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DIRECCION EJECUTIVA: JULIA MONTESORO

Leticia Brédice integró el homenaje a Fabián Bielinsky del Festival de Málaga: «‘Nueve reinas’ está incorporada en la memoria de la gente»

Leticia Brédice fue convocada por el Festival de Málaga -que finalizó el domingo 15- para participar en el homenaje a Fabián Bielinsky.

Protagonista de Nueve Reinas -la ópera prima de Bielinsky- participó en el tributo al fallecido director, que consistió en la entrega de una Biznaga de Honor (recibida por su hijo Martín) y las proyecciones de Nueve reinas y El aura y la presentación de Nueve auras, documental de Mariano Frigerio que reconstruye la vida del Bielinsky.

-¿Cómo llegó Nueve reinas a tus manos?

La productora Patagonik había abierto un concurso de guiones con un jurado de lujo, entre quienes estaban Norma Aleandro y Alejandro Doria. En ese momento de mi vida estaba en pareja con Pablo Bossi, el productor, uno de los que generó el proyecto. Había muchos guiones para leer. Yo los leía como pareja hasta que quedaron dos. Cuando Pablo me preguntó cuál me gustaba, le dije: «Sin duda, la del robo”. Era Nueve reinas, que originalmente se llamaba de otra manera y que había paseado por un montón de productoras que dijeron que no les intersaba esa historia. Dos días después, Pablo me dijo: «¿Podés creer que es la que eligieron?».

Yo estaba contratada por la empresa y tuve un encuentro con Fabián (Bielinsky) de mucho respeto. Era una persona que generaba admiración, respeto y mucha calma. En esa conversación le planteé que aunque estaba contratada, no tenía ningún compromiso si no quería que yo fuese la actriz. «Yo no quiero ser parte de un proyecto donde vos no estés cómodo», le dije. Y gracias al cielo, gracias a la vida, Fabián me contestó: «Quedate tranquila, que mientras yo escribía el proyecto pensaba en vos». Para mí fue un «menos mal», porque quería estar allí. En ese momento había otros dos actores y después aparecieron Ricardo (Darín) y Gastón (Pauls). Lo digo siempre: apenas empecé a filmar, me di cuenta de que esa película era diferente. Tenía otra energía, otra luz. Fabián trabajaba iluminado, con una precisión y un magnetismo único. Podía decir «la cámara va acá, tranquilos, vení caminando» y te transmitía una gran serenidad. Tenía clarísimo lo que quería.

-¿Es una película bisagra en tu trayectoria?

Con Nueve reinas sentí una luz impresionante. Solo me había ocurrido antes con Cenizas del paraíso. Era un momento en que los argentinos no íbamos cine argentino porque no nos gustaba. ¡Qué crueles que somos con nosotros mismos! Poco tiempo después del estreno, en un festival en Milán donde se compraban películas, Pablo Bossi me dijo: «Hablé con Argentina y la película ya hizo 500.000 espectadores». Ahí me di cuenta que lo que tenía de especial para nosotros se transmitió a ese público que no veía nuestro cine.

-¿Por qué creés en la vigencia de la película?

Porque todo es maravilloso: la música, la edición, el guion. Fabián tenía magníficamente escrito lo que iba a pasar. La película anticipó lo que ocurriría con el corralito. Habla del porteño, del engaño, de la estafa. Y el resultado final emociona. Hace poco me encontré con un productor que me contó que querían cambiar la película, con planos nuevos de los billetes y hablando del Bitcoin. ¡No tiene nada que ver con lo que hicimos nosotros!

Lo que me pasa todo el tiempo es que hay gente que la recuerda. Alguien me contó que tuvo que cerrar un kiosco que había abierto con su hermano y el padre les dijo «ustedes dos son dos inútiles. Les hicieron cinco veces la de Nueve Reinas». Hay mujeres que me cuentan: «A mí me tocaron el timbre y yo le doy el número de teléfono». O «yo le tengo la cartera» y se van volando.

Muchas veces me subo a un taxi y me escuchan hablar aunque no me ven. Me miran por el espejito y me dicen: «No te quiero molestar, pero ¿vos sos la actriz de Nueve reinas?». Cuando contesto que sí me dicen cosas como que se la mostraron a su hijo. La película tiene más de 25 años, pero hay algo en ella que la hace única y especial.

