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Todo el cine y la producción audiovisual argentina en un solo sitio

DIRECCION EJECUTIVA: JULIA MONTESORO

Fernando Díaz y Roxana Ramos, productores de «El susurro», de Gustavo Hernández: «El terror argentino es formador de público»

Fernando Díaz (Machaco Films) y Roxana Ramos (Aramos Cine) son los productores argentinos de El susurro, la inquietante película del director uruguayo Gustavo Hernández Ibáñez que se estrenará en forma simultánea en Argentina y Uruguay el jueves 22.

Protagonizada por Marcelo Michinaux, Ana Clara Guanco y Luciano Cáceres, El susurro es un thriller psicológico y de terror en el que dos hermanos se refugian en una mansión remota huyendo de su violento padre. Tendrán que enfrentarse a una oscura maldición familiar que los ha seguido hasta su nuevo refugio y además, escapar de una red criminal que secuestra adolescentes para hacer películas snuff y están decididos a deshacerse de ambos. El filme combina elementos fantásticos con tensión, suspenso, drama y horror sobrenatural, enfrentando a los personajes a situaciones extremas. Completan la producción Mother Superior Films de Uruguay y Non Stop Studios.

Estrenada mundialmente en la competencia oficial del Festival de Sitges, El susurro continúa una saga de películas de terror que marcan una tendencia creciente en el cine argentino.

-¿Qué vieron en la historia original de El susurro que los llevó a decidirse a participar en la propuesta?

Fernando: Lo primero era que teníamos unas enormes ganas de trabajar con Gustavo Hernández y con la casa productora que lo produce a él en Uruguay, que es Mother Superior Films. Nosotros veníamos de hacer Cuando acecha la maldad y buscábamos mantener esa vara alta a través de grandes directores regionales. Somos muy amigos del productor de Gustavo y se dio casi de manera natural trabajar con un director talentoso.

Roxana: Eramos muy fans de Gustavo Hernández. Y cuando leímos este guion supimos de inmediato que es lo que estábamos buscando. Nosotros queríamos que esta peli fuera un dramón, que conmueva. No voy a spoilear, pero tiene un final muy dramático y muy conmovedor.

-Entonces, sin spoilear: ¿de qué trata El Susurro?

Fernando: Es una película de vampiros, pero está expresado de una manera bastante peculiar y original. Trata sobre un padre vampiro que tiene un hijo y una hija. Ella no tiene la herencia genética y está como condenada a esconder los crímenes que comete el padre, mientras que el hermanito parecería que sí. Además, el director creó seres que no existían en la mitología vampírica, como el aberrante: si un vampiro muerde a un ser humano y no lo termina de matar, se convierte en un aberrante, una criatura terrible.

Por otro lado, es un guion con una serie de trama complejas y originales que demanda atención por parte del espectador. Porque además hay una banda de muy malos y finalmente el papá vampiro, que parecía el más malo, termina casi como un justiciero. Como dijo Ro, hay mucho de drama y sentimiento, lo cual nos encanta.

-¿Se puede decir que El susurro es una mirada latinoamericana sobre el cine de vampiros?

Roxana: Sí. Nosotros como productores, cuando leemos o buscamos proyectos queremos que sea latinoamericano. Los estudios de Hollywood están mirando mucho a Latinoamérica en lo que se refiere al cine de terror, porque se les acabaron las ideas: son repetitivos, hacen películas más edulcoradas. Es un gran momento para el terror latinoamericano. En el caso de El susurro, el modo del relato va de a poquito, como cuando un tío te contaba una historia tomando mate, al revés de cómo es el terror en otros continentes. En eso es muy rioplatense.

Antes, el terror latinoamericano venía de la mano de directores que crecieron mirando películas americanas y querían copiar eso. Pero eso empezó a cambiar. Un éxito como Cuando acecha la maldad ayudó muchísimo a abrir el mercado: antes nos pedían que si se hacía una película de terror latinoamericana fuera en inglés. Ahora el idioma fue atravesado: se demostró que no es necesario. Por eso creemos que es muy importante lo que está pasando con el terror latinoamericano. Cuando vemos un guion que quiere ser o tiene alguna similitud con lo que hacen los americanos, lo descartamos.

