Nicolás Grosso, creador de la casa productora Le Tiro Cine, es uno de los productores de Los Renacidos, una coproducción de Argentina con España y Chile que se reestrena desde mañana en el Cine Gaumont y en 20 Espacios INCAA de todo el país.
Los Renacidos es un policial dirigido por Santiago Esteves y protagonizado por Pedro Fontaine, Marco Antonio Caponi y Oscar de la Fuente, que sigue a dos hermanos enredados en una extraño y peligroso negocio: ayudar a la gente a fingir su propia muerte.
-Los Renacidos se reestrena en veinte salas en todo el país. ¿Cuál es la estrategia que trazaste para este relanzamiento?
Ver Los renacidos es descubrir una potencia narrativa muy fuerte, que es el sello que le ha dado el director. Con unas actuaciones muy relevantes: hace poquitos días fue nominado Marco Antonio Caponi a mejor actor protagónico para los Premios Cóndor. Es un tipo de thriller bastante particular, que no suele hacerse en el país.
Es una película que nos tiene muy orgullosos y volver a exhibirla en las salas cinematográficas es una reválida, porque en el estreno, en octubre, no tuvo la afluencia del público que esperábamos. Nuestra taquilla es así, es tirana y poca gente va al cine. Pero tuvo una salida en Flow muy buena, donde la vieron casi 80.000 personas, lo cual es positivo. No es el mismo modelo de negocio, pero la llegada a través de la plataforma fue potente. Decidimos dejar la reválida de los Espacios INCAA para febrero, cuando hay mucha gente de vuelta de vacaciones y es una fecha menos tumultuosa que la de fin de año para los que quieran volver a verla en salas.
-Los Renacidos tuvo una segunda etapa muy potente en una plataforma y ahora vuelve a la pantalla grande. ¿Qué importancia le asignás a estas nuevas formas de exhibición?
Es lo que toca. Y lo que toca es ponerse creativo, estar muy al día con las ventanas de distribución y buscarle la vuelta a los proyectos, porque no es tan simple trabajar la taquilla como nos pasa al grueso. Hay honrosas excepciones. Por ejemplo, La Virgen de la Tosquera, que está haciendo una performance increíble ahora en cines; una película bárbara, sin elenco, sin star system, pero que está siendo un proyecto esperanzador para muchos. Cuando no tenemos una taquilla fuerte, tenemos que estar siempre rebuscándonos, primero para salvar el negocio y segundo para llegar a la audiencia. Los Renacidos lo está haciendo internacionalmente porque la película se está vendiendo y por suerte enganchamos bien con Flow para tener una pasada por plataformas. Es lo que toca: rebuscárselas para encontrar la audiencia de los proyectos, porque el cine está en modo supervivencia. Y no solo es en Argentina, sino en todo el globo.
-En este contexto por el que estamos atravesando, si tuvieras que empezar de cero una producción como Los Renacidos, ¿cómo sería posible?
Los Renacidos se hizo con coproducciones internacionales, con adelantos por parte de los agentes de venta. Y además, con el programa de Cash Rebate implementado por la provincia de Mendoza. Es la manera que llevo produciendo desde hace años. No fue la excepción y probablemente sería la misma manera con la que encararía este proyecto ahora. Ya en el momento de filmar, el INCAA era un organismo deficitario en torno a lo que aportaba como valor financiero a las películas. Era un momento de altísima inflación y de muy escasos recursos, aún durante la gestión anterior. La plata valía muy poco y los proveedores aumentaban a pasos agigantados mes a mes. Entonces, la relación con el financiamiento desde lo nacional hubiese sido similar, porque es cierto que en esa época era un poco más barato producir y ahora es super caro, pero teníamos el factor inflación que era muy bestial.
De todos modos, estamos pasando un momento muy particular con mucha incertidumbre, con lo cual yo no arrancaría ningún proyecto. Al menos hasta que tengamos alguna certeza por parte de nuestros legisladores para saber qué va a ocurrir con los habituales recursos con los que contamos históricamente en los últimos 30 años. Pensar Los Renacidos o cualquier película sería de este año en adelante.
-Esta política de desfinanciación del sector audiovisual, ¿de qué manera influye en una productora como Le Tiro Cine?