-¿Qué significó volver a los escenarios donde se filmó Nueve Reinas para hacer Nueve Auras, el documental de Mariano Frigerio?

A mí me gusta mucho aprender todo el tiempo. Ruego poder seguir aprendiendo y tener la serenidad para escuchar, para ser amorosa con mis compañeros y para disfrutar. Por eso, cuando Mariano me llamó, le dije: «¿Cómo no voy a ir? ¿Los chicos te dijeron que sí? Contá conmigo». Ese día hasta pensé en vestirme parecido. Había ido a la peluquería y el peluquero, que vio la película mil veces, me hizo un peinado levantado, como en la película.

Y cuando llegué al Hilton… Me pasa muchas veces que cuando entro al Hilton (por una entrega de Martín Fierro o alguna fiesta) tengo la sensación de que trabajo allí. Es una locura, pero camino y saludo a la gente que está allí como si hubiesen visto la película. Como si yo fuera parte de ese lugar.

Cuando nosotros empezamos el Hilton todavía no se había abierto. Y cuando volví para filmar, llegué antes porque ahora tengo fascinación por estar allí, quedarme, tomar un café, acompañar al equipo, ver las cámaras. Mariano Frigerio es un genio, un gran documentalista y una persona de un amor y una humildad enorme. En él encontré un amigo, algo que no es común: no tenés por qué hacerte amigo del director. Y también me pasó eso con Martín Bielinsky, el hijo de Fabián y con Cristina, su viuda. Volví a encontrar una unión con ellos que necesitaba volver a tener como forma de agradecimiento a él.

Las frases de Fabián está incorporadas a la gente. Todo el tiempo escucho «uy, ¿y qué canción es?». Y yo me quedo mirando. «Vos no sabés qué canción es “Il ballo del mattone» (Rita Pavone), me dicen. Me ha pasado de ir a un restaurante llamado así y que me digan que el nombre no es por la canción sino por la película. Días atrás recibí una bolsa, una remera, un mate con el logo de Nueve Reinas.

Cuando llegué al rodaje -en parte es la respuesta a la pregunta que me hiciste-, lo primero que me bajó al cuerpo del cielo es «Yo quiero disfrutar, quiero mostrarles a ellos la caminata”.

-Esa caminata icónica, ¿no? Que volviste a hacer en el documental.

La volví a hacer. Y muy contenta, a pesar de que pasaron los años. Y aunque estaba tensa por la responsabilidad, porque soy una señora mayor, cuando vi la película me di cuenta de lo relajada que estaba. Pero lo mejor, lo fantástico, fue encontrarme con mis compañeros y poder caminar cada uno de los espacios del Hilton recordando todo lo hermoso. Todo lo que nos pasó en ese momento. Yo mientras hacía la película sabía que era un proyecto extraordinario. Te confieso algo que nunca cuento. Mientras estábamos filmando me decía: «Me voy a enfocar como si fuese Winona Ryder”. No por ella porque sigo siendo siempre Leticia, pero en el sentido de que la película tenía el nivel de Hollywood. Así nos entregamos de cuerpo y alma. Y cuando fui a hacer el documental fue con la misma sensación de recordar cómo me había parado. Y las vueltas que había hecho con Matías Mesa -que lo miraba de un lado y después lo volvía a mirar del otro-, a quien yo le decía: «Esto tiene que ser un flechazo para el que lo mire en cualquier lugar del mundo». Y al mismo tiempo que Fabián, que era tan disciplinado y tan exigente, me diga: «Genial, muy bien, repetilo igual que está muy bien». Para mí era sacarme un 10 en contabilidad (que nunca entendí contabilidad), pero esto sí que lo entendía y me fascinaba.

Volver a filmar fue precioso para mí. Fue un momento lleno de cosas increíbles. Como que a Ricardo lo encontró una señora que trabaja allí hace 25 años y le dijo que el día que filmamos en la lavandería, ella estaba allí y le pidió una foto juntos. Un rodaje es un ratito con los técnicos y después te tenés que separar de esa familia que formás, de esos amores… y 25 años después nos volvemos a encontrar y en nuestro corazón seguimos teniendo Nueve Reinas.

Julia Montesoro / Desde el Festival de Málaga

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