-En todo caso, el cine de género estadounidense tiene otros presupuestos. En términos de producción, ¿cómo se planteó el proyecto?

Roxana: Coincido plenamente en que no tenemos esas posibilidades de presupuesto. Pero tenemos mucho talento y técnicamente hay una gran evolución, como el caso de los VFX. Es una apuesta muy grande porque antes el cine de terror latinoamericano era bastante subestimado y no se lo apoyaba. En la medida que empiezan a aparecer apoyos -si bien no es el mejor momento en la Argentina-, también hay más presupuesto.

En el caso de El susurro, la mitad de los técnicos argentinos -unos doce-, más Marcelo (Michinaux) y Luciano (Cáceres) viajaron a Uruguay, en tanto la posproducción es argentina. Hubo casi un equilibrio de técnicos y actores, por eso decimos que es rioplatense.

Fernando: Además, tuvimos una posproducción de lujo con nuestro tercer socio que es Non Stop Studios. Trabajar con un estudio de categoría permite que todos los efectos especiales y la terminación estén impecables. Nos preocupaba mucho trabajar con parámetros internacionales. Porque es la forma en que después vaya a la competición oficial de Sitges o se venda en el exterior. Tenemos historias originales y grandes directores, pero realmente hay una vara internacional que hay que alcanzar y, si se puede, superar. Pasamos de Aterrados, donde la gente de arte movía las cosas con hilitos, a Non Stop que es lo top en posproducción e hizo un gran trabajo. Los que vean la peli en pantalla grande van a notar que los efectos están espectaculares.

-Como productores, ¿qué injerencia tuvieron en el desarrollo del proyecto y la realización? ¿Hay una mirada específica de ustedes, sobre todo a partir del fenómeno generado con Demián Rugna?

Fernando: Somos productores muy creativos en varios espacios. A mí me fascina el guion; fui profesor en la ENERC antes de irme a Francia. Si no tenemos un buen guion es muy difícil empezar una preproducción y llegar a buen puerto. Tuve un intercambio con Gustavo y con Juma (Fodde Roma), el otro guionista.

También hubo un momento de la organización de la coproducción en que se hizo un gran casting de niños y no aparecía el personaje principal. Nosotros mandamos a Marcelito Michinaux. Había participado en Cuando acecha la maldad y se lo ofrendamos como nuestro hijo más preciado del terror argentino. Fue para allá y quedaron fascinados. También le mandamos un abanico de actores argentinos. El director eligió quedarse con Luciano Cáceres, que nos hizo quedar genial (Risas).

Hay que reconocer que corríamos con ventaje porque Gustavo Hernández había venido varias veces a trabajar en series de Pampa y conocía a muchos técnicos argentinos, como el director de fotografía, Santiago (Guzmán) o el asistente de dirección. Los llevó a Uruguay e hicieron un trabajo fenomenal.

Estamos atravesando un momento medio para atrás, pero todo lo que tenemos de background de años anteriores, de formación de técnicos argentinos y de actores conforman una industria en Argentina que es muy digna. Hoy estamos exportando en las coproducciones, colaborando o formando a técnicos de países vecinos.

-¿Existe un auge por el cine de terror? Si es así, ¿a qué se lo atribuyen?

Fernando: Nos sentimos un poco responsables de lo que pasa, Y creo que Ro (Roxana) también. A partir de Aterrados se abrió otro universo. No es que arrancó, sino que se abrió. Había un nicho trabajando desde antes, pero Aterrados logró pegar el saltito, ser vista afuera, ser comprada por Shudder, competir oficialmente en Sitges.

-Hasta llegar a Cuando acecha la maldad, la primera película latinoamericana en ganar el festival de Sitges en 57 ediciones.

Roxana: ¡Nunca había ganado una película latinoamericana!  

