El Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales anunció a través de sus redes sociales el fin del programa «Cine en Cárceles», que había sido creado en 2016 durante la gestión de Alejandro Cacetta y proyectaba películas argentinas en cárceles para «garantizar el derecho a la cultura» de los presos.
«La gestión del INCAA discontinuó “Cine en Cárceles”, un programa de la administración anterior que, sin conexión con el objetivo institucional, drenaba millones de pesos anuales del Tesoro Nacional.
Esta acción directa, en línea con el mandato de ahorro y cuidado del contribuyente que nos condujo al superávit, asegura que los fondos se destinen exclusivamente a la promoción del talento y la producción audiovisual argentina. El INCAA deja de ser un “agujero negro” para ser eficiente y enfocado», comunicó el organismo rector del cine argentino a través de sus redes sociales.
Si bien el INCAA dio a conocer esta información el lunes 7, no es sino la ratificación de la resolución “Suspensión de erogaciones económicas en el marco de racionalización de recursos” de marzo de 2024, en la que se enumeran los rubros esenciales del recorte presupuestario que impuso el organismo.
Entre ellas se incluía la no renovación de contratos de personal monotributista que vencieron el 31 de marzo del año pasado (alrededor de 170 trabajadores), la “imposibilidad” de realizar nuevas contrataciones bajo la misma modalidad, el cese de pago de horas extra a los empleados, la eliminación de gastos adicionales en concepto de seguridad en todos los edificios del Instituto, la suspensión de los viajes del personal, los gastos de telefonía celular, la compra de comida y el pago de viáticos.
Camilo Moreira Biurra, coordinador del programa desde su creación hasta su desarticulación, respondió a través de las mismas redes: «El Programa Cine en Cárceles lo vaciaron y descontinuaron hace un año cuando nos pasaron a disponibilidad y despidieron a quienes llevamos adelante esa tarea. Mienten cuando dicen que «drenaba millones de pesos». Este programa que diseñé y llevé adelante por siete años consecutivos era una de las políticas más baratas del Instituto ya que para llevar adelante las actividades optimizábamos los recursos existentes del INCAA y de los organismos con los cuales articulábamos. El único costo adicional que tenía era ocasionalmente en algún remise para los actores, actrices, directores/as invitados/as a dichas actividades. Los derechos de exhibición eran cedidos gratuitamente por sus productores/as o tenedores de derechos, la gestión de la copia no implicaba gasto alguno, el equipamiento era el existente en el organismo, los técnicos operadores eran de la planta del incaa, la camioneta era del mismo Incaa, etc. Hasta dentro de su propia lógica de «gasto» era muy barato. Y a mi criterio no era un gasto sino una inversión en políticas públicas de acceso a derechos y desarrollo cultural que redundaba en beneficio de toda la sociedad. Tengo los informes anuales con las estadísticas del programa que pongo a disposición de quien me los solicite«.