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DIRECCION EJECUTIVA: JULIA MONTESORO

Manuel Gómez Pereira y Asier Etxeandia, director y protagonista de «La cena»: «Los dictadores no tienen sentido del humor pero sirven para la comedia»

Manuel Gómez Pereira y Asier Etxeandia son, respectivamente, director y actor de La cena, película que formó parte del último Festival de San Sebastián y que se estrenó en la Argentina a través del Festival MASS, que se desarrolla entre el viernes 28 y el domingo 30 en la sala Lugones, organizado por los Festivales de San Sebastián y Málaga y Orca Films.

La Cena se desarrolla en 1939. Dos semanas después del fin de la Guerra Civil, el teniente Medina irrumpe en el Hotel Palace con un anuncio inesperado: Franco cenará esa noche allí con todos sus generales. Lo que no saben es que la cena la prepararán unos cocineros republicanos que están ante su última oportunidad de huir del país.

-Manuel, ¿cuál fue el punto de partida de La Cena y qué te llevó a recrear una obra de teatro en una película?

Manuel Gómez Pereira: En el comienzo fue una obra de teatro llamada La cena de los generales, de José Luis Alonso de Santos. En el año 2008 me la pasó el actor y productor uruguayo Sancho Gracia, que me dijo: «Aquí hay una película». En ese momento estaba haciendo la obra de teatro en Madrid. A partir de allí es una historia que he llevado en mi maleta todo el tiempo, pensando que en algún momento la haría. Además, es una historia imperecedera. Yo creo que se puede contar en cualquier momento, en cualquier época. Curiosamente, además -la hemos hecho sin pretenderlo-, pero la vida de pronto te lleva a que justo se cumplen 50 años de la muerte del generalísimo Franco. Y además es nuestra pequeña aportación -digo, celebración-…

Asier Etxeandia: …porque estamos muy contentos de que se muriera (Risas).

-¿Qué sentido le encontrás a traer al presente una historia ocurrida hace más de ochenta años?

Manuel: Creo que es el momento. Además es saludable hacer una sátira de un dictador. Tampoco hay muchos dictadores que se presten para hacer la sátira. De Hitler se hicieron algunas. Actualmente hay uno que es… no voy a decir nombres, pero bueno, quiero decir que, por ejemplo, Trump es prácticamente un populista. Es un dictador disfrazado de populista.

Asier: Tiene buena comedia Trump también.

Manuel: No tiene sentido del humor, pero sí tienen comedia. Esa es una de las razones. Porque curiosamente todavía está presente. Y no solamente eso, sino que hay muchas facciones, tanto en España como en Europa, que están desarrollando un movimiento bastante peligroso. Casi estamos repitiendo una serie de acciones que nos llevaron tanto a la Guerra Civil, a nosotros en España, como a la Segunda Guerra Mundial. Es peligroso. Además las guerras, y lo que produce una guerra, que es absolutamente devastador, está muy cercano desde Europa. Cómo se retransmiten ahora, lo hemos normalizado muchísimo. En ese sentido La Cena transcurre en un hotel, el Palace, como una parábola de España en ese momento, que es 1939, el fin de la Guerra Civil. Un país donde sucede una serie de acciones y hay una serie de personajes mientras por encima de todo está el pueblo que sufre las consecuencias de la guerra.

-¿Qué matices buscaste en La cena que no estaban en la pieza teatral?

Manuel: La obra original es más blanca. Nosotros necesitábamos darle un poquito más de oscuridad. Para mí es una comedia de luces y sombras, que necesitaba crear personajes que no existían, como por ejemplo el personaje que hace Asier. El es Alonso y tiene un significado muy claro que es la muerte. Y el miedo que puede desarrollar en ese momento a través de lo que significa ser un asesino, un psicópata. Si se quiere, sofisticado, pero es alguien que no le da ningún valor a la vida ajena. Nos parecía muy importante que ese personaje existiera por lo que genera a medida que va avanzando el conflicto.

La película tiene dos partes: la misión que deben cumplir tanto el teniente Medina como el maitre Genaro y los cocineros, que es conseguir que la cena esté y luego lo que tienen que intentar, que es cómo salir de ahí. La pared que se encuentran, lo que está en contra de ese objetivo, es el personaje de Asier.

