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DIRECCION EJECUTIVA: JULIA MONTESORO

José Campusano estrena «Bajo mi piel morena»: «La película habla sobre la búsqueda desesperada del amor»

José Celestino Campusano estrena el jueves 25 de junio su nueva película, Bajo mi piel morena, que retrata la vida de tres mujeres trans del conurbano bonaerense que batallan diariamente contra los prejuicios y la hostilidad del mundo que las rodea mientras intentan ser fieles a sí mismas y a sus anhelos. La trama se afianza principalmente en la cotidianidad y no en la excepcionalidad de las protagonistas, y en las dificultades actuales que afectan a mujeres trans que han optado por distintos modos de subsistencia.

Bajo mi piel morena se presenta en Cine.ar TV a las 22 (con repetición el sábado 27 a la misma hora) y a partir del viernes 26, en Cine.ar Play durante siete días en forma gratuita.

José Celestino Campusano dialogó con GPS audiovisual sobre el estreno de Bajo mi piel morena. El diálogo completo se originó en GPS audiovisual radio y se puede escuchar aquí.

-La historia se interna en la vida de tres mujeres trans del conurbano bonaerense, y como suele ocurrir en tu cine, está inspirada en hechos y vivencias de personas de la vida real. ¿Qué te motivó a abordar la problemática trans y cuánto aportaron al guion las protagonistas de la película?

La motivación está en el momento cero de nuestra productora, Cinebruto, que consiste en ser inclusivo. La primera producción fue hace 30 años: Ferrocentauros, filmado en el Conurbano sur. Era sobre motociclistas, y después de esa película hubo una saga. Nos interesa integrar sectores sociales o personas que no están en otras películas. No recurrimos a actrices ni a actores famosos. En el caso puntual de Bajo mi piel morena, el 90 por ciento del contenido está aportado por Morena, o por las verdaderas Claudia y Mía.

Muchos parlamentos que están en la película provienen de ellas. De hecho, con Morena veníamos craneando esta película desde hace diez años.

-El conurbano bonaerense es un territorio conocido para vos. Lo reflejaste en muchas películas. ¿Qué cosas descubriste al abordarlo desde la problemática trans y travesti? ¿Cuánto influyó eso en tu concepción de la película y del tema?

Los tiempos previos del rodaje, los ensayos y la convivencia laboral fueron muy distintos de lo que era la década del 80. Por algún motivo, fue la década en que empezaron a emerger. Pero vinculadas, lamentablemente, a la discriminación. Sufrieron un bullying constante en medios de transporte y en sus barrios. En un porcentaje muy alto, como forma de subsistencia, se dedicaron a la prostitución. Tenían un promedio de vida muy bajo, de 35, 40 años, por los peligros de la calle y por las enfermedades infecciosas. Lo que descubrí es que eso cambió rotundamente. Las familias dejaron de ser tan expulsivas. Entienden lo que está sucediendo y les dan cobijo hasta una edad bastante avanzada a las chicas. En ese período tan crítico que va de los 11/12 hasta los 25 años, tienen la oportunidad de profesionalizarse: estudiar, buscar un oficio. Una de las chicas de la película, Marian, es profesora de inglés. Ema trabaja en teatro y además es una militante muy comprometida. Morena trabaja desde los 16 años en una fábrica.

– En tus películas las locaciones son un personaje más, con la necesidad de realzar la cotidianidad de estas mujeres.

¡Absolutamente! Ni las personas que están delante de cámaras ni las locaciones quedan a cargo de otro que no sea yo. No podría dejarlo librado a un asistente. Para la película hicimos un sondeo de un mes, desde Dock Sud a Sarandí, hasta que aparecieron las locaciones adecuadas. Tiene que haber allí algo que impregne la historia. Además, una vez que está la locación trato de intervenirla lo menos posible.  

-¿Cómo se trabajaron las escenas de sexo explícito?

Todo el mundo supone o asegura que en mis películas hay sexo copulativo. ¡Nunca en una película mía hubo sexo real! Creo que se logra ese efecto por los detalles. Las escenas deben tener mínimos datos para que evolucione por sí misma. Todo lo que se ve allí fue consensuado. Y no tuvimos complicaciones.

Tengo para hacer una película, La reina desnuda, sobre la vida de una amiga muy sexual, muy intensa, que de hecho ha quebrado la voluntad de varios hombres a partir de su intensidad. Ha aportado cosas que ni la familia sabe. Y todo eso está en el guion. La película habla de la sexualidad de una mujer. Yo voy a seguir haciendo este tipo de cine.

-¿Desde dónde surge la necesidad de correr los límites, de hacer un cine que no se encuentra en otro ámbito?

El cine que estamos proponiendo está pensado para la comunidad. Nunca estamos del lado de la conveniencia, ni de los premios o del reconocimiento del Hemisferio Norte. Como realizador no puedo hacer menos que devolver ese compromiso de quienes han abierto su pasado y su presente para que haya un testimonio incondicional de cómo es la vida en estos entornos.  

Yo soy lo más políticamente incorrecto que existe. Nadie tiene autoridad para decirnos a las actrices o a mí cómo se debe hacer mi trabajo. A veces escucho (desde alguna crítica cinematográfica, programación de festivales o en la gestión por el otorgamiento de fondos) que se pretende imponer o anteponer criterios pretendidamente correctos. No sé qué es eso y no tengo tiempo de vida para aprenderlo.

-Una película que visibiliza perspectivas de género también puede contribuir a derribar prejuicios.

En el inconciente colectivo, el audiovisual tiene un peso enorme. El riesgo es que se tergiversan las historias -y el futuro de los pueblos- en base a la conveniencia de una èlite. Pero en el entramado social, no creo que haya una variante artística que tenga tanto peso.

Si no, fijate en el caso del crimen racial en Estados Unidos: si no hubiera existido una cámara a un metro a plena luz del día, con el peso que tiene el plano de una persona asesinando a otra a cámaras, no hubiera existido ni el 20 por ciento de las reacciones que hay en todo el mundo. Los que hacemos audiovisuales tenemos una responsabilidad enorme. Las películas tienen un nivel de contundencia imbatible, y hay que hacerse cargo. Filmar por filmar no es mi cometido: soy respetuoso del vínculo que se genera con el espectador. Hago películas para gente que todavía no nació. Está todo bien con el divertimento, con el porno o con el cine de violencia. Pero cuando yo enciendo una cámara es por algo: es para dejar un legado.

-¿Qué percibiste sobre la película cuando se exhibió?

Se presentó en el último Festival de Mar del Plata. Es interesantísimo cómo la recibió el público: a sala llena y con gente en los pasillos. Y además pasó algo muy extraño: cuando se invitó a la concurrencia a una charla posterior, se quedó el 95 por ciento de la gente.

Aunque el cine que intento hacer es muy crítico con las instituciones, muy intenso y muy extremo, en esta película se habla de la búsqueda del amor de principio a fin. De la búsqueda denodada y desesperada del amor. Y eso se pudo transmitir.

Julia Montesoro

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