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Todo el cine y la producción audiovisual argentina en un solo sitio

DIRECCION EJECUTIVA: JULIA MONTESORO

Damián Perea, director del festival Animayo, que impulsó el corto animado candidato al Oscar «Forever Green»: «Nuestra base es el desarrollo del talento»

El director y productor español Damián Perea es una figura clave en la industria de la animación de su país. Es el fundador y director del Festival Internacional Animayo (Summit, Conference and International Film Festival of Animation, Visual Effects and Videogames Animayo), que se celebra en las Islas Canarias, cuya 21ª edición se llevará a cabo del 6 al 9 de mayo.

Animayo es el único festival en España que califica directamente para los premios Oscar en la categoría mejor cortometraje de animación. Este año, a través del festival, fue nominado el cortometraje estadounidense Forever Green. La entrega de los premios Oscar tendrá lugar el 15 de marzo de 2026 en el Dolby Theatre de Los Ángeles.

-La nominación a Forever Green supone también un reconocimiento para Animayo.

Sí. Estamos muy contentos. Es un cortometraje que hizo su premiere mundial en Animayo. Ganó el premio a la mejor animación 3D y a la mejor dirección artística. Con este premio, Animayo impulsó unas cinco nominaciones, siete shortlists y un Oscar el año pasado (In the Shadow of the Cypress, de Hossein Molayemi y Shirin Sohani).

-¿Cómo llegan estos títulos a competir en Animayo?

Aunque Animayo es un festival muy grande, con masterclasses y charlas, tiene un apartado que es el festival, donde recibimos dos mil películas al año. De ésas, divididas entre cortometrajes, videoclips y publicidad, seleccionamos sesenta. Y de esas sesenta, diez son los ganadores principales del festival. Y solo dos de esos diez premios son los cortos que cualificamos para los Óscar: uno es el mejor corto internacional y el otro es el mejor cortometraje en español, o cortometraje que pertenezca a los 21 países que tienen el español como lengua oficial.

Este es el único festival que cualifica Animación con Ñ, un premio que nosotros creamos y conseguimos que cualificaran. Esto es muy interesante porque, normalmente, todos los festivales cualifican al mejor cortometraje internacional -que también nosotros tenemos-, pero en toda Europa solo hay dos festivales que cualifican a dos Oscar como Animayo: Annecy y nosotros. En este caso, la buena noticia es a nivel de todos esos países que tienen el español como lengua oficial; tienen una oportunidad extra de poder entrar dentro de esta cualificación a los Oscar.

-¿Qué encontraron en un cortometraje como Forever Green para que lo hayan seleccionado en Animayo mucho antes de esta nominación al Oscar?

Siempre intentamos buscar esos cortos que no hayan estado cualificados anteriormente: buscamos ser nosotros los primeros. En el caso concreto de Forever Green, que integra la parte internacional, me lo habían mostrado justo cuando ya había terminado la inscripción. A veces los cortos entran porque te dicen: «Oye, mira, queremos enseñarte el corto, ¿qué te parece?». Cuando lo vi me encantó. Un corto bellísimo con una ejecución técnica increíble. Te explico cómo funciona: sus directores y el equipo trabaja en Disney, pero no es un corto oficial de Disney. El estudio lo permite. Lo que dice es: «Mientras lo hagas en tu tiempo libre, aquí tienes las máquinas y lo puedes hacer». Aunque se considera independiente, todos los artistas que están detrás son creadores de Disney. Decidieron hacer la premiere por primera vez en un festival en Animayo y se llevó dos premios: la mejor realización 3D y mejor dirección artística. Después ha seguido el tour por festivales.

-¿Por qué el productor de un cortometraje quiere participar en Animayo?

Porque en Animayo no solamente puedes ganar un premio o una calificación, sino que además ganas lo más importante —y no hay festivales que lo hagan de esta manera—: un acompañamiento y una estrategia para llegar hasta los Oscar. ¿Qué hacemos para eso? Organizamos proyecciones en diferentes estudios. Vamos a los mejores del mundo: Disney, DreamWorks, Netflix, Sony Animation, Warner Bros. Proyectamos dentro de los grandes estudios, pero también en grandes ciudades como Nueva York o Londres y muchísimas más. Ese tour que hacemos acompaña a esas piezas y a esos cortometrajes.

Por eso hasta la fecha hemos tenido esas cinco nominaciones, estas siete shortlists y el Oscar. Ha sido un poco también el trabajo conjunto entre los artistas de los cortometrajes, sus agencias de PR y el trabajo que hace el festival Animayo. De alguna forma nos sentimos partícipes; no es como «ah, un corto que pasó por Animayo está en los Oscar», sino que hay un trabajo más activo.