-Asier, ¿cómo llegaste a este personaje y qué te interesó de él para desarrollarlo?

Asier: Voy a contar la historia de siempre (Risas). A mí este señor me llamó una noche y me dijo: «Urgentemente, leete este guion y me tienes que responder mañana». Yo dije: «Qué actor se le ha caído, que te ha dicho que no, que me está llamando a mí». Siempre digo que con Manuel le hubiese dicho que sí sin leerlo, porque confío totalmente en él. Trabajar con él es un lujo y un honor, porque él es el jefe de la comedia. Y la historia de su cine en España ha sido indispensable también. Para mí era un regalo poder trabajar con él. Así que fue todo muy rápido.

En cuanto al guion, en cuanto lo leí dije: «Quiero estar en esto». Vi el elenco con el que iba a trabajar y me gustó más todavía. Me parecía que era todo maravilloso. Todo apuntaba a que iba a ser algo en lo que quería estar. Me recordaba a las buenas películas españolas de toda la vida, grandes actores con gran conflicto y de alta comedia, y me apetecía mucho. Entonces, bueno, rimó todo en ese momento y llegó en el momento ideal. No me dio mucho tiempo a preparar demasiado porque empezamos a rodar ya.

Manuel: Pero a él le gusta trabajar con presión (Risas).

Asier: A lo mejor si tengo tiempo empiezo a dar vueltas, y luego me equivoco y empiezo a desconfiar de mí y empiezan a hablarme voces en la cabeza que no me ayudan. Entonces, esto de no tener tiempo creo que me ayudó (Risas).

-Asier, ¿con qué herramientas entrás a la mente de un asesino para componerlo?

Asier: Este José Luis Alonso Candelas es alguien que tiene mucho poder. Por la información que pude sacar me quedaba claro que la Falange Española era mucho más terrorista y mucho más violenta que el propio Franco. O por lo menos la imagen que daba, en tanto hasta físicamente parecía como una poquita cosa. Pero la Falange sí era muy violenta, muy radical, e incluso Franco le parecía un blando. Esa imagen de la Falange me ayudó bastante para poder irme al límite de atreverme a hacer alguien que estaba basado en el asco, en el odio y en la impunidad de poder hacer lo que quiera porque habían ganado la guerra.

Jugar con eso también era interesante, porque así estaba dando el contrapunto para que existiera el conflicto y para que fuera todo mucho más peligroso para quienes tenían que crear la cena y para el resto de personajes. Más peligroso que el propio fascismo, en tanto encarnaba al fascismo en manos de un psicópata.

-Manuel, ¿esa era tu mirada sobre este personaje o hubo una construcción propia de Asier?

Manuel: En una comedia es fundamental tener actores que jueguen dentro de cómo es el personaje. Siempre creo -y además lo hemos hablado muchas veces-, que a él personalmente, como Asier Etxeandia, le da asco y odia a este personaje. Pero tiene un punto de acercamiento en la forma que lo hace. Allí es donde crece el personaje. Evidentemente él va a teñir siempre a los personajes que hace de su manera de ser y su manera de ver. Asier tiene mucho sentido del humor y ve la vida desde ese lugar. Eso es fundamental para acercarte incluso a personajes que son asesinos. Todos esos matices están, y es importante tenerlos en la cabeza. Porque el personaje tiene muchos matices. No es plano para nada: es sofisticado y al mismo tiempo un hijo de la gran puta. La comedia tiene mucho drama. Y es importante que un actor tenga sentido del humor para entender los matices. No todos saben hacer comedia.

-¿Qué significado le das a la comedia como género?

Manuel: Siempre he intentado alejarme de las etiquetas que le ponen a la comedia. Bajarme del púlpito y no ni teorizar ni decir cómo tiene que ser. En mi manera de hacer y de ver la vida me parece que tiene que ser ambiciosa. Y esa ambición tiene que estar también en la historia, en cómo se desarrolla, para que no resulte -entre comillas- facilona. Además tiene que provocar sentimientos contradictorios: hacer sentir y a veces llorar también, como la vida. En España hay quizá una tendencia a hacer una comedia más familiar, entre comillas. No digo que esté ni mal ni bien: hay que hacerla, porque eso genera industria. Pero a mí la comedia que me gusta hacer es esta.

Asier: Alta comedia, le llamaríamos (Risas).

Julia Montesoro

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