Fernando Díaz: No existiría Cuando acecha la maldad si no hubiera existido Aterrados antes. Nos abrió las puertas en el exterior. Estaba en español, pero al fan no le importó. El fan quiere asustarse, quiere ver calidad, efectos, pasarla mal cuando llega ese momento. Y todo eso ocurre cuando hay una buena película. Lo hablamos con los fans -nosotros no venimos del terror- y nos devuelven eso. En el caso de Demián Rugna, abrió unas puertas que permiten que el cine latinoamericano de terror pueda decir: «Che, yo también puedo». Y me siento parte.

Roxana: El terror siempre tuvo un mundo adolescente. Lo que sucedió es que se coló Aterrados y Cuando acecha la maldad en chicos que solo consumían películas norteamericanas. Eso me emociona muchísimo porque soy obsesiva de los estrenos: yo iba a las puertas de los cines y aunque por supuesto hay gente grande que consume, veía chicos de entre 17 y 30 años. Al salir les preguntaba si alguna vez habían visto una película argentina y me contestaban que sí. El terror argentino, este que se está haciendo, empieza a ser formador de público. Es un fenómeno sumamente interesante en un momento en que las salas se van perdiendo y que levantarte de tu casa e ir al cine es complicado. Pero los chicos tienen energía y el cine de terror se ve colectivamente, en sala, con amigos. Se ve para poder abrazarte con tu amigo cuando te asustás. Cuando acecha la maldad se estrenó primero afuera. Y cuando se exhibió en el país llegó “aprobada”. Lo importante es que penetró y hoy, los adolescentes y el fanático esperan más películas argentinas.

-Con respecto a Shudder, ¿qué papel juegan las plataformas en la producción del cine de género?

Fernando: Shudder es una plataforma específicamente de terror, de habla inglesa, que forman parte de AMC (NR.: holding de salas de cine estadounidense) y que no está en Argentina, pero el mercado que tienen es gigantesco. En el caso de Cuando acecha… fue muy importante; fueron socios nuestros y se entusiasmaron con el resultado. Inicialmente la querían para la plataforma. Pero al empezar su recorrido, la película fue aceptada en el Midnight Madness, el programa de medianoche del Festival de Toronto, donde se programan seis o siete películas de todo el mundo de género en un teatro muy viejo que lo adaptan para eso. Allí, la gente de AMC nos dijo: «Vamos a salir en cines en Estados Unidos». Nosotros no entendíamos nada. Y como mi inglés es más o menos me preguntaba si habían dicho en seis salas. Demián, por su parte, entendió que eran decía sesenta.

Roxana: Entonces fuimos a preguntarles de nuevo. La cuestión es que nos confirmaron que habían dicho ¡600! Ahí nos agarramos la cabeza pensando que no iba a ir nadie, porque 600 salas en Estados Unidos es una demencia. Pero le fue tan bien que agregaron más salas.

Fernando: Cuando están adentro, las plataformas juegan un rol muy importante. Porque tienen un poder que nosotros, productores independientes, no tenemos.

Roxana: Creo que muchas plataformas todavía tienen un poco de miedo a meterse en la producción de terror. Aunque las plataformas latinoamericanas están comprando mucho. Ahora hay un proyecto que está desarrollando Netflix con el director chileno (Pablo) Larraín. Es la primera apuesta en términos de una producción original. Si les va bien seguramente apuesten por más.

-¿Están trabajando en otros proyectos de género como casas productoras?

Fernando: ¡Sí, señora! Estamos desarrollando Aterrados 2 y Cuando acecha la maldad 2. Nunca dejamos de trabajar con Aterrados 2, pero se habían vendido los derechos para la remake y ahora se liberaron nuevamente. Con Cuando acecha la maldad estamos trabajando con Shudder. El guion ya está escrito.

Roxana: Estamos trabajando fuertemente en esos dos desarrollos. ¡Y podemos anticiparlo como una gran primicia!

Julia Montesoro

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