-El tour es una parte importante del posicionamiento del corto. ¿Cómo surgió la iniciativa?

El objetivo del tour es mostrar lo mejor de Animayo. Por un lado, como festival; por otro, nuestro objetivo es potenciar el talento. La base de Animayo es el desarrollo del talento. Nos enfocamos siempre allí. Hace 26 años hice la primera película de animación en la historia de Canarias. Nunca se había hecho una y no había nada en aquel entonces. Después de 20 años del festival desarrollando el talento, dando masterclasses, becas (se otorgaron más de 600 mil euros), talleres, trayendo grandes estrellas para enseñar a los jóvenes y estimular esta nueva profesión, y también haciendo reclutamiento de empresas… Pues 20 años después hay más de 16 empresas de animación instaladas en Canarias. O sea que hay una industria generada aquí con los incentivos fiscales que tenemos.

En ese sentido, Animayo ha sido pionero en la isla. Es un festival que ha ido creciendo en muchas otras ciudades porque lo hemos hecho en Madrid, Barcelona, Chicago, Belgrado, Praga, Lisboa, Corea, México… Hemos estado en muchos sitios. Básicamente nuestra función es el desarrollo del talento. Y en base a eso, lo demás son reconocimientos.

-Los artistas y los creadores de contenidos necesitan ese puntapié para después llegar a donde tengan que llegar.

Es fundamental. Nosotros recibimos muchísimos cortos. Imagínate, entre los dos mil que recibimos, primero hay que quedar seleccionado, después llegar a la longlist (los cien cualificados). De ahí sale la shortlist -que son los 15 mejores- y de ahí a los nominados.

En este caso quedó seleccionado Forever Green, pero también teníamos a Playing God (Scott Brignac, 2021), que cualificamos al mejor corto internacional y no consiguió entrar. Es un corto maravilloso, con una calidad increíble, muy visceral; ese tipo de cortos que hace falta que estén ahí. Y sin embargo no lo consiguió. No es que sea mejor o peor, es que muchas veces depende también de la promoción: que sea conocido, que llegue a los académicos. Es complicado. Un corto como Playing God, con cien premios en festivales, si no haces ese trabajo es imposible que estés en esta carrera. Necesitas mucho trabajo de promoción, y muchas veces es lo más importante.

-¿Cómo se logra posicionar un cortometraje en un momento de saturación de contenidos audiovisuales?

Es superdifícil. Ahora mismo las ventanas que tienes son muy reducidas. Es verdad que siempre históricamente Animayo ha sido el festival donde se ven este tipo de obras, pero por otro lado se han abierto redes sociales donde puedes ver trozos. Y después está YouTube, pero hay tanto contenido allí que acceder a ese tipo de contenido específico es muy complejo. Es difícil y es una pena porque a mí me encanta el formato cortometraje. Me encanta, disfruto mucho, son obras muchas veces completas en sí mismas. En el caso de la animación, no es una obra que pretende ser más, sino una historia que en ese tramo corto se cuenta y ya está. Para mí, ¿qué es mejor? ¿Una obra en óleo o una en acuarela? No puedes decir si es mejor un largometraje o un corto; son obras que funcionan en sí mismas.

El problema es que la gente tiene la visión del corto como si fuera algo menor o algo que haces mientras para coger nombre y hacer un largometraje. Yo sinceramente no lo veo así. Lo veo como un producto en sí mismo ya terminado: el fin es un corto.

-¿Qué papel juega Animayo entre Europa, América y África?

Me gusta pensar que es un puente de unión entre continentes. En Canarias tenemos una relación muy íntima con toda Latinoamérica. Tenemos esa conexión histórica; desde la época de Franco muchos canarios se fueron a Cuba, Venezuela… Por algo a Venezuela la llaman la «octava isla».

Nosotros tenemos esa conexión con Europa y después esa cercanía a África, lo que nos hace crear puentes. Hemos hecho muchas acciones, como especiales de cine africano (en 2010 hicimos uno). En Latinoamérica hemos estado en Uruguay, en Colombia, en México y nos gustaría seguir. Hemos hecho hermanamientos con festivales como Chilemonos en Chile.

-¿Por qué no en Argentina?

Sería genial. Si hay alguien ahí en Argentina que esté interesado, estaremos encantados de llevar lo mejor de Animayo para allá. De hecho, ha habido muchos artistas argentinos en Animayo. A Juan Pablo (Zaramella) le hemos hecho un especial. Siempre que ha hecho un corto, ha ganado premios en Animayo. Es un genio en el stop motion. Creo que todos los cortos que ha hecho siempre han tenido algún premio en Animayo.

