El Festival de Málaga, organizado por el Ayuntamiento de Málaga a través de Málaga Procultura, otorgó la Biznaga de Honor a los cineastas y guionistas argentinos Mariano Cohn y Gastón Duprat en un acto celebrado el miércoles 11 en el Teatro Echegaray, donde el certamen ha querido reconocer la trayectoria de uno de los dúos creativos más influyentes del audiovisual contemporáneo. La gala contó con la presencia de los directores homenajeados, del actor Antonio Banderas y del director del Festival de Málaga, Juan Antonio Vigar.

GPS Audiovisual, el único medio de comunicación argentino acreditado para el Festival de Málaga, acompañó el homenaje a Cohn y Duprat.
Durante la apertura del acto, Juan Antonio Vigar explicó que el festival llevaba tiempo queriendo contar de nuevo con la presencia de los cineastas argentinos, que ya visitaron Málaga hace más de dos décadas. “Hace mucho tiempo que teníamos la ilusión de que pudieran estar aquí en Málaga por segunda vez”, ha señalado el director del certamen, quien ha subrayado que su regreso ha permitido “cerrar un poco un círculo temporal”.
Vigar ha destacado además la importancia de su filmografía y ha explicado que el festival ha querido aprovechar su visita para ofrecer una muestra representativa de su trabajo. “Tenéis un conjunto de películas magníficas y hemos programado cuatro títulos que representan muy bien vuestro universo cinematográfico”, ha afirmado el director del certamen.

Mariano Cohn y Gastón Duprat llevan trabajando como dúo creativo desde finales de los años noventa y se han convertido en referentes del audiovisual argentino contemporáneo gracias a un estilo caracterizado por la sátira, la provocación y una mirada crítica sobre el arte, el poder y las contradicciones sociales. Sus obras se distinguen por un humor ácido que funciona como herramienta narrativa para retratar la condición humana.
Durante el encuentro con el público, los directores han recordado el impacto que provocó su último trabajo, Homo Argentum, una película construida a partir de dieciséis historias breves que reflexionan sobre la identidad argentina. Duprat ha explicado que el filme ha generado una fuerte reacción social en su país. “Lo lindo fue que la película salió de la sala de cine y la gente la empezó a discutir en las casas y en las calles. Para nosotros es espectacular que una película genere ese impacto”, ha señalado.
El director ha relatado además que la recepción fue intensa y polarizada. “Hubo mucho debate, muy encarnizado, a favor y en contra. Incluso una agrupación política pidió que nos quiten la nacionalidad por la película”, ha recordado entre risas, destacando que esa controversia forma parte del diálogo que sus obras buscan provocar.
Por su parte, Mariano Cohn ha reflexionado sobre la evolución de su carrera y ha señalado que El ciudadano ilustre, premiada con la Copa Volpi en el Festival de Venecia, supuso un punto de inflexión en su trayectoria. “Creo que fue la película con un guion más sólido y estable, pero conservando esa posición nuestra con el público. Es una de esas películas que interpelan y que obligan a tomar posición”, ha explicado.
Los directores también han recordado el estrecho vínculo que sus películas han mantenido con España, ya que muchas de ellas se han desarrollado como coproducciones con el país. “Todas estas películas que estamos nombrando tienen coproducción con España, por eso sentimos que también son un poco españolas”, ha señalado Cohn.
Uno de los momentos centrales del acto ha sido la conversación sobre Competencia oficial, la película que se ha proyectado tras el homenaje. Mariano Cohn ha recordado que el proyecto nació a partir de una conversación con Penélope Cruz y Javier Bardem, en la que surgió la idea de convocar también a Antonio Banderas antes incluso de que existiera un guion.
“Hicimos una reunión con Antonio y con Penélope en Londres con la hoja vacía. Queríamos divertirnos y hacer una película sobre la creación actoral y el mundo del cine”, ha explicado el director, quien ha recordado que el rodaje se planteó como una especie de “match de actuación en vivo”, en el que los intérpretes podían desplegar su trabajo de forma continua.
Duprat ha añadido que el rodaje se vio interrumpido por la pandemia en 2020, lo que obligó a detener la producción durante varios meses. Sin embargo, esa pausa inesperada acabó teniendo un efecto positivo en el proceso creativo. “Ese parate obligado nos permitió estudiar lo que habíamos rodado y entender mejor la película para hacer la segunda parte con más fuerza”, ha señalado.
Antonio Banderas, que ha sido el encargado de entregar la Biznaga de Honor a los directores, ha recordado con humor algunas de las claves del filme. “Si habéis visto ‘Competencia oficial’ ya sabéis lo que hacemos con los premios”, ha bromeado, en referencia a una de las escenas más recordadas de la película.
El actor malagueño ha destacado además el placer que supuso trabajar con el dúo argentino. “Para mí fue un placer rodar con ellos. Muchas de las cosas que vais a ver en la película son reales: los manierismos de los actores, las competencias que se dan en los rodajes y la excentricidad del mundo del cine”, ha afirmado.
Banderas ha subrayado que el cine de Cohn y Duprat destaca por su mirada crítica y satírica sobre el comportamiento humano. “En sus películas hay una radiografía extraordinaria del ser humano y de sus estupideces, especialmente dentro del mundo del arte y del cine”, ha señalado antes de entregarles el galardón.

