María E. Sueiro estrena «El tío»: «El movimiento feminista es absolutamente necesario»

El jueves 7 se estrena El tío, comedia dramática de María Eugenia Sueiro protagonizada por César Bordón, Vanesa Maja, Roberto Vallejos, Isidoro Tolcachir y los niños Dulce Wagner y Valentino Barone.

Para Sueiro, directora de arte de realizadores como Walter Salles (Diarios de motocicleta), Daniel Burman (El abrazo partido), Lucrecia Martel (La mujer sin cabeza) o Cohn-Duprat (El ciudadano ilustre), es su segunda película después de siete años: en 2012 estrenó Nosotras sin mamá.

El guión, también escrito por la realizadora, plantea cómo un hombre debe reconstruir su relación familiar a partir de la muerte de su hermano, dedicándole su tiempo libre a sus sobrinos y a su cuñada, procurando completar el vacío de esa ausencia.

María Eugenia Sueiro dialogó con GPS audiovisual.

-¿Qué te impulsó a volver a dirigir después de siete años?

Cuando estrené Nosotras sin mamá tenía una hija de dos años y medio y un bebé de dos o tres meses. Los primeros años tuvieron que ver con estar con ellos: tenía muchas ganas y necesidad de hacerlo. Pero en algún momento me empecé a hacer la pregunta de si quería pasar otra vez por la misma situación. Hay una parte placentera y bellísima de dirigir. Y hay otra, en relación a dirigir y producir, que tiene que ver con poner de garantía tu casa, conseguir financiamiento, la burocracia del trámite en el INCAA. Durante un par de años me pregunté si estaba dispuesta a hacerlo otra vez. Cuando decidí que sí, empecé a hacer las gestiones.

-¿En qué momento surgió la idea de El tío y cuál fue el motivo que la disparó?

Surgió cuando terminaba la posprodución de Nosotras sin mamá. Estaba embarazada de mi segundo hijo y me empecé a plantear un punto muy fuerte de la maternidad: qué tanto estás dispuesto a entregar. Fue el puntapié inicial: a partir de allí me empecé a preguntar cuánto podemos dar, incluso si ni siquiera queremos ser padres, aunque no era mi caso. O si de pronto nos encontramos en la obligación de cuidar a otros y te planteás al menos la duda o la pregunta de si podés hacerlo por otro. Entonces empecé a pensar en una figura por fuera de la maternidad o la paternidad; por ejemplo, un tío. Una persona cercana y a la vez obligada a cumplir ese rol.

-¿Cómo fue el tránsito entre el proyecto y la concreción de la idea?

Entre el embarazo hasta el momento del rodaje fueron más de seis años de escritura. El tiempo de gestión real (buscar un productor, trabajar los expedientes en el INCAA, buscar foros de coproducción) fue de tres años.

-¿En cuánto te parecés a lo que escribís?

Hay algo en relación a la ingenuidad, en la manera de relacionarse de los personajes. Tal vez en particular lo puedo focalizar en la relación entre Dalmiro (César Bordón, el protagonista) y de Adolfo (Isidoro Tolcachir, un cliente), con la que me siento espejada. Esa ingenuidad que por momentos me parece una tontera de mi parte, y a la vez me salva del mundo.

-¿Cómo incide e interactúa tu rol de directora de arte en el momento de asumir el lugar de directora?

Es un rol natural. Me fascina y lo siento muy amalgamado. Tiene que ver con una mirada, un mundo estético que construyo en mi cabeza desde que voy escribiendo. Surge así, y después es muy simple. Trato de simplificarlo logísticamente, porque si no, no podría cumplir los dos roles. Por otro lado, interactuar con un equipo con el que trabajo desde hace mucho también simplifica.

El tío es una película sobre gente común, sin veleidades ni artificios. Sus protagonistas adultos tienen las mismas preocupaciones y angustias, las mismas costumbres sencillas. ¿Qué te decidió a hablar sobre ellos? ¿Se puede definir como una comedia dramática costumbrista?

Sí, se puede definir así, absolutamente. Me encantan los personajes comunes y sencillos. Me gusta detenerme a mirarlos y darles un tiempo. Todos tenemos tesoros y somos multifacéticos,  aunque a veces no nos da el tiempo para expresarnos, para conocer a alguien. La película habla sobre el tiempo de entrega. Dalmiro puede darle tiempo a sus sobrinos en este momento de su vida y se lo da. Me parece fascinante esa posibilidad. De hecho, él encuentra y entiende que para Ema (Dulce Wagner, una de sus dos sobrinos), un viaje a Disney es lo mismo que la nada: lo que necesita es compañía. A partir de regalarle un pingüino, ella se engancha con el juguete y entiende que el viaje puede ser hacia otro lado. Todo esto lo digo para hablar de que a veces lo que todos necesitamos para brillar es que nos den un rato de tiempo, nos cuiden y estén con nosotros. Desde ese lugar cualquier persona, por sencilla que sea, puede ser valiosa o al menos interesante para ser observada y sobre la cual se puede contar una historia.

-¿De qué manera elegiste contar el vínculo entre el tío y su cuñada, entre quienes parece existir una tensión no dicha de un encuentro amoroso? ¿O es el deseo frustrado del tío, que vive a la sombra de un ausente?

Son las dos cosas, pero está expuesta la posibilidad del encuentro amoroso. Me interesaba plantear qué pasa entre ellos dos a partir de un ausente. Para Dalmiro, a partir de que no está Eliseo (su hermano muerto), Maki (Vanesa Maja) puede más que nunca no ser su cuñada y ser una mujer. O por el contrario, se vuelve más obligadamente su cuñada y se convierte en un símbolo. Al no estar Eliseo de por medio, al menos se les da la posibilidad de mirarse desde otro lugar, como hombre y como mujer, y tener otra cercanía. En esa cercanía que le pide Maki, al menos se juega una tensión de ver hasta dónde llegan. Más allá de lo que le pase a cada uno de ellos, la energía y la tensión de Dalmiro va a concentrarse con sus sobrinos.

Esa situación juega como parte de un momento de un duelo. Hay algo en relación al duelo, a la muerte (que también tiene que ver con mi película anterior) que es un “momento paréntesis” –o como dice una amiga mía, un “momento aeropuerto”- que me interesa investigar. Es como si los roles se corrieran momentáneamente de su orden natural, de su rutina cotidiana.

-¿Tuviste limitaciones o complicaciones  por el hecho de ser mujer y directora?

No. No obstante, es absolutamente necesario el movimiento feminista y la acción de mujeres que hay en este momento. Hay que reflexionar sobre el hecho de las diferencias de roles, de jerarquías, de pagos de salarios entre hombres y mujeres. Y extendiéndome un poco más, también me preguntaría por qué en general una clase media blanca elige y esa posibilidad no está extendida al resto de las clases sociales. Pasada la dicotomía feminismo/machismo, posiblemente también uno forme parte de un lugar desde donde ejerce su poder sobre otras clases sociales. Bienvenida la mirada a reflexionar sobre las cosas que nos diferencian de los otros. De la misma manera que socialmente tenemos que dejar de mirar si el otro tiene que tener más poder por ser varón, también tendríamos que intentar ir a una sociedad que dé oportunidades por el talento de cada uno y no por cuestiones de género o de clases sociales.

Norberto Chab

gpsaudio

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