-La próxima edición de Animayo se va a celebrar del 6 al 9 de mayo allí en Las Palmas de Gran Canaria. ¿En qué momento se encuentra el festival?

En un muy buen momento, de maduración. Ya has pasado esos primeros 10 años que es cuando se establece un festival y siempre estás viendo si el año que viene lo puedes hacer por financiación. Ahora estamos en un buen momento que requiere seguir empujando y reinventándonos. Cada año intentamos encontrar algo nuevo, algo que también me motive a mí como director para seguir haciéndolo, tras 20 años dirigiéndolo. Ahí están los nuevos programas. Hemos ampliado la parte de business, la parte de negocio. Es un festival cada vez más grande, pero sí que me gustaría no hacerlo crecer mucho más porque me gustaría disfrutarlo. Me gustaría hacer un festival en el que a mí me encantara participar. Para mí Animayo sería ese festival que yo disfrutaría, pero soy el único que no lo disfruta porque estoy en medio haciéndolo y dirigiéndolo. Entonces ahora mismo el punto es mantener el tamaño del evento, hacerlo crecer con mejores contenidos, pero disfrutarlo más.

Sí, yo lo disfruto mucho cuando termina (risas) y empiezo a ver las fotos y digo: «Uy, qué bueno esto, cómo salió». Durante el festival lo disfruto, pero no es lo mismo. Realmente lo puedo apreciar y valorar cuando pasa. Durante el evento digo: «Oye, mira qué bien».

-A lo largo de más de dos décadas acompañaste la evolución de la animación a través del festival. Hoy, ¿importa más la historia o los efectos visuales?

La historia, sin duda. Hoy y siempre. Es verdad que ahora con la nueva tecnología, y no digamos con la inteligencia artificial, se está perdiendo un poco. Además esto es muy curioso -lo hablaba el otro día con unos amigos- en comparación con los videojuegos. ¿Por qué los videojuegos en los 90 eran tan buenos? Porque al tener gráficos muy malos, tenían que basarse mucho en una muy buena historia para tener gancho. Hoy, con esa calidad tan buena, se pierde en la estética, en lo visual y no tanto en la historia. En el cine pasa lo mismo. Con todo esto de la inteligencia artificial hay cosas que son muy «fuegos artificiales», pero se pierden en eso en vez de en el storytelling, en contar la historia.

Lo que nosotros valoramos en Animayo es la historia, una buena historia sólida y potente. Si no llega al alma, al corazón, es muy difícil que esté ahí. Es posible que por lo espectacular técnicamente pueda estar en una sección de mejores VFX o dirección de arte, pero para llegar al Gran Premio tiene que tener una gran historia sí o sí.

-¿Cómo se posiciona las Islas Canarias dentro de la industria de la animación a partir de Animayo?

Ahora mismo estamos en un muy buen momento. Hay más de 16 empresas instaladas haciendo animación a nivel internacional. Aquí en Gran Canaria, un estudio como Fortiche ha creado la serie de Arcane en Netflix: la segunda temporada se hizo aquí. Este, entre otros grandes estudios. Hay muchísimos grandes estudios como Big Water, Anima Kitchent, Amuse… Y ahora se están instalando nuevos, como Jiggl Gigglebug, que trabaja para Warner y grandes productoras.

Hay una muy buena salud en los estudios, hay mucho trabajo. El incentivo fiscal ayuda muchísimo: tenemos un 55% de incentivo fiscal por el primer millón y un 45% a partir del segundo millón. Posiblemente de los más altos del mundo. Eso es una base sólida, pero si el incentivo fiscal estuviera y no hubiera talento, todo ese talento que se ha estado formando no serviría para nada.

-Te escucho con cierta envidia porque aquí en Argentina está ocurriendo todo lo contrario: se desincentiva la producción audiovisual.

Sí. Y además no entiendo mucho, porque ahora tienen un Gobierno que se puede llamar liberal. Es extraño que no incentiven la producción de las empresas de la industria, de la animación o del cine en general, a través de incentivos fiscales. Entiendo que a lo mejor no quieran hacerlo a modo de subvenciones, pero al menos hazlo a nivel de empresa. Si quieres liberar el mercado, hazlo así. No entiendo por qué no lo hicieron así. Creo que es un error, porque podés incentivarlo. Si me apuras, no tienes por qué hacer necesaria la parte de subvenciones y apoyo institucional en la primera parte, el desarrollo. Pero después si no quieres hacerlo, por lo menos incentívalo a nivel de industria. Es completamente contrario a los mensajes que quieren dar.

Julia Montesoro

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