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DIRECCION EJECUTIVA: JULIA MONTESORO

Marcelo Piñeyro, convocado por el ciclo Series de DAC: «Me dedicaría el resto de mi vida a escribir series»

El Centro de Extensión Profesional de DAC realiza durante agosto el ciclo Series, charlas a cargo de reconocidos cineastas, entre las cuales Marcelo Piñeyro abordó el tema La dirección de series para plataformas en forma virtual, frente a una audiencia conformada por becarios y estudiantes del sector.

Este año, Marcelo Piñeyro debió interrumpir el rodaje del thriller El reino, serie de ocho capítulos con guion de Claudia Piñeiro, protagonizada por Chino Darín, Nancy Duplaá, Joaquín Furriel, Peter Lanzani, Mercedes Morán y Diego Peretti, que cuenta la historia de un pastor candidato a vicepresidente de la República, cuyo compañero de fórmula es asesinado durante la campaña electoral. Es una serie de Netflix producida por K&S.

-La primera pregunta parece salida del manual: ¿cuáles son las diferencias más importantes entre filmar cine y filmar una serie?

Las diferencias más grandes las noto como guionista. Son estructuras distintas. Por un lado hay una estructura general, pero a la vez cada capítulo tiene una propia. Se trabaja con muchos más personajes, muchas más líneas narrativas. Como guionista siento que es un universo nuevo; como director, simplemente es más largo, más cansador (ríe). Decidí no dirigir todos los episodios: de ocho, dirigí cinco y los otros tres lo hizo Miguel Kohan, con quien nos conocemos mucho, ya que comenzó trabajando conmigo. A su vez, hago de showrunner, un rol que no existe en el cine, y que es más común en las series.

-¿Cómo es ser showrunner de tu propio proyecto?

El showrunner es quien toma las decisiones estéticas, narrativas. En este caso, tengo la enorme ventaja de que como los guiones los escribimos junto con Claudia Piñeiro, en el momento de cranear la serie –cuando era solo una idea- como sabía que también la iba a dirigir se iban armando en mi cabeza las ideas estéticas, las ideas narrativas, la identidad de la serie. El showrunner tiene mucho que ver con el director, ya que muchas decisiones pasan por sus manos, pero la diferencia es que no necesariamente dirige. Aunque este no es mi caso.

-¿Cómo fue volver a encontrarse con Claudia Piñeiro?

Aunque habíamos trabajado en Las viudas de los jueves, no lo hicimos como ahora, en la escritura del guion. En aquella película trabajamos con Marcelo Figueras sobre la novela de Claudia. Ahora, inicialmente nos convocaron para hacer una serie sobre Las viudas de los jueves. Yo dije que pasaba, que para eso ya estaba la peli. Y Claudia dijo que no quería volver a involucrarse en la novela, que allí ya había puesto lo que quería. Entonces se nos ocurrió este proyecto.

-En el encuentro con el grupo de aspirantes a cineastas que desarrolla DAC te encontraste con distintas inquietudes. ¿Qué preguntas te quedaron resonando en tu cabeza?  

En general, había mucha curiosidad por saber cómo es el trabajo con los actores. Y también mucho interés en el tema de la escritura del guion; las diferencias grandes que tiene con plantearse una estructura.

-¿Qué sentís vos, desde tu experiencia como realizador, como guionista, como hombre de cine, que podés aportar a alguien que viene con una mirada nueva?

Ni idea… (piensa). No me siento un gran hombre de cine, solo soy alguien que trata de hacer sus pelis, sus proyectos. Tampoco soy docente, no tengo ese tipo de acercamiento con gente que se quiere iniciar. A quien se quiere iniciar lo único que le puedo decir es que construya su proyecto. Uno es a partir de que tiene un proyecto que muere por hacer. Y en ese proyecto empieza a expresar su idea del cine, empieza a dejar de ser una idea abstracta para materializarse, para hacer su camino.

Del mundo de las plataformas no conozco nada: es lo primero que hago. Lo estoy descubriendo. Hasta aquí la experiencia no puede ser mejor. Salvo que se interrumpió por la pandemia, quedó en coitus interruptus. Pero no sé cuánto de transferible y de generalizable tiene la experiencia que estoy llevando adelante.

