abrir el arco temático?

Claro. Yo no quería que la sordera fuese el tema. Claramente Ángela está atravesada por la sordera, porque en este mundo ser sorda es un problema, pero no es un problema de Ángela: es un problema social. Para una persona sorda, la sordera puede ser una condición, una manera de estar en el mundo, no una carencia ni un problema. Es la sociedad capacitista la que no sabemos qué hacer ni cómo comunicarnos. Pero lo que tenía claro es que no quería que fuese la historia de una mujer sorda, sino que Ángela fuese trabajadora en su taller, compañera de trabajo, pareja —me apetecía entrar en su relación de pareja—, hija de su madre y de su padre y que tuviese los problemas familiares que también podemos entender y vivir. La maternidad por un lado, la amistad también. Me apetecía entrar en todos esos temas. Y siempre Ángela atravesada por su sordera.

Julia Montesoro

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