Lo que estamos tratando de hacer las productoras que logramos sobrevivir a la embestida contra los recursos que habitualmente solemos tener de nuestro lado -más allá de muchas cámaras y muchos colegas trabajando en distintas comisiones a la hora del debate en Diputados-, es trabajar la creatividad. Buscarle la vuelta a los recursos existentes, pelear por recursos nuevos. Nosotros en los últimos 10 años estuvimos sumidos, más allá de los vaivenes económicos de Argentina, en una problemática ideológica en torno al cine. Me parece que en los últimos diez años tuvimos mucha alternancia de color político y siempre el Fondo de Fomento Audiovisual fue una suerte de botín de guerra. Entonces vas a tener a los que dicen que no se financia la suficiente cultura o no se financia una industria multiplicadora como es el cine, y a la vez del otro lado van a estar los que dicen que es un organismo deficitario, que esos impuestos podrían usarse para otra cosa. Para mí, nosotros tenemos que defender lo que existe, lo que siempre ha existido. Pero también trabajar con cosas frescas, con cosas nuevas; con la cabeza puesta en otro modelo de industria como lo ha hecho Mendoza, Córdoba o Uruguay.
En Uruguay cualquier productor te dice: «Acá es muy simple. Si vienen producciones, yo les aporto uno de impuestos y ellos me dejan 1.4 en impuestos». Les rinde estar subvencionando o incentivando las inversiones extranjeras con estos programas de Cash Rebate o Tax Rebate que están implementando.
Me parece que lo que hay que hacer, provincialmente —quizás es difícil a nivel nacional pensar algo así—, es tratar de entender cómo podemos buscar mecanismos de financiación que sean empíricamente comprobables, matemáticamente sólidos a la hora de rescatar el cine como maquinaria industrial, generadora de empleo y de valor, y no solo como factor ideológico.
Como muchas cosas en Argentina, nos quedamos enganchados con la pelea ideológica que es a todo o nada. Está bien dar la batalla cultural, pero tenemos que ser un poco más inteligentes y buscarle la irrefutabilidad a los fondos de incentivo a la producción cinematográfica o a los subsidios. Tiene que ser matemática la cuestión. Tiene que ver con fondos de incentivo a las producciones y no tanto de subsidio o de fomento a la cultura.
-Las políticas de Cash Rebate, que aplican modelos diferentes como Mendoza o Uruguay, son parte de esos recursos creativos a los que te referís.
Esto no lo dice un productor, sino el gobierno uruguayo: «yo pongo un incentivo de 1, pero recibo en impuestos por parte de la gente que viene a filmar a mi país de 1.4». Para el Gobierno también es ganancia. Por eso los productores reproducen ese concepto. Me parece que el gobierno uruguayo lo entendió a la perfección. Impositivamente al país le rinde hacer esa devolución de recursos mientras se sigue invirtiendo.
-En este esquema donde se aplican nuevos modelos creativos, ¿estás proyectando alguna producción nueva?
Trato de avanzar, sí. De que los proyectos sean lo más sólidos posibles, haciéndome preguntas sobre cada guion, cada elenco y cada detalle a la hora de sacar un proyecto adelante. Más que nunca, porque la realidad política y cultural nos ha enfrentado a una cuestión mucho más de mercado -como lo propone el color político actual- y hay que tratar de entender cómo sobrevive la película.
Más allá de quién la financia —evidentemente todo el mundo querría que su película fuese financiada 100% por una ventana de distribución extranjera, pero no es el caso siempre—, hay que entender cómo tener los vínculos y los recursos a mano, ya sea interprovinciales o dentro de los países vecinos, para generar lazos mucho más que antes. E insisto con esto: preguntarse, del mismo modo que seguramente los productores de La Virgen de la Tosquera —por mencionar una película independiente y chica—, «tengo que hacer una película de género, tiene que ser sobre la literatura de Mariana Enríquez y tiene que tener estas características». Es una película que, sin haberla visto —todo el mundo me la comenta—, tiene un buen diseño y por eso está logrando los resultados que tiene; es un ejemplo de una película pequeña.
Me parece que en principio todos tenemos que hacernos esas preguntas, algo que el productor argentino promedio muchas veces dejaba pasar o hacía la vista gorda: buscar cuál es el público de su obra y a partir de ahí incentivar los lazos que ya conocemos, los nuevos lazos financieros. Hasta que baje un poco la espuma del tema del INCAA, que me parece que tiene para rato.
-En este contexto, siempre es una buena noticia reencontrarse con Los Renacidos en la pantalla grande.
No podemos ir en contra de los usos y costumbres del siglo XXI, pero es un pequeño placer acercarse al Gaumont o a cualquier Espacio INCAA del país y ver la peli en pantalla grande.
Julia Montesoro