-Desde el momento en que tuviste la posibilidad de dar el salto del cine a las series, ¿qué series te interesó ver y qué elementos incorporaste de ellas?

Nunca había visto mucha televisión. Y sigo sin verla. Pienso en series viejas, de cuando era chico: Ruta 66, Los invasores, Los vengadores. Siempre lo sentí un mundo muy ajeno a mí. Hasta que vi The wire, hace ya 20 años. Sigo pensando que posiblemente sea la obra audiovisual que mejor expresa lo contemporáneo, con su realidad socioeconómica y también cultural. Sus cinco temporadas me parecieron impresionantes. Descubrí una forma narrativa totalmente distinta, con un alcance que solamente el formato de una serie podría tener. Me deslumbró, y a partir de ahí empecé a ver algunas. Tampoco soy un consumidor enfermo de series, como sí lo soy de películas, pero vi varias que me deslumbraron.

-¿Qué debe tener una serie para que te deslumbre?

Lo que más me atrae es el formato narrativo, mucho más amplio, que permite tener miradas de mayor scope sobre lo que estas contando. La construcción de los personajes es otra, tenés otros tiempos de relato, otros tiempos de ir construyendo el personaje. Cuando vi The wire pensé “la puta, cómo me gustaría hacer esto”. Pero nunca me lo planteé seriamente, porque tanto aquí como en España -que son las realidades en las que yo me muevo como director- la televisión que se hacía no tenía nada que ver con esto.

Hace muchos años me ofrecieron dirigir dos episodios para la tercera temporada de Six feet under ¡y me deslumbró! Pero tuve unas reuniones y me di cuenta de que hasta el utilero sabía más que yo. Pensé que para hacer una serie debía ser algo que surgiera de mí, que yo la craneara. Y ahora la oportunidad me vino a buscar. No estaba dentro de mi menú de posibilidades, pero me siento muy feliz de estar haciéndolo. Y disfruté como un chico la escritura. ¡Me dedicaría el resto de mi vida a escribir series!

-Hay un salto llamativo en tu actividad y es que desde Ismael, estrenada en 2013, tu nombre no está asociado al rol de director. ¿Qué faltó para volver a filmar?

Me metí en un proyecto que me llevo dos años y poco, hasta que decidí no hacerlo. También estuve desarrollando una serie para una productora inglesa sabiendo que no la iba a hacer. Pero iba a estar en la estructura de los guiones y quería investigar ese tema. Fue como un master rentado, porque aprendí muchísimo. Y también estaba por hacer otra película para España, en la que también participaba Netflix. Se lograron combinar las agendas y preferimos hacer primero la serie y después la película. Por otro lado, traté de tener tiempo para cosas que me gustan mucho, como leer o viajar. ¡No todo es trabajar en la vida! (Ríe).

-Tenés una obra de nueve películas, y prácticamente todas ellas fueron grandes sucesos de público. ¿Qué elementos en común hay en todas ellas?

No soy un analista de lo que hago. Debe haber una línea de puntos que las une con la clase de tipo que soy. Sin duda, no soy el mismo tipo que cuando hice Tango feroz. Pasaron 27 años. Cosas que me parecían esenciales hoy no me parecen, y cosas que ni sabía que estaban en el menú hoy me parecen esenciales. No soy crítico de cine. Ni sobre lo que hago ni sobre lo que hacen otros. ¡No me doy tanta importancia! No me preocupa tanto cómo veo lo que hago. Eso sí: me interesa y me encanta que alguien vea el cuento, lo escuche, lo toque. Yo me enamore del cine cuando vi películas que me iluminaron la vida, me la cambiaron. Mi fantasía es que a alguien le pase algo parecido. No es más que eso. No me veo en un lugar desde donde pensar que debo construir una Obra (con mayúsculas), o pertenecer a un canon. No me preocupa.

Lo que hago busca a un espectador y se comunica con él. Le hablo, trato de tener un ida y vuelta. Soy un convencido de que la experiencia artística no es una obra física: la experiencia es ese vínculo que se da entre la obra y el espectador. Lo otro es un grupo de latas.

Julia Montesoro

La entrevista completa con Marcelo Piñeyro se emitió en GPS audiovisual radio y se encuentra en este enlace.

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