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DIRECCION EJECUTIVA: JULIA MONTESORO

Diego Palacio, productor y director de la serie «Frágiles»: «La sensación de fragilidad pospandemia nos indicó el camino a recorrer»

Diego Palacio es el productor, realizador y guionista del thriller Frágilescoproducción de StoryLab (Diego Palacio, Nacho Viale) y Flow acerca de una joven que redescubre su identidad a partir de un crimen vinculado con una secta, que tiene como protagonistas a Luciano Cáceres, Carla Quevedo, Ludovico Di Santo, Malena Sánchez y Andrés Gil.

La serie es una de las producciones seleccionadas por el Programa Renacer Audiovisual, desarrollado por el Ministerio de Cultura, la Secretaría de Medios Públicos y Contenidos Públicos S.A. 

-¿Qué es Frágiles como serie y qué resonancia tiene esa palabra con este momento de la supuesta pospandemia?

La pospandemia fue la semilla, el origen. A partir de allí empezamos a trabajar con el equipo de autores sobre esta idea de la fragilidad emocional. ¿Cómo nos sentíamos pospandemia con esta idea mesiánica?¿Cómo nos íbamos a poder recomponer? ¿Cómo íbamos a salir? Hubo un momento en que todos sentimos un vacío existencial. Fue cuando nos preguntábamos qué hicimos hasta ahora, cómo íbamos a salir de esto, qué iba a pasar.

El proyecto también tiene que ver con la forma en la que nosotros desde StoryLab con Nacho (Viale) y el resto el equipo buscamos las historias. Tratamos de entender qué le puede gustar a la audiencia, porque nosotros trabajamos para el público. Trabajamos para que nos vean, para que nuestros temas de las series den conversación, que se charle sobre eso y se pueda llegar a alguna idea o alguna conclusión. Obviamente en el contexto de una serie de ficción. No pretendemos ser demasiado elevados ni demasiado intelectuales -lo digo con total humildad-, sino generar que produzca una conversación. Esa sensación de fragilidad pospandemia nos marcaba que había un camino a recorrer. Coincidía con que a nosotros nos gustan los periodos de tiempo en donde nuestros personajes tienen un algo dramático grande, donde hay una transformación y un desarrollo personal que varía. En ese sentido asociamos 2019 con 1999 y los 20 años del fin de siglo, que trajo la idea de qué iba a pasar.

-Aquella idea de fin de siglo de que representaba el fin del mundo, también.

-Justamente, esa idea apocalíptica es un poco el perfume de parte de la serie, que transcurre en 1999. Ahí es donde aparecen Luciano (Cáceres) y Ludovico (Di Santo) como líderes de una comunidad autosustentable, con cierta visión ontológica sobre cómo va a ser el futuro, el futuro del ser y lejos de la ciudad, con un grupo de lo que hoy llamaríamos poliamor. En esos enredos, en esas situaciones, encontramos a un grupo de jóvenes a finales del siglo 20 y los volvemos a encontrar veinte años después en otras circunstancias, con otra mirada. Y aparece un personaje como el de Carla (Quevedo), a quien la vida pone a prueba, pensando que va a buscar una chica desaparecida española y termina descubriendo un poco cuál es el origen de su identidad.

-Comienza siendo una especie de aldea sustentable, un lugar donde pasar tiempos tranquilos, pero termina virando hacia otra cosa. Ahí aparece el concepto de secta o de cierto mesianismo, ¿no?

-Sí, porque en este mundo en apariencia idílico, con características de comunidad autosustentable, de lazos reales y no tóxicos (como estamos acostumbrados a escuchar ahora), aparece un crimen. Es importante entender que tanto en el pasado como en el presente hay crímenes. Hay una similitud, una huella y los protagonistas están cruzados por esas circunstancias. A partir de ahí el personaje de Carla, pensando que va en busca de algo, encuentra otra cosa. A personajes como el de Andrés Gil, que están ahí enclavados en la comunidad, se les replantea justamente cuestiones personales muy profundas que sienten que vivieron en una pantalla.

-Estamos atravesados por momentos de líderes un tanto extraños, con comportamientos sectarios. ¿Este concepto te atraía desde antes o surgió a partir de ver la realidad que nos circunda?

-Obviamente estamos influenciados por lo que leemos, por lo que vemos. Somos seres atravesados por lo cultural, por las informaciones y las noticias. Creo que a mayor conectividad, interpersonal y despersonalizada, está la idea de una figura todopoderosa que trasciende y borra esa frontera de lo digital… como que nos atraviesa. Hoy somos la suma de lo digital más lo real. La idea de lo mesiánico, en la que aparece alguien que puede trascender por encima de todo, me interesa como tema. En la ficción está puesto en términos humanos, desde el lugar más del villano, porque en definitiva la retórica lo puede plantear de esa manera. En términos razonables, siempre pondríamos a alguien mesiánico del lado de los malos.

-La serie también plantea que estos lugares idílicos o utópicos con los que todos soñamos en algún momento, pueden también ser un infierno.

-Nos gusta eso. Hay un importante trabajo de investigación detrás de esto. Que luego se traslada a la ficción, donde hay un juego de ver cómo enmascaramos una realidad, cómo la presentamos de cierta manera y cómo la vamos develando, sacándole esas capas para poder encontrar algo más. Es lo que le planteamos al público: cómo le vamos mediatizando, a través de capas y máscaras de los personajes, cosas que son de una manera y después de otra.

-¿El concepto de desarrollar a Frágiles como serie estuvo siempre o se fue dando con el desarrollo del proyecto?

-Nosotros nos sentimos cómodos haciendo series y especialmente policiales, dentro de StolyLab y trabajando con autores que se suman, aportan y nos ayudan a desarrollar mejor las historias que queremos contar. En este caso la historia es de ocho capítulos, con un principio y un final, en el que está la idea del círculo infinito donde se empieza y se vuelve al mismo lugar. En donde parece que nada pasó, pero en realidad pasó el tiempo. Los hechos parecen ser los mismos, con esa idea media borgeana que tenemos. Cuando hacemos ocho capítulos tenés un desarrollo más largo de lo que podría ser una película de una hora y media, ¿no? Existe un proceso de tiempo en el que sabés que la gente quizás vea dos capítulos, después lo deja para retomar. Entonces me parece que en ese sentido es atractivo hacer series.

-¿Qué proyección imaginás en las series argentinas?

Me gustaría que hubiese muchas más series de Argentina, en el país y en el mundo. Por suerte tenemos una industria en crecimiento, que cada vez presenta más opciones, con más voces. En un momento en el estamos todos trabajando para las plataformas, con sus matices y sus suertes diversas. Estamos en un momento de transformación de la industria del conocimiento y del entretenimiento. Ese cambio de aire pasa en la Argentina y también está pasando en Hollywood.

Julia Montesoro

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