Carmen Escalante, del Diario del Festival, entrevistó a los directores homenajeados.
Biznaga de Honor acompañada de una retrospectiva a vuestra filmografía. ¿Cómo recibieron la noticia?
G.P.: Nos puso muy contentos porque si bien estamos “en funciones” como directores y creadores, fue muy grato recibir la noticia. Es un festival que queremos muchísimo. Aquí fuimos premiados hace casi veinte años a mejor documental con ‘Yo, Presidente’.
M.C.: Esa película fue la primera que hicimos y que se estrenó en los cines. Se grabó en vídeo y se hizo un transfer en 35mm., mira la antigüedad que tiene.
Lograron algo poco frecuente: combinar cine de autor con éxito de público. ¿Cómo han conseguido esa fórmula?
G.D.: Es el mejor de los mundos. Nos gustan películas o manifestaciones culturales populares, sin que por ello pierdan sofisticación, complejidad o profundidad. Lograr combinar cine de autor y éxito de público implicó asumir un doble riesgo artístico y comercial. Eso fue lo más difícil y audaz.
M.C.: Al final construimos un estilo propio. No somos cineastas matriculados ni productores de televisión o cine. Somos más ‘outsiders’ del universo cinematográfico. Fue la construcción de un diálogo con los espectadores que empezó con ‘El hombre de al lado’, ‘El ciudadano ilustre’, ‘Mi obra maestra’ y ‘4×4’, y ha seguido presente hasta hoy.
Una relación profesional de más de 30 años, desde el video experimental hasta las comedias dramáticas de proyección internacional. Tras tanto tiempo juntos, ¿discuten mucho?, ¿quién suele tener la última palabra?
M.C.: Tabajamos en equipo, y además de socios somos amigos. Tenemos muchos gustos en común y una producción muy vasta en conjunto. Unas cosas las lleva Gastón y otras las llevo yo. Para nosotros el intercambio, el debate y la discusión son muy enriquecedores. No tiene prioridad la idea de uno sobre la del otro, queda la mejor idea posible.
G.P.: Lo habitual es un solo director para una película, pero, al ser dos, te obliga de alguna manera a defender tu posición. El verticalismo que existe en el cine, donde el director es la autoridad en el set y no se le discute, a veces trae buenos resultados, otras no. El propio sistema impone una ausencia de debate. Además, no somos dos, sino tres, con nuestro guionista de siempre, Andrés Duprat.
Desde ‘El artista’ hasta ‘Competencia oficial’ o ‘El ciudadano ilustre’ hay una fijación con el mundo del arte, el ego y el prestigio. ¿Es una crítica al sistema cultural o una autocrítica encubierta?
M.C.: Yo creo que es más un autorretrato que una crítica, porque esos universos son comunes a nosotros: el mundo del arte, la literatura, el cine. Andrés, nuestro guionista, es comisario de arte y actualmente es el director del Museo nacional de Bellas Artes, el museo más relevante de Argentina. También viene de ese lado la temática. Además, en el mundo del arte se ven amplificadas y subrayadas ciertas conductas sociales que nos interesan exponer.
El humor en su cine es incómodo. ¿Creen que el humor es una herramienta política?
G.D.: Cuando escribimos las películas no decidimos hacer una comedia con más o menos humor. El tono que se ve a lo largo de las películas y series que hicimos responde a nuestra visión de la realidad. No hay que adicionarle demasiada fantasía a una situación extraída de la realidad para que resulte humorística. Nuestro tono es cercano a la “real realidad”, donde muchas cosas pueden resultar insólitas, graciosas o incómodas de forma involuntaria y eso lo trasladamos a las películas.
¿Hubo algún punto de inflexión en vuestra carrera?
G.D.: Empezamos en televisión con un programa que se titulaba ‘Televisión abierta’, en el año 1998. Televisión muy experimental, muy loca, muy extrema formalmente. Fue el primer reality del mundo. Era como Youtube en la televisión en abierto, solo que siete años antes de que existiera Youtube. Y eso fue un gran punto de inflexión. También ‘El ciudadano ilustre’, hecha tan artesanalmente y que logró destacar en el Festival de Venecia, recibió un Goya, se hicieron remakes…
M.C.: Sin olvidar ‘El hombre de al lado’, una película muy pequeña y esencial, que logró un gran recorrido y mucho público; también se hicieron remakes en otros países. Tiene muchos tópicos sobre temas, como la estética y la puesta en escena, que luego desarrollaríamos en futuras películas y series.
Porque también han dado el salto a las series y las plataformas. ¿Qué cambia al contar una historia en formato de serie frente a una película?
MC: Lo más difícil ha sido extrapolar ese estilo autoral de nuestras películas a las series, pues son un artefacto industrial mucho más grande. Participa más gente y si uno no tiene claro lo que quiere hacer se puede llegar a perder el control del contenido, del tono artístico. El desafío más grande era seguir manteniendo esa identidad. Estamos muy orgullosos de series como ‘Bellas Artes’, ‘El Encargado’ o ‘Nada’, donde no hemos sido en absoluto condescendientes con el contenido y han sido masivas.
¿Y qué les dirían a las nuevas generaciones de cineastas?
G.D.: Se debe apoyar y ayudar a los directores del futuro. Empezar es lo más difícil, así que en esa etapa crucial tienen que recibir apoyo. Pero eso no debería ser un límite para alguien que quiera hacer una película. Hicimos ‘El ciudadano ilustre’ sin equipo técnico porque el presupuesto no alcanzaba. Mariano estaba con la cámara al hombro y yo con la ‘caña del micrófono’. No había luces y la cámara que usamos era una cámara autofoco para filmar casamientos. Y esa película tuvo un gran recorrido internacional.
M.C.: Ahora se puede aprovechar la tecnología, la capacidad técnica de los teléfonos o cámaras pequeñas de una calidad extraordinaria. Tendría que prevalecer el ímpetu de hacer películas como sea.
En ‘Competencia oficial’ miraron al cine como industria de vanidades. Ahora que reciben un premio honorífico, ¿qué opinan de los premios?
G.D.: El premio va a ir directo a la trituradora que usamos en la película, que aún conservamos [risas].
Julia Montesoro / Desde el Festival de Málaga


